viernes, 2 de noviembre de 2007

PARÁSITOS INTERNOS-TOXACARAS


TEMAS DE ACTUALIDAD: PARÁSITOS INTERNOS-TOXACARAS

Me he decidido a escribir sobre éste tema, por la amplia difusión que está teniendo en las revistas científicas, que todos los veterinarios leemos con frecuencia. ¿Ha cambiado algo últimamente? ¿Será fruto de la gran cantidad de productos existentes en el mercado que los laboratorios deben vender? ¿Será cierto que su incidencia, al parecer, cada día más alta, ha hecho que se enciendan las luces de alarma? Sin querer asustar a nadie, lo que me he propuesto es que vosotros, lectores de esta magnífica revista, seáis conscientes de que la salud de vuestras mascotas en cuanto a estos parásitos es sumamente importante para ellos, para vosotros y para los que les rodean, tanto perros como humanos.
Uno de los aspectos más importantes en cualquier planteamiento de medicina preventiva veterinaria es la adecuada desparasitación de los animales tanto por su propio estado sanitario, como por el riesgo zoonotico que entrañan en muchas ocasiones.
Entiendo que vuestros veterinarios os orientan y os aconsejan sobre los productos y la frecuencia con que debéis desparasitar a vuestros perros, pero : ¿sabéis en que consiste esta prevención y por qué se os recomienda? En nuestra clínica tenemos por costumbre informar a nuestros clientes, mediante una carta, de los momentos en que es necesaria la revacunación, y desde hace tiempo, también les avisamos cuando es necesaria la desparasitación. Esto último lo hacemos a través de un sms a su móvil o bien aprovechando alguna visita circunstancial. El problema es que, en muchas ocasiones, adquirís el producto antiparasitario en otro sitio y a veces ni tan siquiera os acordáis de cuando lo distéis y del nombre del medicamento. Tal problema no existiría si todos los productos cubrieran todo el espectro de los parásitos, y las dosis a utilizar, independientemente del peso del perro, fueran igual para todos. Evidentemente “cada maestrillo tiene su librillo”, cómo cada veterinario tiene el suyo, pero esto no es suficiente. El peso del perro varía frecuentemente, lo que implica que la dosis de antiparasitario a suministrar también lo hace. ¿Lo sabíais? Se dan casos, muy frecuentemente, de perros en fase de crecimiento que son desparasitados con la misma dosis cuando tienen tres meses, que cuando tienen seis o han cumplido los nueve. El problema de esto, es que es cómo si no los hubierais desparasitado. En otras ocasiones, ya con el perro en edad adulta, se producen ganancias de peso que implican un cambio en las posologías de éstos medicamentos que no siempre son llevadas a cabo. Menos importancia tendrá la pérdida de peso, salvo que esta sea muy acusada, más que nada por evitar posibles sobredosificaciones, con los efectos secundarios indeseables que se pudieran presentar. Afortunadamente, todos los fármacos que utilizamos tienen un margen de seguridad muy amplio. ¿Cuántos de vosotros sabéis con exactitud cuando pesa vuestro perro? Sería interesante aprovechar las visitas al veterinario para el control del peso, si es que vuestra clínica habitual está equipada con una báscula adecuada. Todas estas situaciones anómalas implican un riesgo para la salud del perro y en muchas ocasiones para vosotros, propietarios, ya que muchos de los parásitos pueden atentar contra vuestra salud.
Observo con cierto asombro, que prestáis más atención a las vacunaciones y revacunaciones de vuestros perros que a sus desparasitaciones. Lo del verbo “asombrar”, no es peyorativo, no, ya que me parece estupendo que cumpláis a rajatabla el programa vacunal. Lo digo porque esto me hace suponer que os preocupa más la salud de vuestro perro que la vuestra propia. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que de todas las enfermedades de las que vacunamos y revacunamos a vuestros perros, tan sólo la leptospirosis os puede afectar. Obviaré la rabia, ya que esta enfermedad está erradicada de España, desde principios de los años setenta.
No os confundáis ya que la revacunación contra esta zoonosis (enfermedad contagiosa al hombre) ha sido la culpable de dicha erradicación. Sigamos pues vacunando a nuestros perros para que las cosas se mantengan como están. Lo mismo que he comentado es aplicable al moquillo, la hepatitis y la parvovirosis, enfermedades que cada día vemos con menos frecuencia, gracias a vuestra y nuestra preocupación por cumplir a rajatabla los programas vacunales. Ya habrá momento de hablar de las últimas tendencias en inmunología que dicen qué, quizás, ese exceso de vacunas y por tanto de vacunaciones, provocan a la larga en nuestros perros, un problema de inmunosupresión, es decir de bajada de defensas. Dejo el tema en el “alero” para próximos artículos.
Centrándonos en el tema de los parásitos, os diré, cómo todos sabéis, que la pauta normal de desparasitaciones es cada tres meses, es decir que soléis desparasitar a vuestros perros cuatro veces al año. Normalmente, durante la fase de crecimiento más importante, es decir entre los 30 días y los seis meses, estas despasitaciones se hacen con mucha más frecuencia. En nuestra clínica recomendamos que se hagan por lo menos una vez al mes. El problema estriba normalmente en la elección del producto. Aquí volvemos al eslogan o frase hecha de que “cada maestrillo tiene su librillo”. Digo esto porque en veinticinco años que llevo trabajando como clínico he cambiado de productos un montón de veces. Es lógico, ya que los laboratorios trabajan, y muy bien, para hacernos llegar productos cada vez más eficaces. Lo que me asombra aún, es que pese a esta evolución en el campo de la farmacología, me encuentro casos de perros que aún se desparasitan con productos de hace veinticinco años. Es cierto que algunos de ellos siguen siendo muy útiles, sin duda, pero algunos que en su momento dejaron de serlo, aún siguen siendo utilizados. Entiendo que no es culpa vuestra, que evidentemente le dais a vuestro perro lo que el veterinario os prescribe con toda su buena fe. Lo cierto es que la experiencia es un grado, y los que en su dilatada carrera han probado un sin fin de ellos sabemos de lo que estoy hablando. Los libros y actualizaciones científicas están también ahí para ser leídos. Además, el fenómeno de las resistencias frente a antiparasitarios no es un hecho nuevo, sobre todo en ganadería. La fabricación y empleo descontrolado de antihelmínticos en décadas pasadas ha provocado el desarrollo de cepas de parásitos resistentes. La resistencia a estos productos no se ha constatado en la clínica de pequeños animales de forma concluyente, pero no es descabellado pensar que, al igual que ha sucedido con los antibióticos por el uso indiscriminado, la situación podría darse también con estos fármacos.
Los parásitos intestinales son por lo tanto un asunto muy importante en la clínica diaria y es sumamente importante su prevención y tratamiento en vuestros perros.
A mi, en principio, el parásito que más me preocupa y del que con demasiada frecuencia nos olvidamos son los toxacara spp. Digo que nos olvidamos con frecuencia, porque nos preocupa mucho su existencia en las cachorros, ya que son capaces de provocar diarreas, vómitos, deshidratación, alteraciones del crecimiento, obstrucciones intestinales, e incluso la muerte cuando la infestación es grande. La cuestión es que dejan de preocuparnos cuando el perro alcanza determinada edad (normalmente los seis meses) ya que a partir de ese momento no suelen darnos grandes quebraderos de cabeza.
He revisado una entrevista publicada hace unos meses en una revista veterinaria en que una profesora de la facultad de Madrid decía lo siguiente:
“La prevalencia de Toxacara en Europa se cifra en 4-20% y España no es una excepción, por lo que considero muy importante la implantación de unos protocolos adecuados de desparasitación”. “El papel en la información y educación del propietario es primordial, ya que hablamos de parasitosis que en ocasiones pueden generar graves enfermedades en el ser humano”
Según cuenta esta conocida veterinaria, “los casos en personas adultas no son muy frecuentes, aunque siempre hay que tener en cuenta que se produce una subdeclaración de esta parasitosis, pues a veces cursa de forma subclínica o con síntomas inespecíficos”. “Lo más importante es la población infantil, que por sus hábitos (geofagia, pica, no se lavan las manos etc) y por frecuentar areneros de los parques públicos son más proclives a contraer las parasitosis”.
Los datos que se aportan por los últimos estudios son de una prevalencia del 7.8% en perreras durante el año 2004. La contaminación de arena de los parques públicos de la Comunidad de Madrid realizado durante el año 2006, indica que en un 20% de los análisis se detecto la presencia de estos parásitos. En un determinado distrito de Madrid la contaminación ascendió al 60%.
Lo cierto es que dado el amplio arsenal terapéutico con el que contamos para combatir este parásito, las cifras deben llegarnos a pensar, si realmente los veterinarios lo estamos haciendo mal. ¿Pero en que lo estamos haciendo mal? Pues los estudios revelan que las pautas son inacuadas y los productos a veces también. Debe quedar claro que debemos utilizar productos que sean adulticidas (es decir que maten al parásito en su última fase) y larvicidas. Este punto es sumamente importante, ya que muchos de los productos que se usan no matan más que los adultos. Si dejamos los huevos o larvas en el aparato digestivo de vuestros perros, cada vez que el parásito completa su ciclo, volveremos a tener toxocaras adultos y lo que es más grave, el suelo se contaminará con larvas potencialmente infecciosas. Actualmente se está empezando a recomendar una desparasitación mensual con el producto adecuado.
Yo iría más lejos: el veterinario, además de prescribir o suministrar el producto, debería explicar e informar de cómo prevenir de forma efectiva la enfermedad. Ni que decir tiene que dentro de estas medidas están la recogida de heces por parte del dueño del perro, y el evitar que éste se mueva en zonas acotadas para el juego de niños. Así de claro y conciso. Evidentemente, en manos de las autoridades quedará que dichas zonas estén o no acotadas, y en las vuestras respetarlas.
En otro orden de cosas, creo que las campañas de vacunación oficial no ayudan mucho a la solución de éste problema. En dichas campañas, en Madrid por lo menos, que es donde yo ejerzo mi profesión, además de la identificación y la vacuna de rabia, se le da al propietario el antiparasitario interno para todo el año, según el peso de su perro. El problema es que estas pastillas, por su composición, no tienen ninguna acción sobre los parásitos redondos, dentro de los que se encuentran los toxacara., y además nadie informa al propietario de ello. Conclusión, él que acude con su perro a las campañas oficiales de vacunación y de identificación cree que con las pastillas que le dan, tiene a su perro libre de parásitos todo el año. Es aquí donde la labor de educación sanitaria de los clínicos entra en juego. Aprovechando las visitas que hacéis a la clínica para otras vacunas u otros asuntos, debemos informaros de estas cuestiones, que evidentemente vosotros no tenéis por qué conocer.
De los asacaridos o toxocaras está casi todo contado, aunque no siempre se ha hecho adecuadamente.. El perro puede contagiarse por el toxascaris leonina y el toxacara canis. Los parásitos adultos viven en el intestino delgado del perro. Las hembras adultas de los ascáridos ponen huevos en la luz intestinal, que salen con las heces de los animales parasitados. Los huevos adquieren la capacidad infectante en el medio ambiente cuando se desarrolla la larva que llevan en su interior, aproximadamente en 3-7 días para el T. Leonina y 3-4 semanas para el T. Canis. En este tiempo en que los huevos están en el medio ambiente, algunos pequeños roedores pueden ingerir huevos infectantes quedando libres las larvas que se enquistan en los tejidos y se denominan “hospedadores de transporte”. Los perros ingieren los huevos infectados que están en el suelo o los roedores (predación). Tras la ingestión de los huevos del parásito, las larvas salen de él dentro del intestino quedando liberadas; a partir de aquí pasan a circulación general y migran por todo el organismo. En los animales jóvenes (infestación primaria), y través de la linfa y la sangre, llegan al pulmón, en donde el parásito cumple parte de su periodo larvario pasando después al esófago y de ahí al intestino para convertirse en adulto.
Las larvas de T. Canis pueden pasar a los fetos a través de la circulación de la placenta y los cachorros nacen infectados. Así mismo, pasan en concentraciones importantes a través de la leche. Este tipo de infestación se produce porque muchas larvas quedan atrapadas en los músculos de las hembras caninas en forma de quistes. Si estas hembras entran en gestación, las hormonas que se descargan durante este periodo, activarán los quistes, liberándose las larvas que migrarán a través de la placenta a los hígados de los fetos. Desde aquí, una vez que se produce el nacimiento, irán del hígado a los pulmones, y de ahí al intestino, en donde se desarrollarán los parásitos adultos. Es por esto sumamente importante proceder a la desparasitación de las hembras gestantes a partir del día 40 de gestación y 10 días después del parto, lo que ayudara a reducir considerablemente la carga de parásitos del cachorro, si es que la madre estaba infectada.
Los cachorros de perro pueden morir, cuando las infestaciones por estos parásitos son demasiado importantes. Los síntomas típicos son tos, flujo nasal, abdomen duro y caído (cachorros “panzones”), pelo pobre y retraso en el crecimiento. Los cachorros pueden presentar anemia y adelgazamiento y diarrea mucosa y sanguinolenta. En ocasiones los parásitos ingresan en el estómago, en cuyo caso pueden ser vomitados. Esto último suele ocurrir cuando la cantidad de Toxacaras es muy alta, y también pueden provocar obstrucción del intestino y del conducto biliar.
Los perros adultos muestran síntomas muy raramente y en caso de existir inmunización las larvas morirán al atravesar la pared intestinal, pero no debemos olvidar, y eso es lo importante que pueden eliminar huevos al medio ambiente, a partir de los cuales se producirá la infestación de otros perros y en determinadas circunstancias de las personas, provocando lo que se conoce por larva migrans visceral y larva ocular.
Hasta aquí mi exposición en lo que afecta a nuestros perros, pero me voy a permitir la licencia de contaros algunas cosas sobre como pueden afectar a la especie humana.
El problema se puede presentar cuando accidentalmente, las personas, en particular los niños ingieren los huevos del parasito. Pese a que generalmente su presencia no ocasiona signos clínicos evidentes, el parásito puede causar enfermedades graves que dependerán de donde se aloje la larva en el cuerpo humano. Pueden dañar el hígado, pulmones o cerebro (Síndrome de Larva Migrans Visceral), y el ojo (Síndrome de Larva Migrans Ocular). Esto sucede porque el Toxacara en nuestro organismo hace un recorrido anómalo. Si las larvas llegan al hígado, el niño podrá manifestar dolor de estómago, intolerancia a los alimentos, nauseas y fiebre. Si llegan a los pulmones podrá haber tos y gran dolor en el torax, y si se alojan en el ojo, puede producirse pérdida de visión o ver doble o borroso. Otra posibilidad es que se alojen en el cerebro, pudiendo provocar encefalitis, epilepsia y alteraciones vasculares en cerebro y cerebelo.
Lo cierto es que afortunadamente estas infecciones no suelen ser graves, pero dado el gran número de larvas de Toxacara que se están encontrando en los parques, la desparasitación regular de vuestros perros, cobra en este momento más que nunca, especial atención e importancia.
La solución es sencilla, ya que todo esto puede ser evitado tomando las medidas higiénicas adecuadas especialmente en los lugares públicos y asumiendo una actitud responsable en el cuidado de vuestras mascotas. Debéis saber que un gramo de excementos de un perro infectado puede contener 10000 huevos de Toxacara, mientras que una hembra canina puede lanzar al ambiente hasta 200000 huevos diarios. Una vez que estos, se convierten en infectantes (desarrollan la larva en su interior) pueden sobrevivir 10 años en el medio ambiente. Además en un estudio que se hizo en Inglaterra e Irlanda, recolectando pelo de 60 perros, se determinó la presencia del parásito en el 25% de ellos.
No os recomiendo ningún producto en particular, ya que entiendo que vuestros veterinarios tienen los suficientes conocimientos para suministrar a vuestros perros el más adecuado, pero dejo abierta la puerta a dos cuestiones que creo que son sumamente importantes. En primer lugar, entiendo que los periodos entre desparasitaciones deben hacerse más cortos, y en segundo lugar, ya que las autoridades sanitarias no realizan campañas de información sobre algo tan importante, deberemos ser los veterinarios clínicos, los encargados de hacérosla llegar.
Artículo publicado en el Mundo del Perro.
José Enrique Zaldívar.
Clínica Veterinaria Colores.
Paseo de Santa María de la Cabeza 68 A.
28045-Madrid.

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