Mostrando entradas con la etiqueta Conferencia de José Enrique Zaldívar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Conferencia de José Enrique Zaldívar. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de marzo de 2010

COMPARECENCIA EN EL PARLAMENTO CATALÁN





Gracias señora presidenta, señores diputados, organizaciones y público asistente.

El título de mi comparecencia es:

El sufrimiento del toro en la lidia: Lesiones anatómicas, alteraciones metabólicas y neuroendocrinas
(Reducido)


Los argumentos taurinos para defender la fiesta se vieron incrementados en el año 2007 gracias a la aparición de una hipótesis en la que se cuestionaba el sufrimiento del toro durante la lidia. El estudio fue realizado por veterinarios de la facultad de veterinaria de Madrid, y tuvo y tiene amplio eco entre los defensores de la tauromaquia.

Lo que les voy a plantear hoy, en ésta mi comparecencia, son una serie de datos objetivos que aparecen en numerosos trabajos, muchos de ellos llevados a cabo por veterinarios de plazas de toros y publicados en libros y revistas científicas.

Una vez escuchada mi exposición, deberán ser ustedes los que decidan si el toro bravo es un animal adaptado para la lidia, que ha nacido para morir en un ruedo, y lo que es más importante, si dicho espectáculo supone maltrato, dolor y sufrimiento para el animal, y que por tanto sería susceptible de ser prohibido en la Comunidad Autónoma de la que ustedes son diputados, a través de la modificación del artículo 6º de su Ley de Protección Animal.

La lidia consta de una serie de tercios en los que el toro es picado, banderilleado, y herido de muerte con el estoque, siendo posteriormente descabellado y apuntillado.

La puya es un arma metálica cortante y punzante que consta de 6 cm de cuerda encolada y 2.5 cm de púa piramidal tan afilada en cada una de sus aristas como la hoja de un bisturí. Va provista de un tope cilíndrico que debería impedir que entrara en el cuerpo del animal más de esos 8.5 cm.

Son muchos los estudios anatomopatológicos que se han desarrollado sobre cadáveres de toros lidiados para determinar las lesiones que provocan.

Los cánones taurinos marcan como lugar "ideal" para la realización de esta suerte, la zona anatómica conocida como morrillo, que se sitúa en el cuello entre la 4ª y 6ª vértebra cervical, lugar donde asienta una gran masa muscular responsable junto a determinados ligamentos de los movimientos de extensión de la cabeza. Como podrán ver y saber a continuación esto casi nunca es así.

En todos, absolutamente todos los estudios consultados al respecto, se reconoce que los puyazos suponen, entre otras cosas, un gran daño neurológico para el toro.

En más del 70% de los toros estudiados, se ha determinado que las puyas son clavadas en zonas muy posteriores a la indicada como "ideal". Las lesiones descritas afectan a más de 20 músculos, sin contar los intercostales y costales. Todas estas estructuras son necesarias para la movilidad del tercio anterior de animal, los movimientos del cuello, y de la cabeza, y para la función respiratoria. Pero no son sólo los músculos, tendones y ligamentos los que son seccionados, sino también importantes venas, arterias, y nervios

Los resultados indican que la profundidad media de los puyazos es de 20 cm, habiéndose encontrado trayectorias de hasta 30 cm. Se sabe que una sola vara puede abrir hasta 7,4 trayectorias diferentes.

Se reconoce que las puyas provocan fracturas de apófisis espinosas y transversas de vértebras, fracturas de costillas, y de sus cartílagos de prolongación, y que pueden perforar la pleura y el pulmón, dando lugar a neumotorax. Del mismo modo son inevitables las lesiones de la médula espinal, las hemorragias en el canal medular, y la lesión de nervios tan importantes como el plexo braquial (que se ocupa de la inervación de las extremidades anteriores), y de las ramas dorsales de los nervios espinales que se encuentran paralelos a la médula.

Las pérdidas de sangre que sufre un toro en la suerte de varas son algo contradictorias, oscilando entre el 8 y el 18% de su volumen sanguíneo. Un toro de 550 kilos perdería entre 3 y 7 litros de sangre tras los puyazos.

Las banderillas, que se clavan en número de seis, llevan en su extremo un arpón de acero cortante y punzante, que en su parte visible será de una longitud de 4-6 cm. Desgarran muchas de las estructuras anatómicas lesionadas con anterioridad por las puyas, y producen lesiones en unos 10 cm alrededor de donde han sido insertadas, aumentando la pérdida de sangre en el animal.

El estoque, una espada curvada de 80 cm de largo, debería lesionar o secciónar los grandes vasos que asientan en la cavidad torácica, es decir, la vena cava caudal y la arteria aorta posterior.

Lo que sucede con más frecuencia es que el estoque lesiona cordones nerviosos laterales a la médula, lo que provoca la desconexión de todo el aparato motor de la caja torácica, lo que añadido a la gran lesión del pulmón derecho, da lugar a una dramática dificultad respiratoria. La sangre pasa del pulmón a los bronquios, de allí llega a la traquea, y sale al exterior por la boca y la nariz.

En otras ocasiones se atraviesa el diafragma, lo que va a producir una parálisis por lesión del nervio frénico; la lesión del nervio frénico puede determinar compromiso de la función diafragmática con insuficiencia respiratoria.

Se dan casos en que las estocadas son tan traseras que pueden llegar a penetrar en el hígado y la panza.

En otras ocasiones veremos unos pequeños hilos de sangre en la boca y en la nariz. Esto sucede cuando el estoque ha tocado la parte más externa de los pulmones y el toro se traga su propia sangre.

En 57 corridas estudiadas (342 reses) tan sólo el 20% de las estocadas lesionaron la vena cava caudal.

En el año 2003 se publicó un estudio en el que tras el análisis de 434 toros se certifica la presencia de émbolos en el tejido pulmonar y hepático en un alto número de animales, que se atribuyen a la irrupción de la espada en la región intratorácica, órganos intraabdominales, así como en las estructuras vasculares.

La lidia concluye con el descabello y la puntilla.

El descabello se realiza con una espada similar al estoque, pero que lleva un tope de 10 cm. Su misión es lesionar y seccionar la médula espinal entre la 1ª y 2ª vértebra cervical.

La puntilla se le da al toro con un cuchillo de 10 cm de hoja, que una vez introducido en el espacio occipito-atlantoideo secciona el bulbo raquídeo, provocando la parálisis general del animal con disminución de la presión arterial. Los movimientos respiratorios se van paralizando y la sangre circulante, cargada de CO2, produce hipoxia en el encéfalo. Se dice que provoca la muerte instantánea del toro, pero no es cierto, ya que va a dar lugar a la la muerte por asfixia. Algunos animales presentan durante algún tiempo después reflejos que son compatibles con la vida. La puntilla está prohibida en todos los mataderos de la UE por considerarse un método cruel de dar muerte a un animal.

Pero no son sólo éstos los datos que les puedo aportar para demostrar que la lidia es un acto cruel de maltrato animal, con una profunda repercusión en las constantes vitales del toro, lo que demuestra el sufrimiento físico y psíquico a que es sometido.

En estudios realizados para determinar las alteraciones metabólicas que sufren estos animales queda patente su incapacidad para adaptarse a la misma.

32 parámetros sanguíneos han sido estudiados en cientos de toros lidiados y dados muerte en la plaza. Todos estos valores sufrieron importantes modificaciones en un espacio de tiempo relativamente corto, el que dura la lidia, y todas las alteraciones, tanto a la alta como a la baja, pueden ser consideradas como patológicas. Estos animales presentan graves alteraciones hepáticas, renales, del equilibrio ácido básico, del recuento de células sanguíneas, y de sus valores hormonales. En el dossier que se les ha entregado tienen una amplia información al respecto.

Estas analíticas revelan un grave estado de hemoconcentración y deshidratación por la pérdida de fluidos que experimenta el animal.

La presencia de un pH ácido en la sangre en el 93,5% de los toros analizados, demuestra un estado de acidosis metabólica que podemos considerar como grave. Un pH sanguíneo bajo significa que la sangre contiene demasiado ácido, lo que es perjudicial para las células del organismo. El origen de este estado patológico hay que buscarlo en el sobreesfuerzo que supone la lidia, para la que el toro no está preparado.

También ha sido merecedora de estudio la función respiratoria del toro durante la lidia, mediante la medición de gases sanguíneos (gasometría). De estos trabajos podemos deducir un gran sufrimiento.

Las mediciones incluyen la presión parcial de oxígeno (PO2), la presión parcial de dióxido de carbono (PCO2), el pH, el bicarbonato (HCO3-), el dióxido de carbono total (TCO2), el exceso de bases (EB), y la saturación de oxígeno (sO2).

Los valores obtenidos después de la lidia demuestran la incapacidad de los pulmones para eliminar el CO2 que se está produciendo, disminuyendo la presión parcial de oxígeno (PCO2) y aumentando la presión parcial de dióxido de carbono (PO2). Una muestra más de la incapacidad del toro para adaptarse al castigo a que es sometido.

Según el taxidermista de la plaza de toros de Las Ventas, el 60% de las cabezas de toros sobre las que ha trabajado, presentan fisuras o fracturas de cráneo. Un conocido crítico taurino, se refirío a esta circunstancia como el "crimen del estribo del picador"

Un estudio realizado sobre más de 6000 toros revela un gran número de lesiones oculares que sufren estos animales durante la lidia, en el desembarco del camión, o durante la espera previa a su salida a la plaza. En un 23% de ellos, se encontraron úlceras de córnea, desprendimientos de retina, luxaciones y subluxaciones de cristalino, fractura del borde orbitario en el arco superciliar, y hemorragias intraoculares.

Incidiendo en el estudio al que he hecho referencia al comienzo de mi exposición, y en el que nada se dice de todas las alteraciones orgánicas y anatómicas que he descrito, les haré una serie de puntualizaciones con respecto a las afirmaciones que en él se hacen, y que concluyen minimizando el sufrimiento, el estrés y el dolor que padece el toro durante la lidia, y transformándolo en un animal adaptado para tal fin.

El estrés es la "situación de un individuo o de alguno de sus órganos o aparatos, que, por exigir de ellos un rendimiento superior al normal, los pone en riesgo de enfermar", es decir, una verdadera amenaza para la homeostasis, que es la tendencia de los organismos para mantener la estabilidad de componentes fisiológicos vitales como el pH, la temperatura corporal, los electrolitos, o la tensión de oxígeno, por lo que mantener en equilibrio sus valores en un rango estrecho es esencial para la supervivencia del individuo.

Como se puede comprobar trás el estudio de las análiticas, el organismo del toro durante la lidia no puede conseguir dicho equilibrio lo que demuestra su inadaptación a la misma.

Se nos dice que el tálamo del toro es más grande que el del resto de los bóvidos (aproximadamente un 20%), y que por ello estos animales son capaces de responder al dolor con más rapidez. Evidentemente no puedo negar esta afirmación, la de su tamaño, pero si les puedo decir que el tálamo no es el encargado de responder ante el dolor. Esta estructura neuronal situada en el centro del cerebro es la que procesa las sensaciones, propaga los impulsos y quizás los integra, pero es la corteza cerebral la que decide la respuesta que se debe producir.

Se afirma también que el toro carece de neuronas memoria, lo que haría que careciera de recuerdos en lo que respecta al dolor. La percepción del dolor requiere un reconocimiento cortical del estímulo como no placentero. Además, el dolor es una experiencia subjetiva sensorial y emocional que requiere la existencia de conciencia.

El aprendizaje, la memoria, y el comportamiento agresivo, dependen en gran medida de unas estructuras cerebrales que reciben el nombre de hipocampo y amígdala, y no del tálamo.

Cualquier mamífero tiene tres memorias: memoria sensorial que opera en un tiempo inferior a un segundo, memoria a corto plazo, que no se prolonga más allá de 15 a 20 segundos, y memoria a largo plazo. Las tres interactuan conjuntamente y se envian información, y tienen una función definida. La primera de ellas está fuera del control de la consciencia, y actua de manera autómatica y espontánea en todos los mamíferos.

En un estudio que lleva por título: "Comportamiento del toro de lidia frente al caballo y la muleta", se puede leer: "la tienta con muleta en el toro de lidia es inviable dada la capacidad de aprendizaje de estos animales".

Entiendo que el aprendizaje lleva aparejado el recuerdo, que se le niega al toro de lidia, y creo evidente que el toro de lidia, a lo largo de su vida, ha tenido contacto con sensaciones que le han provocado dolor, y que por tanto debe tener conciencia y memoria sobre él.

En este mismo estudio se nos dice que el toro se adapta perfectamente a la lidia, ya que el cortisol, hormona medidora del estrés determinada en toros muertos en el ruedo, presenta valores menores que el medido después del transporte, y que el de los toros que fueron devueltos a los corrales por no ser aptos para la misma, lo que hace suponer que el viaje y la salida al ruedo les estresan más que la lidia en sí.

En dos tesis doctorales, presentadas en la facultad de veterinaria de Madrid (2002, y 2006), y dirigidas por el mismo veterinario que ha hecho estas afirmaciones, se dice todo lo contrario: "los toros lidiados y dados muerte en el ruedo, presentaban niveles hormonales de cortisol más altos que los tomados como control, que son los devueltos por no ser aptos para la lidia, y se concluía que la lidia suponía un importante estrés para el toro, ante el que intenta adaptarse".

Los estudios a los que he hecho referencia sobre las análiticas en toros lidiados, y algunos otros, demuestran que el cortisol está por encima de los valores considerados como normales, y que el toro sufre un gran estrés al ser lidiado. Ante la duda que puede se puede plantear al respecto, les diré que:

"Cuando existen lesiones en las vías de transmisión del sistema nervioso, indispensable para que se produzca una respuesta endocrina ante estímulos estresantes mediada por el sistema nervioso, dicha respuesta se puede ver amortiguada o evitada por lesiones neuronales o de la médula espinal".

Descubrimientos muy recientes indican que las betaendorfinas podrían inhibir las descargas de los precursores hormonales que darían lugar a las descargas de cortisol. Dado que al parecer el toro durante la lidia, descarga estas sustancias en gran cantidad, podría ser ésta otra de las razones por lo que el cortisol medido no sea el esperado.

El agotamiento del toro ante la lidia (tercera fase del Síndrome de Adaptación de Selye), debe ser tenido en cuenta en las determinaciones hormonales por lo que respecta al cortisol, y deberían valorarse los numerosos daños físicos y alteraciones metabólicas que sufre el animal, y que demuestran su inadaptación.

Los análisis sanguíneos en toros lidiados indican altos niveles de potasio y bajos niveles de sodio y de cloruros, compatibles con el posible agotamiento de la glándula suprarrenal encargada de descargar el cortisol, y la aldosterona.

Y para terminar mi comparecencia haré alusión a otra afirmación que se extrae como consecuencia del estudio mencionado. En él se dice que, gracias a la gran descarga de opiáceos endógenos -betaendorfinas, y metencefalinas-, el dolor y el placer se equiparan.

Las endorfinas no tienen poderes mágicos. Todas las endorfinas descubiertas hasta hoy, son descargadas cuando hay estrés y dolor, y no se me escapa que tienen propiedades analgésicas, pero en ninguna publicación científica podrán leer que neutralizan el dolor hasta equipararlo al placer. Si así fuera: ¿que sentido tendrían los estudios sobre el dolor y cómo neutralizarlo?

El estudio de los opiáceos endógenos, y de sus receptores es todavía hoy un gran misterio para la ciencia médica, y sabiendo que se descargan en ingentes cantidades ante situaciones de estrés, de dolor, de sufrimiento, de sobreesfuerzo, de hemorragias, de desequilibrio orgánico, de insuficiencia cardiorespiratoria, y de alteraciones de la tensión arterial, como las que se producen durante la lidia, y que les he explicado, es lógico que el toro, durante la agonía a la que es sometido, no tenga más remedio que producirlas. Los estudios que demuestran lo que afirmo son numerosos, y en el dossier que se les ha entregado tienen algunos ejemplos. En muchos de ellos, se afirma que a mayor indice de endorfinas, mayor es el dolor que se siente y el estrés que se padece (Bacigalupo), e incluso en algunos estudios de medicina humana, y veterinaria, sirven para cuantificarlos. Se ha llegado a afirmar que las endorfinas descargadas en estados de estrés no tiene poder analgésico (Harbach 2007), y varios autores aseguran que las encefalinas representan el sistema modulatorio de mayor relevancia en el intento de adaptación de un organismo al estrés crónico.

Si el toro de lidia tiene esta sobrenatural adaptación para soportar el dolor, el maltrato y el sufrimiento, creo que ésta hipótesis es merecedora de un importante espacio en una publicación de caracter científico, cosa que hasta ahora no ha sucedido.

"El bienestar animal a de abordarse bajo bases científicas verdaderas. La percepción errónea de los animales como seres que no sienten y que por tanto son incapaces de sufrir, hace que se desarrollen actitudes negativas hacia ellos, que se reflejan en conductas de neglicencia, crueldad o trato irrespetuoso".

Observen como sale el toro a la plaza, y como termina su vida, y si todavía alguien puede pensar que este animal ha sido capaz de sentir placer en algún momento de la lidia, pongo mi título de licenciado en veterinaria a disposición de los órganos colegiados que regulan mi profesión.

Terminaré citando a Sófloques que decía: "una mentira nunca vive hasta hacerse vieja".

Muchas gracias señora presidenta y señoras, y señores diputados.

José Enrique Zaldívar Laguía.

Veterinario.

Datos:

Estudio del eritrograma y leucograma en el toro lidiado.

Analíticas en toros lidiados

Comparativa de los valores de betaendorfinas en el parto de una mujer y en el toro lidiado.

Adaptaciones metábolicas en vacas bravas como respuesta a estímulos estresantes.

Hay bastantes informes técnicos más, en especial sobre lo que realmente son las betaendorfinas, y los estudios clínicos y experimentales pertinentes, pero éstos me los guardo. A buen entendedor, salud.

Ecos en la prensa:

Noticias Terra

La Vanguardia

El Mundo

El Periódico de Cataluña

El País

ADN

ABC

La Voz de Galicia

Estrella Digital

viernes, 6 de junio de 2008

PONENCIA PRESENTADA EN EL PARLAMENTO EUROPEO DE BRUSELAS

RAZONES PARA ABOLIR LA TAUROMAQUIA: POR QUÉ EL TORO SI SUFRE

Si bien es cierto que en los últimos años se han producido grandes avances en lo que respecta a la legislación sobre el bienestar animal a casi todos los niveles por parte de organismos internacionales, nacionales y autonómicos, quedan aún grandes vacíos que deben ser resueltos con suma urgencia.

Se me ha pedido que como veterinario, me pronuncie sobre los espectáculos que tienen como protagonista al toro de lidia, que es el toro que se utiliza en las corridas.

Existe legislación y amplias recomendaciones sobre protección animal en lo que respecta a la mayoría de las especies criadas para su posterior consumo, sobre animales de experimentación, y sobre animales de compañía, pero poco o nada se habla sobre los toros utilizados en este tipo de festejos.

Resulta curioso leer que el bienestar animal ha sido identificado como una de las prioridades del Plan Estratégico de la Organización Mundial de Sanidad Animal desde el año 2001, pero el campo de este código moral de conducta, se limita al trasporte de animales, sacrificio de animales destinados al consumo, y al sacrificio de animales con fines de control sanitario. Posteriormente se ha ampliado a los animales de experimentación y a los animales de compañía. También la Unión Europea ha desarrollado una amplia legislación al respecto.

¿Forman parte de alguno de estos grupos los toros que son utilizados en las corridas? ¿No hay nada que legislar sobre su bienestar? Podríamos decir que no, que no forman parte, ya que las recomendaciones y lo legislado hasta ahora no se refiere a ellos. Sabemos que son trasportados a los localidades en donde serán toreados y dados muerte, y que muchos de ellos serán después utilizados para el consumo, pero se olvidan del sufrimiento psíquico y físico al que son sometidos.

Cuando la norma europea dice: “que se respetarán las disposiciones legales o administrativas, y las costumbres de los Estados miembros relativas en particular a actos religiosos, tradiciones culturales y patrimonio regional”, se está hablando de ellos, pero también podemos interpretar que los organismos internacionales no harán nada al respecto. Se habla de forma indirecta, pero no se regula nada sobre su bienestar. En beneficio de unas mal interpretadas costumbres o tradiciones se permite el uso y abuso de estos animales, pervirtiendo la norma anteriormente citada.

Somos conscientes como he dicho antes, que se han producido grandes avances en las leyes de protección animal, debido a la confluencia de varios factores, entre los que podemos destacar:

-Un mayor conocimiento de las distintas disciplinas relacionadas con los animales de renta, como son el comportamiento animal, la fisiología del estrés o el manejo correcto de los animales.
-Una mayor concienciación social sobre las necesidades de estos animales y un rechazo hacía los abusos que se consideran intolerables y no justificados, ni moral, ni económicamente.

Cuando se habla de bienestar animal surgen una serie de discrepancias, pero podríamos limitarlo a una serie de premisas:

-El organismo en cuestión, dotado de un sistema neuroendocrino, es decir nervioso y hormonal muy similar al nuestro, debería no presentar alteraciones fisiológicas, es decir, sus manifestaciones emocionales no deberían diferir de las que presentan en condiciones normales.

-El bienestar animal tiene que ver con las sensaciones experimentadas por ellos, esto es: la ausencia de fuertes sensaciones negativas llamadas en general sufrimiento, y (probablemente) la presencia de otras positivas, que suelen denominarse placer.
Toda evaluación del grado de bienestar animal debe centrarse en las mediciones de esas sensaciones.

La preocupación por el bienestar animal es el resultado de dos elementos:
Por una parte el reconocimiento de que los animales pueden experimentar dolor y sufrimiento, y por otra, la convicción de que causarles sufrimiento no es moralmente aceptable, al menos en principio, si no hay una razón que lo justifique.

¿Podemos considerar que las corridas de toros, es decir, una tradición popular en la que se somete a una tortura a un animal, el toro, son una justificación a ese dolor y a ese sufrimiento? Mi respuesta como veterinario es categórica: NO.

Todavía hay quién se pregunta si someter a un toro a estas prácticas puede causarle sufrimiento físico y psíquico, y peor aún, todavía hay, entre el colectivo al que pertenezco, quién afirma que el toro utilizado en las corridas es un mamífero especial, y que merced a determinadas respuestas neuroendocrinas no sufre o por lo menos no lo hace con la intensidad con la creemos.

La pregunta es: ¿existen estudios dotados del suficiente rigor científico que nos digan si estos animales sufren ante estas situaciones? ¿Podemos decir que la corrida implica una seria alteraciones en el normal funcionamiento orgánico de estos animales? Podemos decir sin temor a equivocarnos, respondiendo a las dos preguntas que sí, y lo vamos a demostrar.

En su ambiente natural, el animal puede expresar su comportamiento normal, que se ve afectado cuando es restringido a un ambiente artificial. Cualquier alteración que saque a este animal de su medio natural, producirá miedo y ansiedad, lo que llevará a su organismo a manifestar una serie de respuestas neurofisiológicas perfectamente estudiadas. El miedo y el dolor son unos poderosos causantes de estrés.

¿Y qué es el estrés? ¿Para qué sirve? ¿Qué consecuencias tiene para la salud? ¿Qué mecanismos son responsables de él?

El estrés se define como una “agresión contra un organismo vivo” o también como “el conjunto de reacciones biológicas y psicológicas que se desencadenan en un organismo cuando se enfrenta de forma brusca con un agente nocivo, cualquiera que sea su naturaleza”. Se define también como: “ la situación de un individuo o de alguno de sus órganos o aparatos qué, por exigir de ellos un rendimiento superior del normal, los pone en riesgo de enfermar”

¿Podemos adaptar alguna de estas definiciones a lo que le ocurre a un toro durante la corrida, desde es que es sacado de su hábitat natural hasta que se le da muerte en una plaza de toros? Cómo veterinario no me cabe la menor duda.

La sorpresa nos la llevamos en febrero del año pasado, cuando numerosos medios de prensa de nuestro país, se hicieron eco de un estudio hormonal realizado en los toros utilizados en este tipo de espectáculos (que han pasado por los tercios de varas, banderillas, faena con la muleta, estocada, descabello, y/o puntilla) o que lo han sido parcialmente (es decir, aquellos que han pasado por el tercio de varas y devueltos a los corrales, o que han pasado por el tercio de varas y banderillas y que han sido devueltos a los corrales). Debo aclarar que la mayoría de estos análisis hormonales se realizaron sobre toros muertos, ya los que son devueltos a los corrales tras salir a la plaza, o después de ser picados, o después de ser picados y banderilleados son una mínima parte.

Antes de continuar con la exposición y aunque luego ampliaré la información al respecto, debo decir que el tercio de varas es aquel en el que al toro se le clavan lo que se conoce como las puyas, que es un instrumento cortante y afilado de 9 cm de longitud (tres de púa en forma de pirámide y 6 cm de acero encordado); las banderillas (se le ponen 6) son unos arpones sujetos por palos de 6 cm de longitud. Existe una variedad que son las conocidas como de castigo que miden algunos cm más. La faena es el tiempo en el torero practica pases de distinto tipo con el capote o la muleta. La estocada consiste en clavar al toro una espada curvada de 80 cm de longitud. El descabello consiste en seccionar la médula del toro con una espada recta que lleva un tope, y la puntilla cumple la misma función que el descabello, pero se hace un cuchillo.

Una vez realizado este pequeño inciso, continuaré con la exposición: se dice en dicho estudio que los niveles de estrés en estos animales son menores que los detectados en un toro “simplemente” trasportado en un camión.

Este estudio, que muchos de ustedes conocerán, ha ido aún más lejos, ya que según se nos informa, el toro, durante corrida, es capaz de producir una gran cantidad de hormonas conocidas como betaendorfinas que serían capaces de neutralizar el dolor provocado por las puyas, las banderillas, el estoque y el descabello.

Se abre así un nuevo concepto de la respuesta del toro ante la corrida con los datos obtenidos en dicho estudio. Estudio que todavía no ha sido publicado en ninguna revista o medio de carácter científico. A pesar de que ésta premisa, que resulta fundamental para darle cierta credibilidad no se ha cumplido, yo he basado mi respuesta en él, y he llegado a una conclusión totalmente contraria: lo único que demuestra es que el toro es sometido durante la corrida a una de las mayores torturas a las que un animal puede ser sometido.


Según dicho estudio, basado como he dicho, en una serie de determinaciones hormonales, el toro sufre, pero no tanto como se podía pensar. Se decía que dicho estudio echaría por tierra muchos de los vacuos argumentos que esgrimimos los antitaurinos y los animalistas.

El primer medio de comunicación que se hizo eco de él, fue la revista taurina 6 toros 6, que tituló su reportaje publicado en el número 656 de 23 de enero: “Por qué el toro no sufre”. Luego, varios periódicos de tirada nacional como ABC, El Mundo o La Razón, publicaron amplios reportajes al respecto.
En Francia, el periódico Liberation, también informaba en sus páginas sobre dicho estudio, y más tarde lo han hecho bastantes medios de prensa de América Latina.

Desconozco la razón por la que se le dado tanta importancia mediática al asunto pero, por esa época, la ex ministra Narbona ya había hecho algunas declaraciones que no gustaron a los sectores pro taurinos y además los movimientos pro abolición de las corridas de toros cada día se hacen más incómodos con sus masivas protestas en la calle y en los medios de comunicación. Por otro lado, la opinión pública se está cuestionando la razones por la que se sigue adelante con este tipo de espectáculos. La prueba más palpable de que ha surgido un importante movimiento abolicionista de las corridas de toros en todos los países en que todavía existen, y algunos otros europeos, es la presencia del lobby pro taurino estos días en Bruselas. Nunca habían lanzado a una contraofensiva tan intensa, y sospecho que la posible retirada de las subvenciones por parte de la UE a las ganaderías de este tipo de toros tiene bastante que ver con esto.

Centrándonos en el estudio que nos ocupa debemos decir que, como su autor ha reconocido, se han derivado fondos de otros proyectos de investigación para su elaboración, y que seguramente existen subvenciones del sector privado para llevarlo a cabo.

Dado que la mayoría de ustedes son profanos en la materia que voy a tratar les diré, para que los conceptos queden claros que, el cortisol, y su precursor la ACTH, son las hormonas por la que podemos medir el estrés, es decir el sufrimiento psíquico de un animal, y que las betaendorfinas son hormonas que podemos considerar como mediadoras del dolor y del estrés.

A modo de resumen lo que se dice en el estudio en que se basa mi réplica es:

• El toro que se utiliza en las corridas es un animal, entre comillas, “especial” endocrinológicamente (hormonalmente) hablando, ya que tiene una respuesta totalmente diferente a la de otras especies animales, en cuanto al dolor y el estrés.

• El toro tiene más estrés en el momento de saltar al ruedo que durante la corrida, es decir, desde que está en los corrales hasta que transcurren sus cinco primeros en el ruedo.

• Los niveles de cortisol (hormona del estrés) son más altos en los toros devueltos a los corrales sin picar que los que si lo han sido. A su vez, estos toros picados y que son devueltos a los corrales después, tienen más cortisol en sangre que los que son devueltos después de picados y banderilleados, y curiosamente, los toros analizados después de picados, banderilleados y sacrificados por el estoque y el descabello, tienen menos cortisol que los anteriores. En resumen, que cuanto más alto es el castigo físico y psíquico al que son sometidos, menor es su estrés, ya que sus niveles de cortisol y de la hormona precursora de éste, la ACTH, son menores. La ciencia indica que debería ser al contrario.

• El toro durante el transporte sufre tres veces más estrés que durante la corrida, lo que demostraría que el toro es un animal perfectamente adaptado para este fin.

• Se puede decir que tras pasar el tercio de varas (puyas) los niveles de cortisol en estos toros llegan a ser prácticamente normales.

• Cuando hay sufrimiento o estrés, debido a una acción externa (un pinchazo, un pellizco, una quemadura) se pone en funcionamiento todo el sistema nervioso y se liberan betaendorfinas. Son lo que se conoce como hormonas del placer. Se pregunta el autor del estudio: “¿qué quiere decir esto?”, y se responde: “que si yo estoy provocando un dolor y la persona (no habla de toros, pero da lo mismo) libera muchas betaendorfinas lo que está haciendo es paliar ese dolor, porque está liberando la hormona de la “felicidad” como también se conoce”. Y añade: “la betaendorfina bloquea los receptores del dolor en el sitio donde este se produce, hasta que llega un momento en que dolor y placer se equiparan, y deja de sentirse dolor”.

• Los toros, durante la corrida, liberan 10 veces más betaendorfinas que las personas y siete veces más que durante el transporte. La puya es la que hace que el toro libere betaendorfinas en grandes cantidades, lo que hace que ese dolor sea matizado.

• El toro bravo tiene un mecanismo especial para llegar a controlar su propio dolor. Por supuesto que dolor va a sentir, pero no es lo mismo que un organismo pueda controlarlo y contrarrestarlo, hasta casi no tener sensación de dolor, que otro que no puede poner en funcionamiento este mecanismo.

• El toro de que sale a la plaza tiene un mecanismo especial que responde en milisegundos, con la liberación de cortisol y catecolaminas. El toro es distinto a los demás animales, porque en cuento siente estrés, en mucho menos tiempo que un segundo ya está liberando hormonas para contrarrestar esa situación. Las descarga para bien, para contrarrestar el dolor hasta que llega un momento en que deja de sentirlo. En cuanto avancemos en la investigación, podré afirmar que no existe ninguna sensación de dolor.

Si nos atenemos a las mínimas exigencias científicas que debe tener cualquier estudio de esta magnitud, mi opinión es que hace agua por muchos sitios.

• No se puede hablar de un estudio hormonal que trata de la respuesta de un animal (el toro) ante una situación determinada (la corrida), cuando la mayoría de los resultados hormonales se obtienen sobre un cadáver. No es adecuado por tanto el término de determinaciones hormonales durante la corrida, y sería más correcto el término de, determinaciones hormonales en un toro después de haber pasado por ella.

• No se puede decir que el toro responde en menos de un segundo con la liberación de hormonas neutralizadoras del dolor, cuando esas sustancias se determinan en un toro muerto, es decir, no se ha hecho una determinación seriada de estas sustancias a lo largo de las diversas suertes a las que es sometido el animal en la plaza.

• ¿Cómo se puede asegurar que tras la puya el toro libera en menos de un segundo betaendorfinas? Nadie ha medido las betaendorfinas inmediatamente después de los puyazos, ni inmediatamente después de las banderillas, ni inmediatamente después de le estocada o del descabello. ¿Cómo se puede hablar entonces de una respuesta tan rápida y tan intensa?

La valoración del eje hipotálamo-hipófisis-adrenales, las tres glándulas implicadas en los mecanismos que el organismo pone en marcha ante situaciones de estrés que se ha hecho en el estudio, no tiene en cuenta un importante principio científico en lo que se refiere a la medición en concreto de este tipo de respuesta hormonal:

“ES INDISPENSABE QUE, PARA QUE SE PUEDAN TENER EN CONSIDERACIÓN CIERTAS RESPUESTAS ENDOCRINAS, COMO ES LA LIBERACIÓN DE CORTISOL A TRAVES DE LA ACTH, QUE ESTÉN INTACTOS EL ESTÍMULO NEURONAL Y LA TRANSDUCCIÓN DEL SISTEMA NERVIOSO”. Quiere esto decir que si existe cualquier lesión que haya dañado el sistema nervioso, este tipo de respuestas hormonales no pueden ser valoradas, ya que no se producirán con normalidad.

Sabemos que el sistema nervioso del toro durante la corrida, sufre serías lesiones como ha sido publicado en numerosos artículos y libros por veterinarios nada sospechosos (favorables a la tauromaquia), en las que se explican con todo lujo de detalles las lesiones que provocan las puyas, las banderillas, el estoque y el descabello:

“Rotura de apófisis espinosas de vértebras, sección de ramas dorsales de nervios espinales, hemorragias internas que afectan al canal medular, y lesiones en la parte alta de las costillas”. Para los que no sepáis lo que ocurre realmente durante la suerte de varas (puyas) os diré que son numerosos los estudios que demuestran que éstas no son colocadas en el lugar “adecuado”, es decir en la zona más musculada del cuello que se conoce como morrillo. El fin de las puyas, si fueran colocadas en el lugar mencionado, sería la rotura de determinados músculos y ligamentos para evitar que el toro levante en exceso la cabeza, y facilitar de esta manera el trabajo del torero. En más del 90% de los casos, las puyas son aplicadas en zonas desprovistas de una amplia masa muscular que preservarían de lesiones a importantes estructuras nerviosas, como vértebras, nervios periféricos, y médula espinal. Además, determinadas maniobras ilícitas que realizan los picadores, hacen que las lesiones provocadas por este instrumento sean mucho más graves y profundas de lo que deberían ser. El sacacorchos (que es girar la puya sobre el cuerpo del toro como si se tratara de un instrumento para descorchar una botella de vino) y el mete-saca, que es introducir la puya, sacarla, meterla, y así sucesivamente, supone provocar heridas de más de 20 cm de profundidad, cuando en realidad la puya no mide más de 9 cm. Se han descrito heridas con más de 7 trayectos diferentes provocadas por un solo puyazo. Merced a este tipo de maniobras, el toro pierde mucha más sangre de la que debería y que en muchas ocasiones no sale al exterior, sino que afecta seriamente a su canal medular, y por lo tanto afecta a las respuestas del sistema nervioso, que como he dicho es indispensable para una adecuada respuesta hormonal en lo que se refiere a los medidores del estrés (ACTH-Cortisol). No olvidemos que la médula espinal y los nervios periféricos son el hilo conductor de las órdenes que deban llegar a las glándulas encargadas de iniciar la respuesta hormonal que terminará con las adecuadas descargas de cortisol en las glándulas adrenales. Es muy típico que al toro, tras la suerte de varas, al salir del caballo, le fallen las extremidades anteriores prueba evidente de que su sistema nervioso se ha visto afectado. No es ésta la única causa de este fenómeno se produzca, pero como han reconocido los veterinarios especialistas en el toro de lidia, es muy frecuente que se deba a este hecho. Tampoco podemos olvidar que en muchas ocasiones, las puyas traspasan la pleura y provocan neumotorax lo que se traducirá en una importante insuficiencia respiratoria.

Las banderillas, arpones de 6 cm de longitud, cumplen la misión de seguir lesionando nervios, músculos y vasos sanguíneos durante el resto de la corrida, merced a los movimientos del toro durante sus embestidas.

La llamada “suerte suprema”, es decir la estocada, persigue la muerte del toro. En la mayoría de las ocasiones, el estoque, espada curvada de 80 cm, no es colocada en el sitio “adecuado”, lesionando cordones nerviosos laterales a la médula, provocando lesiones broncopulmonares, con profusas hemorragias en la cavidad torácica, e incluso puede traspasar el diafragma, lesionando hígado y panza, haciendo más larga, si cabe, la agonía del toro.

El descabello y la puntilla sirven para desconectar todo el sistema nervioso, ya que seccionan la médula espinal. ¿Existe un daño neurológico más grande que éste? Se sabe que en personas que han sufrido graves lesiones de médula espinal como consecuencia de accidentes de tráfico, la respuesta hormonal que derivaría en la descarga de cortisol está minimizada e incluso abolida.

En cuanto a las betaendorfinas, las mal llamadas hormonas de la felicidad, leemos en el estudio que se las atribuyen propiedades que no tienen. Estas sustancias, también conocidas como opioides endógenos se descubrieron hace muchos años, y en ningún estudio de los que yo he consultado, y han sido numerosos, se las dota de la capacidad de neutralizar el dolor. A lo sumo, en algunos, se dice que son capaces de paliarlo.

Nadie niega que el organismo las produzca cuando se le provoca un dolor, que no debemos olvidar que es un mecanismo de defensa, y nadie niega que se descarguen en grandes cantidades ante situaciones de estrés.

Las betaendorfinas son MEDIADORAS Y MEDIDORAS del dolor y del estrés, pero nunca serán capaces de neutralizarlo como se nos quiere hacer creer en el estudio. Da lo mismo que el toro de lidia descargue diez veces más betaendorfinas que la especie humana. Tampoco sabemos que cantidad de ellas seriamos nosotros capaces de producir en circunstancias similares a las que sufre un toro durante la corrida. Ninguno de nosotros ha sido ni será lidiado, y por lo tanto este tipo de comparaciones carecen de validez científica. Cualquier trabajo científico que haga comparaciones entre especies, debe someter a las especies comparadas a las mismas situaciones.

Éste es otro de los grandes errores del estudio que estamos analizando. Si queremos entrar en estudios comparativos entre especies podemos afirmar que:

Existen muchos estudios realizados en mujeres durante el parto que demuestran que, a mayor cantidad de betaendorfinas detectadas en su sangre mayor es el dolor y el estrés que han padecido. Aquellas mujeres que calificaron su parto como insoportable eran las que más betaendorfinas tenían en su sangre y curiosamente los fetos que tuvieron un mayor sufrimiento durante el parto eran los que más altas tasas de betaendorfinas presentaban.
Podemos concluir por tanto que a mayor dolor y mayor estrés más betaendorfinas se detectarán en los análisis. Quedaría por tanto demostrado que las betaendorfinas no anulan, ni tan siquiera matizan el dolor, sino que más bien son unos excelentes medidores de la intensidad del mismo que el organismo está sintiendo.

Además, se sabe por estudios publicados muy recientemente que, las betaendorfinas descargadas por estrés no tienen la más mínima función analgésica. Estas hormonas fabricadas por el propio organismo, han sido purificadas e inyectadas en personas para comprobar dicho poder analgésico. Los resultados son claros: salvo que sean inoculadas por vía intracraneal son incapaces de paliar el dolor.

Podemos preguntarnos la razón por la que, si el cortisol es una hormona que nos sirve para medir el estrés y las betaendorfinas también lo son (además de para medir el dolor), el toro tiene menos cortisol del esperado y sin embargo su sangre está repleta de betaendorfinas. Para mí, la respuesta está en la integridad del sistema nervioso, que es indispensable para una normal descarga del cortisol, pero que no es necesaria para la descarga de betaendorfinas, ya que se sabe que estas últimas pueden ser producidas en los lugares donde se provoca el dolor (zonas donde son clavadas las puyas, las banderillas, el estoque y el descabello), sin mediación del sistema nervioso merced a una serie de mecanismos celulares. Podemos pensar además, que esa increíble ausencia de valores elevados de cortisol se podría deber a lo que se conoce como síndrome general de adaptación, y que se produce cuando un organismo agotado es incapaz de responder adecuadamente al sufrimiento al que se le está sometiendo. Este fenómeno fue estudiado por Selye hace muchos años y tiene plena vigencia en la actualidad, siendo igual de válido para personas que para animales.

Para concluir os diré que éste estudio que nos quiere hacer creer en la existencia del supertoro se contradice totalmente con otro que se publicó dentro de una tesis doctoral en el año 2002, que dejaba bien claro que la corrida suponía un enorme estrés para el toro. El estudio del que se extrajeron estas conclusiones se basó también en la determinación ACTH y el cortisol. En aquel eran altísimas, y en el actual son casi normales. Esta contradicción deberá ser explicada por el autor de ambos estudios.

Mis conclusiones con respecto al estudio al que hecho referencia son claras:

Las respuestas hormonales con respecto al estrés no son las esperadas por los daños neurológicos que se le provocan al toro durante la corrida, y que son causados por las puyas, las banderillas, el estoque, el descabello, la puntilla y el agotamiento al que es sometido el animal; las grandes cantidades de betaendorfinas detectadas en su sangre son la respuesta normal de un organismo sometido a un gran dolor y a un gran estrés, y nada tienen que ver con su capacidad para neutralizarlo; y como ya he comentado, creo que la forma y el fondo del mismo, así como el modo en que ha sido llevado a cabo, le hacen carecer del rigor científico necesario para poder ser considerado.


José Enrique Zaldivar Laguía.
Veterinario.

jueves, 15 de mayo de 2008

MI PONENCIA PRESENTADA EN EL FMA DE BARCELONA: "La verdad sobre el toreo. ¡Por qué el toro si sufre!



FMA

Ya ha pasado más de un año (febrero 2007) desde que casualmente leí en el diario El País una columna que Rosa Montero titulaba “Ay”, en la que se hacía eco de un “increíble” estudio hormonal realizado en toros de lidia. Fue una casualidad sin duda. Si las casualidades no existieran, jamás habría escrito una réplica a dicho estudio, y por lo tanto no estaría aquí. Lo que me llevó a estudiar y a sacar mis propias conclusiones sobre lo que el profesor Illera ha publicado, fue la indignación.

De la noche a la mañana, la neuroendocrinología de un mamífero se ha hecho especial, y el dolor y el sufrimiento de un animal que todos, incluidos los taurinos, daban por hecho, se han esfumado.

Dado que ningún medio con rigor científico se ha hecho eco de su estudio y de sus conclusiones, mi réplica, se basa en recortes de diversos medios de prensa que si han publicado algo al respecto de forma interesada: 6 Toros 6, El Burladero, El Mundo, ABC, y algunas páginas de países de América Latina, adonde también han llegado sus conclusiones. Todos estos medios han recibido mi contestación y todos las han ignorado, salvo el Diario de La Rioja. Tele 5, a través de su desaparecido programa El Buscador, se dignó a hacer pública una mínima parte de lo que yo he respondido. Han quedado archivadas mis explicaciones, ya grabadas, para el programa La Noria (al parecer por incomparecencia de los taurinos), y quizás en breve, se haga pública una entrevista que me hicieron para las noticias de TVE. Según me han comentado recientemente, hay una amplia oposición en dicho medio para que sean emitidas.

Se nos silencia, pero no debemos callar. La verdad y la razón nos asisten.

Supongo que muchos de los aquí presentes tendréis conocimiento de la existencia del estudio, y por tanto de la aparición por arte de magia del supertoro del S XXI. Sobre esto versará mi charla.

En febrero del año pasado, en la revista taurina 6 toros 6, aparecía un extenso reportaje cuyo título era: “Por qué el toro no sufre”.
En su introducción dejaba claras sus intenciones: “El estudio echará por tierra muchos de los vacuos argumentos de animalistas y anti taurinos”. El cuento que nos cuentan (valga la redundancia) se basa en la determinación de una serie de hormonas que hacen del toro de lidia un animal especial endocrinológicamente, ya que su respuesta ante el estrés y el dolor es totalmente diferente a la del resto de los animales. Aquí, nada más empezar, se constata el primer error en el que incurre en el estudio:
Ninguna otra especie animal ha sido sometida a una lidia así qué, no podemos saber cual sería su respuesta ante tamaña tortura.
Cuando se llega a una conclusión científica de tanta importancia se deberían aportar datos de otras especies sometidas al mismo experimento. No es el caso, y evidentemente nunca lo será. Esto echa por tierra cualquier estudio comparativo.

Más tarde, a lo largo de mi exposición, os ampliaré la información sobre este asunto pero, decir que el toro durante la lidia descarga diez veces más betaenforfinas que la especie humana, es no decir absolutamente nada.

Según se nos cuenta, el toro, una vez lidiado, es decir ya cadáver, presenta unos niveles de cortisol (hormona medidora del estrés) inferiores a los que presenta un toro de lidia transportado en un camión, deduciendo por tanto que, el toro sufre más durante el transporte que durante la lidia. Otro nuevo error: Él habla de determinaciones de hormonas durante la lidia, cuando en realidad, la mayoría de los toros analizados estaban muertos en el momento en que se realizaron las extracciones de sangre. Seamos coherentes y hablemos por tanto de un estudio que se realiza en el cadáver de un animal que para su desgracia ha sufrido una lidia.

En el estudio se nos presenta a los toros de lidia divididos en varios grupos:

• Grupo 1: Toros que salen al ruedo y que son devueltos a los corrales antes de ser lidiados. Según el estudio, estos animales que no han sido picados, ni banderilleados, ni han pasado por el estoque ni el descabello, son los que sufren más ya que sus niveles de cortisol en sangre son los más altos. Se nos dice que el toro sufre más estrés durante los primeros cinco minutos que está en el ruedo que durante el resto de la lidia, ya que una vez iniciada ésta, sus niveles de cortisol tienen valores prácticamente normales.
• Grupo 2: Toros que salen al ruedo y que, tras la suerte de varas, son devueltos a los corrales. Los niveles de cortisol en estos animales son anormalmente menores que los determinados en el grupo 1.
• Grupo 3: Toros que salen al ruedo y que, tras la suerte de varas y de banderillas son devueltos a los corrales. Los niveles de cortisol medidos en estos toros son menores que los del grupo 1 y los del grupo 2. Varios aficionados al toreo me han informado que, el número de estos toros es muy pequeño. Es decir, raramente se devuelve un toro a los corrales después de ser picado y banderilleado.
• Grupo 4: Toros que salen al ruedo y que pasan por todas las suertes de la lidia, incluido el estoque y el descabello. La sorpresa que deparan las mediciones de cortisol en estos cadáveres es asombrosa. Su cortisol es menor que el de los grupos anteriores.

¿Será verdad que el toro de lidia es inmune a la tortura? ¿Será verdad que su respuesta hormonal ante el estrés es única? ¿Será verdad que un toro que tan “sólo” ha sido transportado o que tan “sólo” se ha dado una vuelta por el ruedo, tiene más estrés que los toros que han pasado por una, por dos o por todas las suertes de la lidia? Pues no, no es verdad.

Afortunadamente los médicos y algunos veterinarios preocupados por minimizar el sufrimiento, en este caso psíquico (estrés), tienen respuesta para casi todo. Respuestas a las que por el momento no se ha prestado la más mínima atención.
Él, sigue manteniendo que el estrés durante el transporte es tres veces mayor que durante la lidia. Al parecer, “el tercio de varas sirve para descongestionar al toro, para relajarle”, y en una interpretación muy libre que yo hago de sus conclusiones “para hacerle más llevadero el calvario”. Ésta afirmación ha quedado en entredicho hace mucho tiempo por parte de veterinarios taurinos que dicen lo siguiente al respecto: “Tradicionalmente se decía que uno de los fines de las puyas eran descongestionar al animal, pues como consecuencia del estrés de la lidia se produce congestión. Pero, conociendo el volumen de sangre normal que se pierde como consecuencia de esta suerte (que oscila entre 1.5 litros y 2.5 litros, es decir, menos del 10% del volumen total de sangre circulante), este fin puede quedar en entredicho.

He hablado anteriormente del cortisol, pero, ¿Qué es?:
• Podemos decir que es una hormona natural que fabrican todos los animales desde unas glándulas situadas en zonas próximas a los riñones que reciben el nombre de adrenales.
• Podemos decir que es una hormona íntimamente ligada al estrés. En condiciones normales, los animales tienen una serie de mecanismos para mantener esta hormona en unos niveles adecuados para la vida pero, ante determinadas circunstancias, y una de ellas son las situaciones que provocan estrés, esta hormona, se fabricará en cantidades exageradas. Cada especie tiene por tanto unos valores fisiológicos perfectamente conocidos y determinados, que se verán incrementados ante situaciones que no son las habituales.
• Su descarga está mediada por otras hormonas que son descargadas desde otras glándulas. Es lo que se conoce como eje hipotálamo (CRF)-hipófisis (ACTH)-adrenales (cortisol). Todas estas respuestas hormonales están mediadas por el sistema nervioso, dato sumamente importante que debéis retener para comprender lo que más adelante os contaré.

Y es aquí, en este mecanismo hormonal en que se encuentran implicadas estas tres glándulas y el sistema nervioso, en donde debemos encontrar esa extraña respuesta al estrés de la que nos habla. Es precisamente en la lidia, y en sus tercios, en donde está la respuesta, y es precisamente este estudio el que nos demuestra la brutalidad de todos estos lances a los que es sometido el toro.

Tenemos numerosos datos extraídos de documentos publicados por veterinarios de plazas de toros en los que se nos explica con todo lujo de detalles lo que son capaces de hacer la puya, las banderillas, el estoque y el descabello. Me refiero en concreto a una serie de publicaciones de veterinarios de la Universidad de Córdoba (Luis F Barona y Antonio E Cuesta López), de la Fundación de Estudios Taurinos y de la Unión de Criadores del Toro de Lidia (Fernández Sanz y Villalón González Camino).

La puya mide 9 cm y se divide en dos partes, una de 6 cm de acero encordado y otra de 3 cm de púa piramidal. La función de este instrumento es la de ser clavado en una zona anatómica del toro de lidia llamada morrillo, que es la parte más elevada del cuello, desde la nuca a la cruz. Se trata de una zona con un importante paquete muscular. Es donde asientan los músculos extensores, responsables de los movimientos del cuello y de la cabeza y por tanto del recorrido de los cuernos.

Las puyas, según los taurinos entendidos, sirven para ahormar la cabeza, regular el acornear, quebrantar el poderío, comprobar la bravura, descolgar la cabeza y dificultar el derrote, es decir que ésta no tenga movimientos bruscos. Para conseguir todo esto, la puya debe lesionar la musculatura cervical dorsal y los ligamentos de la nuca. Lo curioso es que se sabe que tan sólo un 4.7% de los puyazos cumplen su misión.

En los estudios anteriormente mencionados tan sólo 13 de los 276 puyazos analizados fueron aplicados en la parte del morrillo, siendo el resto traseros o caídos. El 42.38% fueron aplicados sobre la región de la cruz, el 34.06% justo por debajo de dicha región, el 25.3% en las paletillas y el 16.3% muy trasero (en el dorso o debajo de éste).
Quiere esto decir que no se apuntó al morrillo, sino más bien a la zona de la cruz, donde se encuentran los músculos y cartílagos que unen las extremidades anteriores entre sí y el tronco, y que nada tienen que ver con los músculos extensores y elevadores de la cabeza, y si mucho que ver con la unión muscular de ambas extremidades que es vital para la locomoción del toro.

En conclusión, la consecuencia de picar en dicha zona es restar movilidad al toro, o dificultar su movimiento al afectar al aparato locomotor y no a los músculos del cuello.

En los numerosos tratados publicados por veterinarios taurinos, se puede leer:

Al picar en la zona de la cruz o más trasero, se han llegado a fracturar apófisis espinosas de vértebras torácicas, se han dañado vasos sanguíneos que irrigan músculos importantes para la locomoción, se han seccionado o lesionado ramas dorsales de nervios espinales, que pueden producir, y producen en ocasiones cojeras transitorias o pérdida de manos por inhibición refleja del plexo braquial, que es el centro nervioso del que parten los nervios que inervan las extremidades anteriores (muchos toros, al salir del caballo pierden una o las dos manos por dicha lesión nerviosa). Los puyazos traseros o caídos pueden llegar a perforar la pleura y afectar al pulmón, pues la distancia entre la piel y la pleura es más pequeña, y se puede llegar a producir neumotórax con la consiguiente insuficiencia respiratoria.

Todo lo referido anteriormente no me lo he inventado yo, sino que está publicado por los veterinarios nombrados anteriormente.

También se sabe que las puyas son capaces de infringir heridas de hasta 30 cm de profundidad (con una media de 25 cm). Se sabe que la mayoría de estas heridas presentan hasta 5 trayectos diferentes. Se sabe que el picador hace uso de trucos para castigar más si cabe al toro. Me refiero a lo que en términos taurinos se conoce como el “barrenado” (consiste en girar la puya como un sacacorchos) y el “mete saca”, que hace que un puyazo sea como si se hubiera picado al toro 7.4 veces, y que impide al toro huir cuando siente dolor. Hablamos de un animal de 500 kilos que tiene que embestir contra un peso de 1000 kilos (caballo, picador y apeos).

En las publicaciones a las que he hecho anteriormente referencia también se puede leer:

• “Es preciso no olvidar que con sólo alcanzar los músculos del raquis, el animal puede quedar profundamente lesionado”
• “Hay que tener presente que la puya tiene una gran facilidad para penetrar mucho más de su longitud, y por eso, cuando el puyazo es trasero y la distancia de los cuerpos vertebrales a la piel es menor, pueden alcanzarse los mismos con producción de hemorragias que muchas veces no se exteriorizan sino que pueden afectar al canal medular con compresión de la médula”
• “Cuando el puyazo se realiza caído y afecta a los músculos inervados por nervios procedentes del plexo braquial, que es responsable de la inervación de todo el miembro anterior, se puede producir una inhibición refleja del plexo braquial de cada lado a través de la médula”
• “El toro sale tocado del caballo en la columna vertebral y se pueden producir lesiones en la parte alta de las costillas”
• “Al embestir el toro y no poder con el caballo y el picador, las delicadas articulaciones de las manos sufrirán, lo que facilitará el meter la puya en la zona vertebral”,
• “La mala colocación de las puyas y las malas artes provocan hemorragias mayores de las deseadas, que pueden llegar a un 18% cuando lo normal sería de un 10%. Un toro tiene por término medio 38 litros de sangre (75 ml/kg de peso). Sobre el volumen de sangre de un toro, debo decir (y desconozco si será un error de imprenta), que el profesor Illera, afirma en sus respuestas a 6 toros 6, que un toro tiene 66 litros de sangre, exactamente el doble de lo que en realidad tiene.

El siguiente instrumento de tortura que se utiliza en la lidia son las banderillas. Se trata de una especie de arpones de 6-8 cm de longitud. Son colocadas en las zonas en donde se aplicaron las puyas. Su función es desgarrar músculos, nervios y vasos sanguíneos, y provocar una mayor pérdida de sangre, gracias al efecto de la gravedad que provocan sus soportes con el movimiento del toro durante el resto de la lidia. Con el objeto de que no se desprendan, y por tanto que cumplan su función, llevan un arpón de 16 mm de ancho.

El estoque es una espada curvada de 80 cm. La colocación “ideal” sería en lo que se conoce con el nombre de hoyo de las agujas, que son dos. Se sitúan a la derecha y a la izquierda de la columna vertebral a la altura de la 3ª y 4ª vértebra dorsal. Su fin es la lesión o corte de la vena cava caudal, lesión de la arteria aorta posterior, y a veces, lesión de los vasos de la entrada del pecho que forman el tronco braquiocefálico. Si el torero acierta (cosa que no sucede casi nunca) se produce la muerte en pocos segundos y sin vómitos. Tras una serie de espasmos y temblores el toro cae, normalmente patas arriba.
Lo que sucede con más frecuencia es que el estoque lesiona cordones nerviosos laterales a la médula, lo que provoca la desconexión de todo el aparato motor de la caja torácica, lo que a su vez provoca una gran lesión del pulmón, que incluso puede llegar a destrozar la base del corazón si el toro es brevilíneo. Se verán afectados los pulmones y los grandes bronquios: La sangre pasa del pulmón a los bronquios, de allí, llega a la traquea, y sale al exterior por la boca y la nariz, a veces a borbotones.
En otras ocasiones, se atraviesa el diafragma, lo que provocará la muerte del toro por asfixia, ya que le produce una parálisis por lesión del nervio frénico. El toro tendrá hipo y andará hacía atrás.
Se dan casos en que las estocadas son tan traseras que pueden llegar a lesionar el hígado y la panza.
En otras ocasiones veremos unos pequeños hilos de sangre en la boca y en la nariz. Esto sucede cuando el estoque ha tocado la parte más externa de los pulmones y el toro se tragará su propia sangre.

La tortura finaliza con el descabello y/o la puntilla. El descabello se realiza con una espada similar al estoque pero es recta y tiene un tope de 10 cm. Se introduce en el primer espacio intervertebral y su objetivo es seccionar la médula. Se dan casos de toreros que han necesitado hasta 21 descabellos para alcanzar su objetivo. Si con esto no se consigue el fin perseguido, se hace uso de la puntilla, puñal de 10 cm de longitud.

Una vez analizadas, según lo expuesto anteriormente, las numerosas y graves lesiones que sufre el toro, es el momento de explicar una de las razones, para mí la principal, del por qué los valores de cortisol en el toro lidiado no sean los que deberían ser.
Para ello transcribiré diversas conclusiones extraídas de trabajos de medicina científicamente contrastados:

• “Trabajos experimentales clásicos demostraron que para que ocurran ciertas respuestas endocrinas, como es la que media la liberación de cortisol a través de la ACTH, es necesario que estén intactos el estímulo neuronal y la transducción de la señal al sistema nervioso central”
• Y añade: “Por ejemplo, no existe respuesta de ACTH a operaciones en pacientes parapléjicos con transección de la médula espinal a nivel de la vértebra torácica 4”
• “La respuesta a estímulos nociceptores no activan la respuesta hormonal (la medida en el estudio) a menos que estén intactas las vías neuronales”
• “La respuesta puede amortiguarse o evitarse por lesiones neuronales (demostrado con bloqueos anestésicos) o de médula espinal”.

Yo opino que, este tipo de lesiones, son muy similares a las que producen las puyas en el sistema nervioso del toro.

Por tanto, después de saber las lesiones neurológicas que son capaces de provocar las puyas, las banderillas, el estoque y el descabello:

• ¿Será racional pensar que la respuesta hormonal anormal en lo que respecta al eje hipotálamo-hipófisis-adrenales tiene su por qué?
• ¿Es lógico que el toro transportado o que el que ha salido al ruedo y no ha sido lidiado tenga más cortisol que el que ha sido parcial o totalmente lidiado? Es lógico, porque esos toros tienen su sistema nervioso intacto.
• ¿Es lógico que los toros parcialmente lidiados tengan más cortisol que los cadáveres a los que se ha sacado sangre después de sufrir las puyas, y las banderillas, y cuya médula espinal ha sido finalmente seccionada en su totalidad? Claro que es lógico.

Por si fuera poco, existe otro mecanismo hormonal descrito por Selye hace muchos años, y que tiene vigencia en la actualidad. Se conoce como Síndrome General de Adaptación.
Ante una situación de amenaza para su equilibrio, todos los organismos emiten una respuesta con el fin de intentar adaptarse. Selye define este fenómeno como el conjunto de reacciones fisiológicas desencadenadas por cualquier exigencia ejercida sobre el organismo por la incidencia de cualquier agente nocivo llamado estresor. Se puede definir pues, como la respuesta fisiológica específica del organismo ante cualquier demanda o agresión, que pueden ser tanto físicas como psicológicas.

No me extenderé demasiado en la descripción de este fenómeno, pero os diré que pasa por tres fases:

• Fase de alarma (con dos sub-fases, la de shock y la de contra shock), en las que se produce inicialmente una importante descarga de adrenalina, y posteriormente de ACTH, y como consecuencia de cortisol.
• Fase de resistencia o adaptación en que el organismo intenta superar, adaptarse o afrontar la presencia de los factores que percibe como una amenaza. Los niveles de corticoesteroides se normalizan, y desaparece la sintomatología del estrés pero, si el estímulo es recibido una y otra vez, suele suceder que aparezca una hipertrofia de la corteza adrenal, que establece un nivel de vitalidad por encima del que partimos.
• Fase de agotamiento que ocurre cuando la agresión se repite con frecuencia o es de larga duración, y cuando los recursos del animal para conseguir un nivel de adaptación no son suficientes.

Ya he dicho antes, que mi explicación a los anormales niveles de cortisol que presenta el cadáver del toro lidiado, se deben a las lesiones neurológicas descritas, pero también algunos etólogos y la doctora Susana Muñoz, achacan esta falta de respuesta al estrés, al agotamiento fisiológico al que es conducido el toro a través de la lidia. Quiere esto decir que no sabemos por que momentos de la curva de Selye estaban pasando los toros analizados, ya que las extracciones de sangre no se producen en momentos puntuales de las diversas suertes por las que pasa el toro, sino que son realizadas a posteriori, es decir, cuando los toros vuelven a los corrales vivos (los menos) o muertos (los más). No se trata por tanto de un estudio secuenciado, que sería indispensable para llegar a las conclusiones a las que se quiere llegar. Pudiera ser que la suma de factores condujera a esta atípica respuesta.

Existen otras sustancias que el profesor Illera ha encontrado en grandes cantidades en los cadáveres de los toros lidiados. Estas sustancias se engloban dentro de las denominadas catecolaminas, y son la noradrenalina (producida por el sistema nervioso simpático) y la adrenalina (producida por la médula adrenal). Dice en sus declaraciones que estas sustancias se encuentran en una mayor cantidad en los toros lidiados que en los transportados, cosa totalmente lógica.
La noradrenalina es segregada por las terminaciones nerviosas simpáticas, aumentando su concentración principalmente en el estrés de tipo físico, en situaciones de alto riesgo o de agresividad.
Estas sustancias son las encargadas de poner al organismo en estado de alerta preparándolo para luchar o huir. Curiosamente la adrenalina y la noradrenalina se elevan enormemente cuando se somete un animal a una situación de estrés y aumentan proporcionalmente a la intensidad y la gravedad de las lesiones. Si el toro lidiado tiene más catecolaminas en su sangre que el que no ha sido lidiado es evidente que éste último ha sufrido más.
Las concentraciones de catecolaminas en sangre consecutivas a una lesión se correlacionan mejor con el volumen de pérdida sanguínea y se observan además después de todas las formas de shock:

• Aumento de la coagulación.
• Incremento del ritmo cardiaco que puede desembocar en hipertensión arterial.
• Vasodilatación muscular y vasoconstricción cutánea.
• Incremento de la producción de tiroxina.

Es normal encontrar elevaciones importantes de estas sustancias como respuesta a estímulos como hipotensión, hipovolemia, hipotermia, hipoglucemia, hipoxia, dolor, ansiedad, y miedo. Es importante conocer que estas sustancias se utilizan en medicina y veterinaria cuando se requiere un efecto rápido y sinérgico sobre la función cardiaca. Por ejemplo, en una urgencia médica como es la insuficiencia cardiaca congestiva descompensada o simplemente una insuficiencia cardiaca aguda, su administración puede salvar la vida.

La segunda parte de éste desvarío científico, se basa en la aparición de unas sustancias denominadas betaendorfinas que el profesor Illera ha encontrado en grandes cantidades en el cadáver del toro lidiado. Su presencia, al contrario que el cortisol, es mucho más alta en estos toros que en los transportados en un camión o en los que salieron al ruedo y fueron devueltos a los corrales antes de pasar el calvario de las diversas suertes de la lidia.

Nuevo error del estudio al calificar a las betaendorfinas como hormonas neutralizadoras del dolor. Como he dicho anteriormente, en sus manifestaciones dice que, el toro lidiado descarga diez veces más betaendorfinas que la especie humana., y cómo he dicho antes, repito la pregunta: ¿alguno de ustedes ha sido lidiado?

Existen numerosos estudios sobre estas milagrosas sustancias, que algún “descerebrado” catalogó como las hormonas de la felicidad. Se sabe que se descargan en grandes cantidades durante el ejercicio, durante el consumo de drogas, y durante el acto sexual en la especie humana, pero también se sabe que son, junto con el cortisol, uno de los mediadores más importantes en las situaciones de estrés. Se sabe también que su descarga aumenta en casos de hemorragias para reestablecer el volumen de sangre circulante o proporcionar sustratos de energía. También aumentan cuando se produce lo que se conoce como Síndrome de choque circulatorio, así como cuando hay un shock neurogénico y trastornos ventilatorios.

A ver como se explica esto: El toro lidiado tiene menos cortisol que el esperado, con lo que se concluye que sufre poco estrés pero, resulta que su sangre está inundada de betaendorfinas que, curiosamente también se producen por el estrés. Y mi pregunta va más lejos: ¿Si las lesiones provocadas en el sistema nervioso por las puyas, las banderillas, el estoque y el descabello, impiden una normal respuesta hormonal en cuanto a la ACTH y el cortisol, ¿Por qué sí se produce con respecto a las betaendorfinas?
Pues una vez más, la medicina humana tiene respuestas para casi todo:

• “Se ha demostrado que la descarga de betaendorfinas se produce también a través de mediadores celulares, a través del sistema inmune, localmente en la zona donde se produce el dolor, es decir a nivel de los tejidos dañados”
• “Lo hace liberando lo que se denomina POE. El POE más abundante liberado por los linfocitos (células del sistema inmune) es la betaendorfina”
• “Su liberación a partir de células inmunes se produce principalmente por acción de la CRF (hipotálamo), de la interleucina 1 beta, de la interleucina 6 y del factor de necrosis tumoral alfa”
• “Ésta regulación sería la responsable de la respuesta que aparece cuando se produce la agresión en una zona denervada o bloqueada por lesiones neurológicas importantes, ya que no existe el estímulo neurológico aferente”.

Volvemos de nuevo a la importancia que tienen las lesiones neurológicas producidas por las suertes de la lidia a nivel del sistema nervioso.

Lo cierto es que es un error mayúsculo considerar a las betaendorfinas como sustancias neutralizadoras del dolor. Son muchos, numerosos, los estudios realizados en medicina humana que demuestran sobradamente que así es. La mayoría han sido realizados en mujeres de parto, y revelan que a mayor dolor (expresado por las mujeres a través de entrevistas después de dar a la luz) mayor es el valor de betaendorfinas detectadas en su sangre.
Está científicamente demostrado que en los partos distócicos, es decir, en aquellos en que hubo mayor sufrimiento fetal, tanto la madre como el feto contenían en su sangre un mayor valor de betaendorfinas.
Esto contradice lo que se nos cuenta, ya que según él, estas sustancias serían capaces en el toro de lidia de neutralizar el dolor. ¿Por qué en el toro de lidia sí y en el resto de las especies no?

Curiosamente las mujeres que recibieron cursillos de preparación para el parto fueron las que menor dolor manifestaron, y casualmente eran las que tenían niveles de betaendorfinas menores en su sangre. Queda claro según esta última apreciación que estas mujeres sintieron menos estrés y menos dolor a la hora de dar a luz, y por tanto su organismo descargó menos betaendorfinas. Estas mujeres por tanto, estaban más preparadas para afrontar una experiencia estresante y dolorosa como es el parto, y por ello sintieron menos estrés y menos dolor lo que condujo a una menor descarga de betaendorfinas.

Podemos decir por tanto que las betaendorfinas no son neutralizadoras del dolor, sino medidoras y mediadores de él y del estrés. A mayor dolor y mayor estrés, mayor cantidad de betaendorfinas en la sangre. Puedo decir que estas sustancias naturales han sido purificadas e inoculadas como analgésicos y que nunca han sido capaces de neutralizar el dolor, salvo cuando se administraron por vía intracraneal, y además, su vida media es sumamente corta.
No quiero incurrir en el error que se incurre en el estudio, es decir en comparar especies. A mí no se me va a ocurrir decir que el parto de una vaca es igual de doloroso que el de una mujer, porque estaría faltando a la verdad.

Para concluir diré, que gracias al estudio, a las mediciones de ACTH, de cortisol, de noradrenalina, de adrenalina y de betaendorfinas, sabemos que el toro lidiado sufre durante veinte minutos aproximadamente una de las mayores torturas a las que puede ser sometido gratuitamente un animal. Sus conclusiones, sin él quererlo, nos han ayudado a comprender lo que esconde en realidad detrás de la “fiesta nacional”.

Y para terminar, esperando no haberos aburrido demasiado, os diré que el profesor Illera incurre en una nueva contradicción que a mí me parece más grave que las anteriores:
En el año 2002, se publicó una tesis doctoral con el título: “Influencias de la lidia sobre los perfiles hormonales plasmáticos en el ganado bravo”. En el resumen de dicha tesis, se puede leer entre otras cosas: “A la vista de los resultados obtenidos, se observa que la lidia provoca un aumento significativo de las concentraciones de cortisol y de corticosterona (ACTH), tanto en novillos como en toros”. Los grupos de toros analizados para esta ocasión son los mismos que han sido analizados en el estudio del que os he hablado. Curiosamente, ésta tesis fue dirigida por el profesor Illera. Cinco años después de publicarse esto, asistimos a la presentación de un estudio, que también forma parte de una tesis doctoral, pero que dice todo lo contrario.

Conclusiones parecidas ya fueron publicadas en el año 1996 por una importante revista científica francesa (Renueve Medecine Veterinaire), en cuyo estudio se decía:

En este trabajo hemos estudiado la activación del eje corticotropo en el toro de lidia después de la corrida, por el cruce de la estimación de parámetros indicadores directos (concentraciones sanguíneas de cortisol y de ACTH) e indirectos (num. De glóbulos blancos, fórmula leucocitaria, glucosa sérica y colesterol suprarrenal). También se ha estudiado la relación entre la activación del eje corticotropo y el comportamiento manifestado por los animales a lo largo del combate. Se han comparado los toros toreados en la feria de San Fermín con los de la feria del Pilar. La diferencia fundamental de estas dos ferias reside en el encierro que solo se practica en Pamplona. La existencia de una respuesta de stress aparece en la mayoría de los toros estudiados por la presencia de signos tanto directos como indirectos de la activación del eje corticotropo. Sin embargo, los toros toreados en Pamplona han tenido una respuesta de stress más intensa. También se ha observado que en Pamplona el porcentaje de animales con caídas es significativamente más débil que en Zaragoza. Una razón de estas diferencias podría encontrarse en el encierro. Éste podría constituir un estímulo previo de la activación del eje corticotropo pudiendo provocar este aumento de la respuesta del eje de cara al stress del combate.

Podríamos pensar en función de los estudios mencionados, el que se ha hecho público en febrero de 2007, y el que se publicó en 2002 ( que corrobora el de la revista francesa a la que he hecho referencia publicado seis años antes) que existe una profunda contradicción entre ambos.
Lo que si queda demostrado sea cual sea el que se ajusta más a la realidad, es que la lidia supone un importante estrés para el toro, y que tendrán que ser los que han incurrido en la contradicción los que nos den explicaciones.
En cuanto al dolor que se infringe al toro, las altas tasas de betaendorfinas que se han detectado en sus cadáveres dejan claro que ha sido enorme, considerando a estas hormonas como lo que son, es decir, mediadoras y medidoras del dolor y del estrés, y de ninguna manera neutralizadoras de los mismos.

José Enrique Zaldivar Laguía.
Veterinario.