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miércoles, 13 de enero de 2010

LA ESPAÑA HERIDA DE MINGOTE







  Según cuenta el diario AVUI en un artículo que titula "Toros y terroristas" publicado el día 11, el periódico ABC aplaudía las últimas detenciones de etarras en Francia y Portugal en un editorial que llevaba por título "Todo el peso de la ley".

  No tengo nada que objetar sobre lo que en dicho artículo se dice, si no fuera por la ilustración que lo acompañaba, y que es la viñeta de Mingote.

  Como bien dice Sebastiá Alzamora, el toro representa a España, y las banderillas a esas tres comunidades autónomas que tanto incomodan.

  Puedo, haciendo un gran esfuerzo de estupidez intelectual, aceptar la presencia de la ikurriña en el dibujo del señor Mingote, ya que de terrorismo habla el texto que ilustra, pero: ¿qué pintan la Senyera, y la Bandera Gallega? Ya han pasado 15 años de la desaparición de Terra Lliure y el Exército Guerrilheiro do Pobo Galego Ceibe dejó de existir hace 20.

  Haciendo uso de nuevo de un razonamiento bastante retorcido, puedo pensar que la bandera de Cataluña ondea en forma de banderilla en la cruz del toro (España), porque es en esta comunidad en donde se centra actualmente un debate bastante molesto para el nacionalismo español, y que es ni más ni menos que la abolición de las corridas de toros en ese territorio. No lo puedo entender de otra manera, ya que me cuesta relacionar el terrorismo con los partidos nacionalistas catalanes y gallegos. Puedo pensar, hilando muy fino, que el señor Mingote se puede estar refiriendo también a la reciente aparición de una iniciativa promovida por la organización Galicia Mellor Sen Touradas, que pretende que los municipios gallegos se declaren contrarios a las corridas de toros.

  Tan sólo me queda agradecer al señor Mingote que represente en forma de banderillas aquello que para él resulta tan molesto y sangrante para España (el toro), señal de que reconoce que los arpones que se clavan durante la lidia, en número de seis y no de tres, resultan algo doloroso e incómodo para el animal.

jueves, 3 de diciembre de 2009

A PROPÓSITO DE LAS TRADICIONES: CÓMO NACE UN PARADIGMA

He decidido copiar un texto que me ha dejado un lector en una de las entradas de mi blog. Me parece magnífico, y muy adecuado para ser leído por todos aquellos que defienden las tradiciones en base a éso, a que son tradiciones...

Cómo nace un paradigma.

Cómo nace un paradigma


Un grupo de científicos encerró cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un racimo de plátanos. Cuando un mono subía la escalera para coger los plátanos, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo.

Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo golpeaban.

Pasado algún tiempo más, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas.
Entonces, sustituyeron uno de los monos. Lo primero que hizo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le propinaron tremenda paliza.
Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera, aunque nunca supo el por qué de tal vapuleo.

Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho, lo volvieron a golpear. El cuarto y, finalmente, el quinto de los veteranos fueron sustituidos.

Quedó, entonces, un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a los plátanos.

Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a quien intentaba subir la escalera, con certeza la respuesta sería: “No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así.” ¡¿Te suena este “razonamiento”?!

No pierdas la oportunidad de pasar esta historia a tus amigos, para que, de una o de otra forma, se pregunten por qué seguimos “golpeando” y, por qué estamos haciendo las cosas de una manera, si tal vez las podemos hacer de otra.

Solo hay dos cosas infinitas en el mundo: el universo y la estupidez Humana. Albert Einstein