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jueves, 1 de abril de 2010

LA CRUDA REALIDAD DEL TORO DE LIDIA

Ciencias Naturales

Ciencias de la Vida

La cruda realidad del toro de lidia

Las características fisiológicas del toro de lidia lo han llevado a la gloria, por considerarse el símbolo de un país, y a la perdición, por morir de forma cruel debido a intereses que van más allá de la cultura y la historia. En el Año Internacional de la Biodiversidad, su condición de mártir compromete el bienestar animal y la bondad humana.

El toro de lidia en el ruedo. Foto: Antonio Martínez.

En 2010, el Parlamento catalán -a propuesta de la Iniciativa Legislativa Popular antitaurina en Cataluña- podría dar un paso más en la prohibición de una práctica que desconcierta, y también en la protección de este animal. El toro de lidia, como cualquier ser vivo, tiene un lugar en este planeta, pero ¿cuál?

Para José Enrique Zaldívar, veterinario por la Universidad Complutense de Madrid y vicepresidente de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia (AVAT), es un animal doméstico “porque su existencia y supervivencia depende exclusivamente de la especie humana, la que se ha ocupado de su selección y de su alimentación. No sobreviviría a su libre albedrío, no es un bovino salvaje”.

Su crianza parece estar ligada de manera inexorable a la lidia, o a ciertos espectáculos taurinos. “El hombre crea al toro de lidia; no nace por generación espontánea”, asegura Zaldívar. Pero no todos los toros son iguales. Cambian su pelaje, su cornamenta y su estructura corporal en función de la ganadería.

Un mito de carne y leche

La creencia es que el toro de lidia es descendiente directo del bóvido salvaje, conocido por Uro primigenio o Bos taurus primigenius, y que desapareció de los bosques de Lituania en 1627. Pero este bovino de grandes dimensiones (entre uno y dos metros de altura, con cuernos que daban varias vueltas y acababan en puntas) también llamado Auroch, es, en realidad, el ancestro común de todas las especies de bóvidos de carne y de leche.

En la actualidad, un equipo de científicos pretende “resucitar” a Auroch en Holanda, dentro del Proyecto Taurus, y repoblar algunos ecosistemas de Europa a partir de cruces de bóvidos. Resulta ilustrativo que entre las subespecies de la Península Ibérica elegidas para el proyecto no figure el toro de lidia. “Se han elegido la Pajuna, la Sayaguesa, y la Tudanca”, informa Zaldívar.

El toro de lidia tiene la riqueza genética de cualquier otra subespecie y el factor cultural que la sociedad quiera darle. Pero ¿es más importante que la avileña (bovino ibérico) o que el guará català (burro catalán)? “Posiblemente no”, matiza Antoni Dalmau, investigador en el Subprograma de Bienestar Animal del Instituto catalán de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (IRTA).

Del campo al ruedo

Antes de tener una “utilidad” exclusivamente lúdica, la domesticación de los bóvidos se inició con un fin alimenticio, como ha pasado con otras especies animales. De estos bóvidos se seleccionaron los bovinos con mayor “fiereza”, que en realidad eran los más complicados de manejar para la crianza, para los espectáculos que dieron lugar a la tauromaquia, pero al final, “es tan vaca la de Milka de los anuncios como la madre de cualquier toro de lidia”, indica Dalmau.

Pero no está sólo el toro, también lo están las dehesas en las que habita. “Las dehesas estaban antes que este animal”, comenta Zaldívar que cuestiona la idea de que el toro de lidia sea beneficioso para estos espacios protegidos. “Si desaparece el toro, las dehesas van a permanecer ya que son utilizadas por los mismos ganaderos de lidia, para la crianza del cerdo ibérico, explotación de ganado ovino, de otras razas de vacuno, e incluso como cotos de caza”, apunta el veterinario.

En el caso de abolirse la tauromaquia, “el toro de lidia y su crianza dejarán de tener sentido”, afirma el vicepresidente de AVAT. Pero el animal no desaparecería. Al igual que el burro, que ha dejado de tener “utilidad” como animal doméstico, se conservarían algunos ejemplares del toro para mantener esta subespecie.

Para el investigador del IRTA, “resulta complicado saber cómo se gestionarían algunas fincas dedicadas a la cría de este ganado si éstos no existieran”. Podrían abandonarse o criar otros toros más dóciles.

“Muchos équidos, porcino y ovino han desaparecido a lo largo de los años y nadie ha clamado por ello”, señala Zaldívar que está en contra de “la crianza de un animal cuyo fin es ser torturado y muerto en un espectáculo que agrada a una parte de la ciudadanía”. Los toros que no acaban en el ruedo, son seleccionados y enviados al matadero o a algún otro tipo de “espectáculo”.

Bienestar animal, leyes que protegen a medias

El sufrimiento, dolor y muerte del toro ante miles de espectadores en una corrida cuestionan también las leyes sobre bienestar animal, normas que hasta 2005 eran una prioridad en el Plan Estratégico de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE, por sus siglas en inglés).

Sin embargo, las seis directrices adoptadas por los 174 países de la OIE desde mayo de 2005 no incluyen el manejo del toro de lidia, aunque aborden el bienestar animal en el transporte por vía marítima, por vía terrestre, por vía aérea, el sacrificio de animales para consumo humano, la matanza de animales con fines profilácticos (protección de una enfermedad), y el control de la población de perros vagabundos.

Ya lo anunciaba el artículo III-121 de la Constitución europea: “los animales son seres con capacidad de sentir emociones y los países de la UE deben poner el máximo empeño en proporcionarles unas buenas condiciones en relación al bienestar, pero respetando ritos religiosos y tradiciones culturales”.

“El caso del toro de lidia se encuadra dentro de este último punto. Siempre y cuando no haya choque entre tradiciones culturales y leyes de bienestar animal, éstas últimas deben cumplirse como en cualquier otro tipo de animal. En caso de choque entre ambos aspectos, prevalece la tradición cultural. Lo cual permite que se realicen las corridas”, asegura Dalmau.

En España, las comunidades autónomas establecen las leyes al respecto. “No existe una ley estatal unitaria sobre protección animal; cada autonomía ha desarrollado las suyas propias. La más moderna es la catalana, lo que da pie a que, merced a la modificación de su artículo sexto de la Ley de Protección Animal, se pueda prohibir matar toros en espectáculos públicos”, menciona Zaldívar.

El negocio está detrás

A pesar de que en 2009 el número de festejos taurinos descendió un 23% respecto a 2008, y unas 3.000 reses se quedaron sin lidiar, el trasfondo económico de las corridas supera al bienestar animal.

“Es imposible que alguien quiera criar toros de lidia por amor a la tradición, a la cultura, o a los símbolos de identidad nacional. Los ganaderos del toro de lidia ganan dinero”, arremete el veterinario, que afirma que sin las subvenciones directas o indirectas que reciben los criadores de toros de lidia como productores de carne ganado bravo (denominación de origen) por parte del Estado, comunidades autónomas, ayuntamientos y UE, “la tauromaquia no lograría subsistir”.

Según el Boletín Oficial del Estado publicado el pasado 23 de marzo de 2010, las subvenciones a criadores del toro de lidia ascienden a 803.757 euros que se reparten entre cinco asociaciones. A esto se añaden las ayudas indirectas como las que se otorgan a las escuelas de tauromaquia, las que se emplean en la construcción y rehabilitación de plazas, o las que dan los ayuntamientos para las fiestas populares.

Una parte de la población española defiende la tauromaquia como forma de expresión y arte de la cultura y tradición españolas, pero el sufrimiento y dolor inflingido a estos animales por el bien de la feria cuestiona su ética. ¿Qué tipo de cultura es la que mata a un animal en público y observa su agonía con placer? La española podría tomar ejemplo de la desaparición de viejas tradiciones, como la caza del zorro con perros en Inglaterra y Gales, prohibida por ley en 2005 (en Escocia se ilegalizó en 2002). Las nuevas generaciones decidirán.

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El sufrimiento del toro, paso a paso

En 2007, Juan Carlos Illera, investigador en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid publicó un artículo en la revista no científica 6Toros6 en el que afirmaba que durante las corridas los toros de lidia eliminan el dolor, y por lo tanto no sufren gracias a un sistema hormonal desarrollado. La polémica no hizo más que empezar.

José Enrique Zaldívar, el investigador y veterinario que lleva tres años estudiando este tema, considera que el toro “sufre una enorme agonía durante la lidia”. Además de provocar lesiones anatómicas como son la rotura de músculos (más de 20), de ligamentos, tendones, vasos, y nervios, a causa de los instrumentos empleados por los toreros, también se producen fracturas de estructuras vertebrales, de costillas y de sus cartílagos de prolongación.

Zaldívar explica que las puyas insertadas en el animal durante la lidia le limitan su movilidad, ya que afectan al plexo braquial, que se ocupa de la inervación del tercio anterior. “Como consecuencia de las puyas el toro puede perder entre un 8 y un 18% de su volumen sanguíneo”, precisa el veterinario.

La estocada le provocará la muerte por una profusa hemorragia en la cavidad torácica. “En sólo el 20% de las ocasiones la espada va a seccionar los grandes vasos del tórax, lo que haría la agonía más corta”, comenta Zaldívar.

La puntilla le provoca la asfixia por cortarle el bulbo raquídeo. Según las analíticas sanguíneas realizadas por los veterinarios, existen graves alteraciones orgánicas durante la corrida. “El 93% de los toros lidiados presenta acidosis metabólica, compatible con el sufrimiento, y la incapacidad del organismo para regular sus constantes vitales”, señala Zaldívar.

Otros estudios científicos señalan importantes lesiones musculares por el sobreesfuerzo que supone la lidia para el toro, “para la que es evidente que no está preparado”. Además, el 23% de los toros lidiados tienen lesiones oculares.

Según el taxidermista de la plaza de Las Ventas en Madrid, “el 60% de los toros lidiados en esta plaza presentan fracturas o fisuras de cráneo”.

PERFIL DEL TORO DE LIDIA

- Número: Hay 113.000 madres por año en España.

- Peso: Un novillo (toro de 4 años) pesa más de 400 kilos, y un toro más de 500.

- Reproducción: El grupo de sementales no es muy numeroso, los hay jóvenes en prueba (dos años cumplidos) y ya probados (más de cuatro años) que cubren la mayor parte de la vacada. Se habla de un toro por cada 50 hembras. Estas son tentadas de becerras con caballo y con capote. Las que demuestran “bravura”, pasan a ser madres, y las que son desestimadas, van al matadero. Su periodo de gestación es de 9 meses. El destete se suele hacer con 6 u 8 meses. Desde los 2 meses, los animales reciben piensos compuestos.

- Alimento: Basado en cereales (trigo, centeno y cebada principalmente), leguminosas-grano (habas, guisantes), forrajes (alfalfa, avena), y piensos compuestos (de origen vegetal y animal). En las explotaciones donde hay encinas, los toros también comen bellotas, y las hojas de este árbol. Cuando son elegidos para una corrida, son alimentados sobre todo con pienso compuesto un tiempo antes de ser transportados.

- Muerte: En 2009 se realizaron 1.877 “festejos taurinos”, de los que 1.443 corresponden a corridas de toros. Cada año mueren entre 8.700 y 12.000 toros, según fuentes.

- Precio: De 2.000 a 12.000 euros por cada toro, en función del tipo de “espectáculo” (plaza de primera, de segunda, de tercera o festejos de pueblos). Debido a la crisis, los precios también han bajado.

- Esperanza de vida sin corridas: Las cifras son un poco secretas. Algunos toros a los dos años son probados para ser sementales, y pueden convertirse en ello a los 4-5 años o llevados a la plaza o al matadero.

- Debate: Aunque no hay cifras absolutas, las encuestas realizadas apuntan que un 70% de la población está en contra de las corridas de toros.

¿CUÁNTO DOLOR SIENTE EL TORO?

EUREKA
ANIMALES /Polémica científica
¿CUÁNTO DOLOR SIENTE EL TORO?
Tras la iniciativa popular para abolir los toros en Cataluña, cinco científicos debaten, con las últimas investigaciones en la mano, hasta dónde llega el sufrimiento de las reses bravas durante la lidia
MIGUEL G. CORRAL (El Mundo)

No hay ningún animal que cuando le hagas daño no huya», dice Juan Carlos Illera. «Y yo mismo he visto a un toro de lidia en un tentadero en campo abierto volver hacia el caballo hasta 10 veces tras ser picado cuando podía haber huido si lo hubiera querido», asegura este profesor titular de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. Juan Carlos Illera del Portal lleva 17 años estudiando los procesos fisiológicos que se desencadenan en las reses bravas durante la lidia y sus conclusiones indican que estos animales tienen especialmente desarrollado un sistema hormonal que les permite eliminar casi por completo el dolor.

Tras el gran revuelo que se ha formado recientemente en torno a la Iniciativa Legislativa Popular sobre la prohibición de los toros en Cataluña, parecía lógico que un científico con resultados como estos en la mano tendría que ser llamado a comparecer ante la comisión de Medio Ambiente del Parlament catalán. Y así fue. Sus investigaciones, que muestran al toro de lidia como una excepción dentro del reino animal por su capacidad de disfrazar el dolor, motivaron que fuese uno de los expertos llamados a comparecer. Sin embargo, también fueron reclamados otros científicos que ponen en duda los resultados obtenidos por el profesor Illera del Portal.

HORMONAS.- Todos los vertebrados producen de forma natural sustancias químicas similares a la morfina o a la heroína. Se trata de las endorfinas y, según las investigaciones de Illera, se generan en el tálamo, una parte del cerebro situada en el centro del mismo, bajo la corteza cerebral. «El tálamo regula toda la información relacionada con el dolor y el toro de lidia tiene esta área un 20% más desarrollada que otras especies de rumiantes», explica Illera. «Dolor tiene que sentir mucho, pero este animal libera una gran cantidad de hormonas opiáceas que le permiten controlar esa sensación», dice.

El veterinario y vicepresidente de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia (Avat), José Enrique Zaldívar, respeta los resultados de laboratorio del profesor Illera, pero desmiente algunos de los preceptos en los que se basa su colega. «Evidentemente no puedo negar esta afirmación, la de su tamaño, pero sí les puedo decir que el tálamo no es el encargado de responder ante el dolor. Esta estructura procesa las sensaciones y propaga los impulsos, pero es la corteza cerebral la que decide la respuesta», explica Zaldívar.

Miguel Ibáñez, profesor de Etología y Bienestar Animal de la Universidad Complutense de Madrid, coincide con esta visión. «Quizá el tálamo sea más grande que el de un ser humano, pero esto no quiere decir que tenga más capacidades», asegura el científico. «El delfín tiene más desarrollo cerebral que el hombre, ¿quiere decir esto que tiene mayor inteligencia?».

Para el filósofo y profesor de Investigación del CSIC Jesús Mosterín, que ha dedicado buena parte de su carrera a la filosofía de la ciencia, la producción de endorfinas, por alta que sea, no es un patrimonio único de los toros de lidia. Según manifiesta sin tapujos, «si este sistema es una justificación para torturar a los toros, también lo sería para hacerlo con los seres humanos, que poseen la misma capacidad de producir endorfinas».

El equipo que dirige Juan Carlos Illera del Portal también ha medido la velocidad de respuesta cerebral ante el estímulo del dolor y ha encontrado que es más rápida que en otras especies, por lo que, según Illera, el animal deja de sentir el dolor intenso rápidamente. «El mayor tamaño del tálamo implica que hay más neuronas en esa parte, lo que se traduce en un aumento de la velocidad de respuesta ante el dolor». En la actualidad, las investigaciones del profesor Illera se centran en estudiar los receptores encargados de transmitir el dolor hacia el cerebro. «Es un trabajo de chinos porque tenemos que analizar todos ellos y en cada centímetro de piel hay varios miles». El trabajo aún está en fase de elaboración, pero el equipo de Illera ya ha medido 10 toros y ha encontrado que el 80% de los receptores queda bloqueado en pocos segundos debido al efecto de las endorfinas.

El veterinario de la plaza de toros de Las Ventas en Madrid Fernando Mirat asegura que no es un experto en los procesos fisiológicos bovinos, pero afirma que los toros de lidia son más resistentes al dolor que otros animales. «Eso lo he podido comprobar yo mismo cuando hacía estudios clínicos».

Antes de investigar el sistema hormonal de las endorfinas, el profesor Juan Carlos Illera estudió los niveles de estrés que sufren los animales desde que son transportados a la plaza hasta el momento de las diferentes lidias (recortes, corridas de rejones, lidia portuguesa y tradicional). Los resultados de Illera mostraban que las reses tenían tres veces más estrés durante el transporte en camión hasta el coso taurino que durante la propia lidia.

Para hacerse una idea del estrés al que están sometidos los animales, los investigadores midieron los niveles de dos hormonas llamadas cortisol y catecolamina y que son liberadas por las glándulas adrenales, situadas en el riñón. Resulta llamativo que los resultados del estudio indiquen que los toros sufren más estrés durante la lidia portuguesa -en la que no hay puyas ni muerte en el ruedo- que durante las corridas de rejones y en éstas aún más que en la lidia tradicional.

José Enrique Zaldívar asegura que hay diversos estudios científicos de prestigio que demuestran que para producir las hormonas del estrés es indispensable conservar intacto el aparato de transmisión del sistema nervioso. «Lo normal es que la puya dañe la piel y el músculo, pero en ocasiones puede lesionar la apófisis espinosa de la columna», reconoce el veterinario de Las Ventas Fernando Mirat.

DAÑO NEUROLÓGICO.- «En todos, absolutamente todos, los estudios consultados al respecto, se reconoce que los puyazos suponen, entre otras cosas, un gran daño neurológico para el toro», dice Zaldívar. «En más del 70% de los toros estudiados se ha determinado que las puyas son clavadas en zonas muy posteriores a la indicada como ideal». En opinión del vicepresidente de Avat, las conclusiones de Illera sobre el estrés del toro durante las diferentes lidias llevan a pensar que, a medida que el sistema nervioso central va sufriendo mayores agresiones, la respuesta al cortisol se ve disminuida, lo que, para Zaldívar, invalida los resultados del estudio.

Todos los investigadores consultados aseguran que a la investigación de Illera le falta peso científico y que por ese motivo no ha sido publicada en una revista sometida a la evaluación de otros colegas. «Estas publicaciones no tienen ningún valor. No sólo importa lo que se publica sino dónde se publica. Yo he sido director de un departamento universitario y allí podría haber publicado que la Tierra es cuadrada», dice Jesús Mosterín. Juan Carlos Illera se defiende asegurando que las revistas científicas en el momento que ven la palabra bullfighting (corrida de toros en inglés) devuelven la investigación de forma automática por ser un tema polémico.

El etólogo Miguel Ibáñez cree que la vertiente psiquiátrica también tiene una gran importancia y rara vez se le otorga el papel que debiera. «No se trata de si le duele o no le duele o de si tiene o no otros estímulos que superan los del dolor», dice Ibáñez. «El tema de fondo es que unos cuantos seres humanos disfrutan con la tortura de otro ser vivo con el objetivo de manifestar su poder sobre él y eso se llama sadismo».

APOYOS

BANDERILLAS

EL SÍMBOLO DE LA FIESTA

Las banderillas son palos delgados de unos 75 centímetros adornados con papel de colores, que se clavan en número de seis a cada toro y que llevan en su extremo un arpón de acero. En su parte visible, esta punta cortante tiene entre 4 y 6 centímetros de longitud. Esta suerte lesiona la piel y el tejido muscular. Desgarran muchas de las estructuras anatómicas dañadas con anterioridad por las puyas y producen lesiones en unos 10 centímetros alrededor de donde han sido insertadas, aumentando la pérdida de sangre en el animal.

ESTOQUE Y PUNTILLA

LAS ARMAS LETALES

El estoque es la espada usada en la lidia para dar muerte al toro. Es una espada curvada de más de 80 centímetros de longitud. La espada lesiona órganos y estructuras anatómicas de la cavidad torácica tales como el pulmón, el corazón o los vasos sanguíneos, dependiendo de la colocación y la dirección de la espada. Pero, en ocasiones, queda mal situada y puede llegar a lesionar órganos de la cavidad abdominal, como el hígado o algún preestomago. La puntilla es un cuchillo de 10 centímetros de hoja, que penetra entre el hueso occipital y la primera vértebra y secciona el bulbo raquídeo, provocando la parálisis general del animal.

PUYA

UNA SUERTE PARA DEBILITAR

La puya es un arma metálica cortante y punzante que consta de 6 centímetros de cuerda encolada y de 2,5 centímetros de púa piramidal afilada en sus dos aristas usada para restar fuerza al toro. Esta suerte está unida a una vara que facilita su uso desde el caballo y está provista de un tope cilíndrico cuyo objetivo es impedir que la puya entre en el cuerpo del animal más de los 8,5 centímetros de longitud total que tiene. El lugar ideal para la realización de esta suerte es el morrillo, que se sitúa en el cuello entre la 4ª y 6ª vértebra cervical.


Repercusión del artículo en Knight Sciencie Journalism Tracker


El Mundo: Toros y la ciencia del dolor

(English intro to Spanish lang. post) Many people in Spain gather at bullrings to watch a animals repeatedly slashed with sharp iron points by horsemen, while men dressed on a funny costumes stick decorative banderillas 6 cm deep in their necks, and while brave toreros kills them by plunging 80 cm swords into their backs and through their chests. It’s culture and tradition for some. It is cruelty and barbarism for others – and some in the last weeks are trying to ban bullfighting in the region of Catalonia. Has science anything to say about this issue? Not really. But a veterinary professor from the Complutense University of Madrid says that he has done studies showing that these special bulls don’t suffer as much pain as other ruminants. One of the “proofs” is that when the picador punches the bull, the animal persists on attacking his horse instead of running away. The other evidence is that they seem to have 20% bigger thalamus, the brain structure that produces endorphins, the hormones than minimize the pain. He also has found that the brain signals in this region activates faster than usual. Suspiciously, these findings that could become important discoveries have not been published in any peer review journal. A story in the science Sunday section of El Mundo gives some credit to this research, and confront it with the critical views of other physiologists. The story is acceptable and very well written, but it ends up being a “one side says this, the other says that” without references to scientific data or judgment from third parties. We think it misses an opportunity for useful science reporting on a popular issue.

Desde hace varias semanas en España hay un encarnizado debate social y mediático a raíz de la solicitud que grupos antitaurinos han hecho llegar al Parlamento de Cataluña para que prohíba los toros en esa región. Para los abolicionistas las corridas son una crueldad innecesaria, vergonzosa, y disfrutar de ver cómo se tortura a un animal es un acto inmoral que puede ser calificado de sádico. Para sus defensores los toros son espectáculo, cultura, tradición, arte; y hay animales sufriendo mucho más en condiciones bastante peores. ¿Tiene algo que decir la ciencia al respecto? No mucho, la verdad. La ciencia informa, y la ética valora. Pero sí hay un subterfugio por el que la ciencia se ha colado en esta discusión: un profesor de veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid asegura que los toros de lidia sufren mucho menos dolor que el resto de ruminates. El suplemento dominical Eureka de El Mundo presentaba ayer un reportaje de Miguel G. Corral explicando en qué sustentaba Juan Carlos Illera sus afirmaciones, y las críticas a su trabajo de otros veterinarios y fisiólogos.

Empecemos por un detalle muy importante: los estudios de J.C. Illera no están publicados en ningún peer review journal. Él se defiende diciendo que las revistas científicas no quieren ni oír hablar del término bullfighting, pero suena a excusa intolerable. Si sus investigaciones estuvieran bien realizadas metodológicamente, y los resultados sustentaran con claridad el punto que él defiende, sin duda sería un trabajo muy importante que las revistas querrían publicar. A nosotros, esto nos genera una incredulidad inicial.

Según explica Miguel en su pieza, Illera argumenta primero que si el toro sufriera tanto dolor, huiría al ser picado por el picador en lugar de continuar ensañándose con su caballo. Ehem. Luego llega el argumento científico: el tálamo de los toros de lidia es un 20% mayor que el resto de rumiantes. El tálamo es donde se producen endorfinas (hormonas que actúan como opiáceos), y por tanto, el toro segrega más de estas sustancias que minimizan el dolor. Además, dice haber medido la velocidad de respuesta cerebral ante el dolor y ser más rápido que en otras especies. Insistimos: si esto hubiera sido demostrado fehacientemente, ya debería estar publicado. En el artículo aparecen varias voces científicas discrepando de los estudios de Illera. Podéis leerlas en el original. Aquí más bien se trata de comentar el trabajo periodístico. Y a tal respecto, a pesar de valorar positivamente la intención de tratar desde la perspectiva científica este asunto, consideramos que el reportaje se queda a medias. No parece haberse tomado realmente en serio la aportación que puede hacer la ciencia al debate sobre el dolor del toro. Sobre la fisiología del dolor en mamíferos, o el papel del tálamo, debe haber mucha más literatura científica. Y además de buscar respuestas en los antitaurinos, hubiera sido la situación ideal para preguntar la opinión de expertos completamente neutrales, que analizaran mejor los peculiares puntos que defiende Illera. El lector se queda bastante indiferente. Lo percibimos un poco como una oportunidad perdida de demostrar de qué es capaz el periodismo científico riguroso: Dejar un poco de lado las opiniones individuales, analizar en serio si el toro de lidia puede sentir menos dolor que otro rumiante, y criticar duramente el trabajo de Illera si en verdad es fraudulento. Aunque lo sospechamos, nos quedamos con la duda.

- Pere Estupinyà

sábado, 6 de marzo de 2010

COMPARECENCIA EN EL PARLAMENTO CATALÁN





Gracias señora presidenta, señores diputados, organizaciones y público asistente.

El título de mi comparecencia es:

El sufrimiento del toro en la lidia: Lesiones anatómicas, alteraciones metabólicas y neuroendocrinas
(Reducido)


Los argumentos taurinos para defender la fiesta se vieron incrementados en el año 2007 gracias a la aparición de una hipótesis en la que se cuestionaba el sufrimiento del toro durante la lidia. El estudio fue realizado por veterinarios de la facultad de veterinaria de Madrid, y tuvo y tiene amplio eco entre los defensores de la tauromaquia.

Lo que les voy a plantear hoy, en ésta mi comparecencia, son una serie de datos objetivos que aparecen en numerosos trabajos, muchos de ellos llevados a cabo por veterinarios de plazas de toros y publicados en libros y revistas científicas.

Una vez escuchada mi exposición, deberán ser ustedes los que decidan si el toro bravo es un animal adaptado para la lidia, que ha nacido para morir en un ruedo, y lo que es más importante, si dicho espectáculo supone maltrato, dolor y sufrimiento para el animal, y que por tanto sería susceptible de ser prohibido en la Comunidad Autónoma de la que ustedes son diputados, a través de la modificación del artículo 6º de su Ley de Protección Animal.

La lidia consta de una serie de tercios en los que el toro es picado, banderilleado, y herido de muerte con el estoque, siendo posteriormente descabellado y apuntillado.

La puya es un arma metálica cortante y punzante que consta de 6 cm de cuerda encolada y 2.5 cm de púa piramidal tan afilada en cada una de sus aristas como la hoja de un bisturí. Va provista de un tope cilíndrico que debería impedir que entrara en el cuerpo del animal más de esos 8.5 cm.

Son muchos los estudios anatomopatológicos que se han desarrollado sobre cadáveres de toros lidiados para determinar las lesiones que provocan.

Los cánones taurinos marcan como lugar "ideal" para la realización de esta suerte, la zona anatómica conocida como morrillo, que se sitúa en el cuello entre la 4ª y 6ª vértebra cervical, lugar donde asienta una gran masa muscular responsable junto a determinados ligamentos de los movimientos de extensión de la cabeza. Como podrán ver y saber a continuación esto casi nunca es así.

En todos, absolutamente todos los estudios consultados al respecto, se reconoce que los puyazos suponen, entre otras cosas, un gran daño neurológico para el toro.

En más del 70% de los toros estudiados, se ha determinado que las puyas son clavadas en zonas muy posteriores a la indicada como "ideal". Las lesiones descritas afectan a más de 20 músculos, sin contar los intercostales y costales. Todas estas estructuras son necesarias para la movilidad del tercio anterior de animal, los movimientos del cuello, y de la cabeza, y para la función respiratoria. Pero no son sólo los músculos, tendones y ligamentos los que son seccionados, sino también importantes venas, arterias, y nervios

Los resultados indican que la profundidad media de los puyazos es de 20 cm, habiéndose encontrado trayectorias de hasta 30 cm. Se sabe que una sola vara puede abrir hasta 7,4 trayectorias diferentes.

Se reconoce que las puyas provocan fracturas de apófisis espinosas y transversas de vértebras, fracturas de costillas, y de sus cartílagos de prolongación, y que pueden perforar la pleura y el pulmón, dando lugar a neumotorax. Del mismo modo son inevitables las lesiones de la médula espinal, las hemorragias en el canal medular, y la lesión de nervios tan importantes como el plexo braquial (que se ocupa de la inervación de las extremidades anteriores), y de las ramas dorsales de los nervios espinales que se encuentran paralelos a la médula.

Las pérdidas de sangre que sufre un toro en la suerte de varas son algo contradictorias, oscilando entre el 8 y el 18% de su volumen sanguíneo. Un toro de 550 kilos perdería entre 3 y 7 litros de sangre tras los puyazos.

Las banderillas, que se clavan en número de seis, llevan en su extremo un arpón de acero cortante y punzante, que en su parte visible será de una longitud de 4-6 cm. Desgarran muchas de las estructuras anatómicas lesionadas con anterioridad por las puyas, y producen lesiones en unos 10 cm alrededor de donde han sido insertadas, aumentando la pérdida de sangre en el animal.

El estoque, una espada curvada de 80 cm de largo, debería lesionar o secciónar los grandes vasos que asientan en la cavidad torácica, es decir, la vena cava caudal y la arteria aorta posterior.

Lo que sucede con más frecuencia es que el estoque lesiona cordones nerviosos laterales a la médula, lo que provoca la desconexión de todo el aparato motor de la caja torácica, lo que añadido a la gran lesión del pulmón derecho, da lugar a una dramática dificultad respiratoria. La sangre pasa del pulmón a los bronquios, de allí llega a la traquea, y sale al exterior por la boca y la nariz.

En otras ocasiones se atraviesa el diafragma, lo que va a producir una parálisis por lesión del nervio frénico; la lesión del nervio frénico puede determinar compromiso de la función diafragmática con insuficiencia respiratoria.

Se dan casos en que las estocadas son tan traseras que pueden llegar a penetrar en el hígado y la panza.

En otras ocasiones veremos unos pequeños hilos de sangre en la boca y en la nariz. Esto sucede cuando el estoque ha tocado la parte más externa de los pulmones y el toro se traga su propia sangre.

En 57 corridas estudiadas (342 reses) tan sólo el 20% de las estocadas lesionaron la vena cava caudal.

En el año 2003 se publicó un estudio en el que tras el análisis de 434 toros se certifica la presencia de émbolos en el tejido pulmonar y hepático en un alto número de animales, que se atribuyen a la irrupción de la espada en la región intratorácica, órganos intraabdominales, así como en las estructuras vasculares.

La lidia concluye con el descabello y la puntilla.

El descabello se realiza con una espada similar al estoque, pero que lleva un tope de 10 cm. Su misión es lesionar y seccionar la médula espinal entre la 1ª y 2ª vértebra cervical.

La puntilla se le da al toro con un cuchillo de 10 cm de hoja, que una vez introducido en el espacio occipito-atlantoideo secciona el bulbo raquídeo, provocando la parálisis general del animal con disminución de la presión arterial. Los movimientos respiratorios se van paralizando y la sangre circulante, cargada de CO2, produce hipoxia en el encéfalo. Se dice que provoca la muerte instantánea del toro, pero no es cierto, ya que va a dar lugar a la la muerte por asfixia. Algunos animales presentan durante algún tiempo después reflejos que son compatibles con la vida. La puntilla está prohibida en todos los mataderos de la UE por considerarse un método cruel de dar muerte a un animal.

Pero no son sólo éstos los datos que les puedo aportar para demostrar que la lidia es un acto cruel de maltrato animal, con una profunda repercusión en las constantes vitales del toro, lo que demuestra el sufrimiento físico y psíquico a que es sometido.

En estudios realizados para determinar las alteraciones metabólicas que sufren estos animales queda patente su incapacidad para adaptarse a la misma.

32 parámetros sanguíneos han sido estudiados en cientos de toros lidiados y dados muerte en la plaza. Todos estos valores sufrieron importantes modificaciones en un espacio de tiempo relativamente corto, el que dura la lidia, y todas las alteraciones, tanto a la alta como a la baja, pueden ser consideradas como patológicas. Estos animales presentan graves alteraciones hepáticas, renales, del equilibrio ácido básico, del recuento de células sanguíneas, y de sus valores hormonales. En el dossier que se les ha entregado tienen una amplia información al respecto.

Estas analíticas revelan un grave estado de hemoconcentración y deshidratación por la pérdida de fluidos que experimenta el animal.

La presencia de un pH ácido en la sangre en el 93,5% de los toros analizados, demuestra un estado de acidosis metabólica que podemos considerar como grave. Un pH sanguíneo bajo significa que la sangre contiene demasiado ácido, lo que es perjudicial para las células del organismo. El origen de este estado patológico hay que buscarlo en el sobreesfuerzo que supone la lidia, para la que el toro no está preparado.

También ha sido merecedora de estudio la función respiratoria del toro durante la lidia, mediante la medición de gases sanguíneos (gasometría). De estos trabajos podemos deducir un gran sufrimiento.

Las mediciones incluyen la presión parcial de oxígeno (PO2), la presión parcial de dióxido de carbono (PCO2), el pH, el bicarbonato (HCO3-), el dióxido de carbono total (TCO2), el exceso de bases (EB), y la saturación de oxígeno (sO2).

Los valores obtenidos después de la lidia demuestran la incapacidad de los pulmones para eliminar el CO2 que se está produciendo, disminuyendo la presión parcial de oxígeno (PCO2) y aumentando la presión parcial de dióxido de carbono (PO2). Una muestra más de la incapacidad del toro para adaptarse al castigo a que es sometido.

Según el taxidermista de la plaza de toros de Las Ventas, el 60% de las cabezas de toros sobre las que ha trabajado, presentan fisuras o fracturas de cráneo. Un conocido crítico taurino, se refirío a esta circunstancia como el "crimen del estribo del picador"

Un estudio realizado sobre más de 6000 toros revela un gran número de lesiones oculares que sufren estos animales durante la lidia, en el desembarco del camión, o durante la espera previa a su salida a la plaza. En un 23% de ellos, se encontraron úlceras de córnea, desprendimientos de retina, luxaciones y subluxaciones de cristalino, fractura del borde orbitario en el arco superciliar, y hemorragias intraoculares.

Incidiendo en el estudio al que he hecho referencia al comienzo de mi exposición, y en el que nada se dice de todas las alteraciones orgánicas y anatómicas que he descrito, les haré una serie de puntualizaciones con respecto a las afirmaciones que en él se hacen, y que concluyen minimizando el sufrimiento, el estrés y el dolor que padece el toro durante la lidia, y transformándolo en un animal adaptado para tal fin.

El estrés es la "situación de un individuo o de alguno de sus órganos o aparatos, que, por exigir de ellos un rendimiento superior al normal, los pone en riesgo de enfermar", es decir, una verdadera amenaza para la homeostasis, que es la tendencia de los organismos para mantener la estabilidad de componentes fisiológicos vitales como el pH, la temperatura corporal, los electrolitos, o la tensión de oxígeno, por lo que mantener en equilibrio sus valores en un rango estrecho es esencial para la supervivencia del individuo.

Como se puede comprobar trás el estudio de las análiticas, el organismo del toro durante la lidia no puede conseguir dicho equilibrio lo que demuestra su inadaptación a la misma.

Se nos dice que el tálamo del toro es más grande que el del resto de los bóvidos (aproximadamente un 20%), y que por ello estos animales son capaces de responder al dolor con más rapidez. Evidentemente no puedo negar esta afirmación, la de su tamaño, pero si les puedo decir que el tálamo no es el encargado de responder ante el dolor. Esta estructura neuronal situada en el centro del cerebro es la que procesa las sensaciones, propaga los impulsos y quizás los integra, pero es la corteza cerebral la que decide la respuesta que se debe producir.

Se afirma también que el toro carece de neuronas memoria, lo que haría que careciera de recuerdos en lo que respecta al dolor. La percepción del dolor requiere un reconocimiento cortical del estímulo como no placentero. Además, el dolor es una experiencia subjetiva sensorial y emocional que requiere la existencia de conciencia.

El aprendizaje, la memoria, y el comportamiento agresivo, dependen en gran medida de unas estructuras cerebrales que reciben el nombre de hipocampo y amígdala, y no del tálamo.

Cualquier mamífero tiene tres memorias: memoria sensorial que opera en un tiempo inferior a un segundo, memoria a corto plazo, que no se prolonga más allá de 15 a 20 segundos, y memoria a largo plazo. Las tres interactuan conjuntamente y se envian información, y tienen una función definida. La primera de ellas está fuera del control de la consciencia, y actua de manera autómatica y espontánea en todos los mamíferos.

En un estudio que lleva por título: "Comportamiento del toro de lidia frente al caballo y la muleta", se puede leer: "la tienta con muleta en el toro de lidia es inviable dada la capacidad de aprendizaje de estos animales".

Entiendo que el aprendizaje lleva aparejado el recuerdo, que se le niega al toro de lidia, y creo evidente que el toro de lidia, a lo largo de su vida, ha tenido contacto con sensaciones que le han provocado dolor, y que por tanto debe tener conciencia y memoria sobre él.

En este mismo estudio se nos dice que el toro se adapta perfectamente a la lidia, ya que el cortisol, hormona medidora del estrés determinada en toros muertos en el ruedo, presenta valores menores que el medido después del transporte, y que el de los toros que fueron devueltos a los corrales por no ser aptos para la misma, lo que hace suponer que el viaje y la salida al ruedo les estresan más que la lidia en sí.

En dos tesis doctorales, presentadas en la facultad de veterinaria de Madrid (2002, y 2006), y dirigidas por el mismo veterinario que ha hecho estas afirmaciones, se dice todo lo contrario: "los toros lidiados y dados muerte en el ruedo, presentaban niveles hormonales de cortisol más altos que los tomados como control, que son los devueltos por no ser aptos para la lidia, y se concluía que la lidia suponía un importante estrés para el toro, ante el que intenta adaptarse".

Los estudios a los que he hecho referencia sobre las análiticas en toros lidiados, y algunos otros, demuestran que el cortisol está por encima de los valores considerados como normales, y que el toro sufre un gran estrés al ser lidiado. Ante la duda que puede se puede plantear al respecto, les diré que:

"Cuando existen lesiones en las vías de transmisión del sistema nervioso, indispensable para que se produzca una respuesta endocrina ante estímulos estresantes mediada por el sistema nervioso, dicha respuesta se puede ver amortiguada o evitada por lesiones neuronales o de la médula espinal".

Descubrimientos muy recientes indican que las betaendorfinas podrían inhibir las descargas de los precursores hormonales que darían lugar a las descargas de cortisol. Dado que al parecer el toro durante la lidia, descarga estas sustancias en gran cantidad, podría ser ésta otra de las razones por lo que el cortisol medido no sea el esperado.

El agotamiento del toro ante la lidia (tercera fase del Síndrome de Adaptación de Selye), debe ser tenido en cuenta en las determinaciones hormonales por lo que respecta al cortisol, y deberían valorarse los numerosos daños físicos y alteraciones metabólicas que sufre el animal, y que demuestran su inadaptación.

Los análisis sanguíneos en toros lidiados indican altos niveles de potasio y bajos niveles de sodio y de cloruros, compatibles con el posible agotamiento de la glándula suprarrenal encargada de descargar el cortisol, y la aldosterona.

Y para terminar mi comparecencia haré alusión a otra afirmación que se extrae como consecuencia del estudio mencionado. En él se dice que, gracias a la gran descarga de opiáceos endógenos -betaendorfinas, y metencefalinas-, el dolor y el placer se equiparan.

Las endorfinas no tienen poderes mágicos. Todas las endorfinas descubiertas hasta hoy, son descargadas cuando hay estrés y dolor, y no se me escapa que tienen propiedades analgésicas, pero en ninguna publicación científica podrán leer que neutralizan el dolor hasta equipararlo al placer. Si así fuera: ¿que sentido tendrían los estudios sobre el dolor y cómo neutralizarlo?

El estudio de los opiáceos endógenos, y de sus receptores es todavía hoy un gran misterio para la ciencia médica, y sabiendo que se descargan en ingentes cantidades ante situaciones de estrés, de dolor, de sufrimiento, de sobreesfuerzo, de hemorragias, de desequilibrio orgánico, de insuficiencia cardiorespiratoria, y de alteraciones de la tensión arterial, como las que se producen durante la lidia, y que les he explicado, es lógico que el toro, durante la agonía a la que es sometido, no tenga más remedio que producirlas. Los estudios que demuestran lo que afirmo son numerosos, y en el dossier que se les ha entregado tienen algunos ejemplos. En muchos de ellos, se afirma que a mayor indice de endorfinas, mayor es el dolor que se siente y el estrés que se padece (Bacigalupo), e incluso en algunos estudios de medicina humana, y veterinaria, sirven para cuantificarlos. Se ha llegado a afirmar que las endorfinas descargadas en estados de estrés no tiene poder analgésico (Harbach 2007), y varios autores aseguran que las encefalinas representan el sistema modulatorio de mayor relevancia en el intento de adaptación de un organismo al estrés crónico.

Si el toro de lidia tiene esta sobrenatural adaptación para soportar el dolor, el maltrato y el sufrimiento, creo que ésta hipótesis es merecedora de un importante espacio en una publicación de caracter científico, cosa que hasta ahora no ha sucedido.

"El bienestar animal a de abordarse bajo bases científicas verdaderas. La percepción errónea de los animales como seres que no sienten y que por tanto son incapaces de sufrir, hace que se desarrollen actitudes negativas hacia ellos, que se reflejan en conductas de neglicencia, crueldad o trato irrespetuoso".

Observen como sale el toro a la plaza, y como termina su vida, y si todavía alguien puede pensar que este animal ha sido capaz de sentir placer en algún momento de la lidia, pongo mi título de licenciado en veterinaria a disposición de los órganos colegiados que regulan mi profesión.

Terminaré citando a Sófloques que decía: "una mentira nunca vive hasta hacerse vieja".

Muchas gracias señora presidenta y señoras, y señores diputados.

José Enrique Zaldívar Laguía.

Veterinario.

Datos:

Estudio del eritrograma y leucograma en el toro lidiado.

Analíticas en toros lidiados

Comparativa de los valores de betaendorfinas en el parto de una mujer y en el toro lidiado.

Adaptaciones metábolicas en vacas bravas como respuesta a estímulos estresantes.

Hay bastantes informes técnicos más, en especial sobre lo que realmente son las betaendorfinas, y los estudios clínicos y experimentales pertinentes, pero éstos me los guardo. A buen entendedor, salud.

Ecos en la prensa:

Noticias Terra

La Vanguardia

El Mundo

El Periódico de Cataluña

El País

ADN

ABC

La Voz de Galicia

Estrella Digital

COMPARATIVA DE LOS VALORES DE BETAENDORFINAS EN EL PARTO DE UNA MUJER Y EN LA LIDIA DEL TORO

COMPARATIVA DE LOS VALORES DE BETAENDORFINAS EN EL PARTO DE UNA MUJER Y EN LA LIDIA DEL TORO


Estudio sobre las betaendorfinas en 69 mujeres de parto. Una parte de ellas recibieron cursos de preparación para el parto y otra parte no.

Se valoró la sensación dolorosa como parto tolerable, parto doloroso, y parto insoportable.

Tasas de betaendorfinas:

Tolerable con preparación para el parto: 133,48 pg/dl = 1,3348 pg/ml
Tolerable sin preparación: : 188,94 pg/dl = 1,8894 pg/ml

Doloroso con preparación: : 293,50 pg/dl = 2,9350 pg/ml
Doloroso sin preparación: : 415,74 pg/dl = 4,1574 pg/ml

Insoportable con preparación : ninguna mujer calificó el parto como insoportable.
Insoportable sin preparación : 508,80 pg/dl = 5,0880 pg/ml

De este estudio podemos sacar dos conclusiones claras:


A: A mayor sensación de dolor, mayor es la descarga de betaendorfinas.
B: La preparación para el parto disminuye el estrés que puede provocar, y por lo tanto la descarga de betaendorfinas, lo que deja claro el importante papel emocional que tienen estas sustancias.

Dado que este estudio se realizó de forma secuenciada, se concluye que las tasas más altas de betaendorfinas medidas coinciden con el momento del parto más doloroso, que es la expulsión del feto, y que en este caso las betaendorfinas no son más que mediadores y moduladores del mismo.
Debo añadir que las máximas tasas de betaendorfinas se produjeron en aquellas mujeres cuyos partos fueron distócicos, es decir, complicados.


Creo absurdo y poco científico establecer valores comparativos en cuanto a descargas hormonales entre dos especies ante estímulos que nada tienen que ver, como son el parto de una mujer y la lidia de un toro. Podríamos en todo caso hacer un estudio cualitativo, pero nunca cuantitativo que es lo que ha hecho el Director del Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de Madrid. Me refiero al hecho de que podemos utilizar las betaendorfinas en ambos casos como una respuesta al dolor, sensación que existe en ambas circunstancias, pero no podemos decir que el hecho de que una especie u otra descargue más o menos hormonas nos pueda servir para sacar alguna conclusión científica. Son especies diferentes, y las circunstancias bajo el que se percibe el dolor también lo son.

Aún así, y dado que se nos dijo en un principio que el toro descarga 10 veces más betaendorfinas durante la lidia que una persona, y que recientemente se ha afirmado que el toro durante la lidia descarga entre 10 y 20 veces más betandorfinas que la mujer en el parto, debo hacer una serie de puntualizaciones:

Como se ve en el estudio al que hago referencia, los valores de betaendorfinas determinados en mujeres de parto son sumamente variables. Tenemos un mínimo de 1,3348 pg/dl y un máximo de 5,0880 pg/dl. ¿Con qué valor comparamos las betaendorfinas descargadas por un toro durante la lidia? ¿Con el mínimo o con al máximo?

No tenemos unos valores claros de la cantidad de betaendorfinas que descarga un toro en la lidia, pero a través de unos gráficos que han sido publicados en algún medio taurino, creo poder afirmar, que serán más o menos los siguientes:

Salida al ruedo: 5,5 pg/ml
Después de las puyas: 17-19 pg/ml
Después de las banderillas: 18-23 pg/ml
Después de la estocada: 21-26 pg/ml

Dado que al salir al ruedo, salvo la colocación de la divisa, no hubo estímulo doloroso reconocido, podemos ver que la tasa de betaendorfinas en el toro de lidia es similar a la que descarga una mujer durante el parto con la máxima sensación de dolor (5,5 pg/ml en el toro y 5,0880 pg/ml en la mujer).

Al igual que en la mujer, que aumenta su descarga de betaendorfinas conforme el dolor es más intenso (de tolerable 1,3348 pg/dl, a insoportable 5,0880 pg/ml), sucede lo mismo en el toro de lidia conforme los estímulos dolorosos van siendo mayores (después de la puya 17-19 pg/ml a después de la estocada 21-26 pg/ml). Es importante observar que el valor desde que el toro sale al ruedo, hasta que recibe el primer estímulo doloroso, varía considerablemente, de 5,5 pg/ml a 17-19 pg/ml.

Si tomamos el valor mínimo de betaendorfinas en la mujer, 1,3348 ante el estímulo doloroso que supone el parto, y el mínimo en el toro de lidia ante el primer estímulo doloroso (puyas) 17-19 pg/ml, veremos que es aproximadamente 17 veces mayor en este último, y si comparamos los máximos, 5,0880 pg/ml en la mujer (dolor insoportable), y 21-26 pg/ml del toro (después de la estocada), veremos que en el toro de lidia el valor de betaendorfinas es aproximadamente 5 veces mayor.

Como vemos los aumentos de los valores siguen en una y otra situación una progresión más o menos parecida:
En la mujer pasamos de 1,3348 pg/ml (mínimo) a 5,0880 pg/ml (máximo); 1,3348 pg/ml x 4 = 5,3392 pg/ml
En el toro pasamos de 5,5 pg/ml (mínimo aunque sin aparente sensación dolorosa) a 21 pg/ml; 5,5 pg/ml x 4 = 22 pg/ml. Mucho menor sería la progresión si tomamos como referencia los valores después de la puya (17-19 pg/ml), y los valores después de la estocada (21-26 pg/ml).

Según el estudio lo que se nos quiere hacer ver, es que el toro, en base a la generación de mayores descargas de betaendorfinas según van aumentando los estímulos dolorosos (puya-banderillas-estocada) es capaz de neutralizar ese incremento de dolor. Debo añadir que en la última determinaciòn se ha obviado el efecto que podrían producir el descabello y la puntilla.

Resulta curioso que está conclusión sea contradictoria con la secuencia del parto de la mujer, que nos dice que conforme el parto es sentido como más doloroso las betaendorfinas descargadas van aumentando. Tampoco podemos olvidar que en el estudio realizado en mujeres de parto, el componente sustancial al estrés provoca una mayor descarga de betaendorfinas, como queda demostrado cuando se nos dice que las que recibieron preparación para el parto, y las que no eran primíparas, descargaron menos betaendorfinas, y calificaron el acontecimiento como tolerable.

Dejando claro que este estudio comparativo no tiene demasiado valor científico, ya que como he dicho se trata de especies diferentes, y de que el estímulo doloroso también lo es, ¿qué conclusiones podemos sacar de él?

Para mí las conclusiones son claras: las betaendorfinas se descargan en base a dos factores que en ambos casos existen: el estrés que supone para la mujer el parto, y el estrés que para el toro supone la lidia, y el dolor que supone el parto para la mujer, y la lidia para el toro.
Dado que conforme los estímulos dolorosos van aumentando las descargas de betaendorfinas también lo hacen, debo pensar que a mayor tasa de estas sustancias, mayor es el dolor que se siente. No debemos olvidar que el máximo valor de betaendorfinas durante el parto de la mujer, se da en el momento más doloroso del mismo, que es cuando el feto pasa por el cuello del útero y es expulsado, y en el toro después de la estocada.

Si estas sustancias tuvieran la capacidad de neutralizar el dolor, que es lo que las atribuye el estudio sobre el toro de lidia, ¿no sería más lógico que fueran disminuyendo según van pasando los tercios de la lidia, o según se van sucediendo los acontecimientos en el parto?

¿Por qué la anestesia epidural en la mujer de cara al parto, hace disminuir ostensiblemente las tasas de betaendorfinas con respecto a aquellas que no la recibieron? ¿Por qué cuando se realiza una transfusión intrahepática en un feto sin anestesia previa las tasas de betaendorfinas son más altas que en aquellos fetos a los que se realizó la transfusión con anestesia previa? ¿Por qué cuando a un animal se le suministran analgésicos antes y después de una cirugía sus niveles de betaendorfinas son menores que en aquelllos que no recibieron este tipo de tratamientos?

Otro dato que me parece sumamente importante y que no podemos pasar por alto, es que el estudio en las mujeres se hizo de forma secuenciada, es decir que fueron muchas las tomas de sangre durante el acto de parir, mientras que el toro, las determinaciones se hacen sobre un animal muerto (?), y no sabemos los tiempos transcurridos.

¿Cuánto tiempo pasó desde que el toro recibió las puyas, fue devuelto, fue sacrificado y se le extrajo sangre? ¿Cuánto tiempo pasó desde que el toro recibió las banderillas, fue devuelto, fue sacrificado, y se le extrajo la sangre? ¿Cuánto tiempo pasó desde que el toro recibió la estocada-descabello-puntilla, llegó al desolladero y se le extrajo sangre?

Podemos decir según estas apreciaciones que los valores que arrojan los resultados sobre los toros que se valoran después de las puyas y de las banderillas, no son reales, ya que debemos suponer que todos se obtienen sobre cadáveres, es decir sobre toros apuntillados, o sobre toros a los que se da muerte con una pistola de bala cautiva en el desolladero, salvo que las extracciones de sangre se hicieran sobre el toro vivo, en cuyo caso no se ha contado con el valor añadido del estrés que supondría la inmovilización para obtener las muestras de sangre. Hago todas estas reflexiones porque desconozco el protocolo seguido por el veterinario que ha firmado el estudio, y que hasta ahora no nos han sido expuestas.


Otro dato básico en cualquier estudio científico, y que también desconocemos, son los valores que podríamos considerar como normales (basales) con respecto a las betaendorfinas en la especie humana, y en los bóvidos, y más concretamente en el toro de lidia, pero me temo que dado el especial carácter de este animal será bastante complicado obtenerlos. Tampoco serviría de mucho una anestesia previa a la extracción de sangre para su determinación, dado que estas sustancias inhiben en cierto grado su descarga.


Me gustaría que mis compañeros veterinarios que han cedido sus tribunas para hacer publicidad de este estudio, se plantearan estas reflexiones y las conclusiones que se pueden sacar de este estudio comparativo, y que se manifestaran con claridad al respecto.

José Enrique Zaldívar Laguía.

Veterinario.