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domingo, 26 de julio de 2009

REFLEXIONES

Han pasado más de dos años desde que el profesor Illera lanzara su tesis mágica sobre el toro de lidia. Desde entonces, los medios taurinos la han dado todo el pábulo que les interesaba. Era lógico: el mundo taurino sabía que sus argumentos estaban caducos y que el movimiento antitaurino les estaba comiendo terreno. La sociedad empezaba a cuestionarse de forma seria, si en pleno siglo XXI, un país de la UE como es España, podía albergar un espectáculo como la lidia. Las leyes europeas de protección animal se hacen cada día más exigentes, las normativas sobre mataderos evolucionan a marchas forzadas para reducir al máximo el sufrimiento de los animales antes de su muerte, y ya hay sentencias en muchos juzgados contra los maltratadores de animales. El cerco se iba cerrando, y que mejor manera de escapar de él que intentar demostrar que el toro no sufre.

En España, las leyes prohiben maltratar animales, pero si se permite hacerlo con el toro de lidia, y había que justificar ésta excepción, pero ya no valía con hablar de tradición, arte o cultura.

Los lectores habituales de mi blog, y la mayoría de las personas que abogan por la abolición de la tauromaquia, tenéis conocimiento del trabajo que he ido desarrollando desde que se nos intentó convencer de que el toro es un animal perfectamente adaptado para la lidia. Sin la colaboración y el apoyo de un gran número de asociaciones animalistas no hubiera sido posible hacer llegar mis reflexiones a la gran cantidad de gente que han llegado. El que quiera conocerlas las puede encontrar con facilidad en internet.

A raíz de la aparición del estudio que hablaba de un "hormonamiento" mágico en el toro de lidia, un grupo de veterinarios decidimos crear AVAT. No podíamos tolerar que nuestra profesión viera pasar delante de sus ojos una teoría irracional vestida de ciencia; no podíamos dejar que nuestra profesión callara ante tan grande desvarío.

Hasta hoy, son muchos los colegios provinciales y facultades de veterinaria que han cedido sus tribunas al profesor Illera para que hiciera públicas sus conclusiones, y cómo no podía ser menos, ha encontrado todos los apoyos en el lobby taurino que le ha abierto las puertas de par en par.

Nada de esto nos ha hecho desfallecer, todo lo contrario, nos ha hecho crecer, nos ha hecho creer más en que somos indispensables en el camino hacía la abolición. Nosotros no hemos recibido premios, pero si hemos viajado. No hemos cruzado el charco todavía, pero se nos ha oído en Logroño, Barcelona, Santiago de Compostela, Bilbao, Valladolid, Madrid, Santander, Bruselas (Parlamento Europeo) y Ginebra. Pudimos estar en junio en Venezuela, pero al final no fue posible. Hemos apoyado denuncias, pusimos nuestro granito de arena para conseguir que Paterna no tuviera "toros en la calle", y nos hemos adherido a numerosos actos antitaurinos que se han celebrado en muchas ciudades de España. Lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo.

Ante el boicot de los organismos oficiales de nuestra profesión (colegios provinciales veterinarios, y Consejo General de Veterinarios de España) que nos han negado con su silencio la posibilidad de darnos a conocer con mayor facilidad entre nuestro colectivo, tan sólo podemos decir que, estamos convencidos que de que en el fondo se averguenzan de lucrarse con una actividad que es incompatible con los postulados de nuestra profesión, que debe velar por la salud y el bienestar animal. No nos van a silenciar.

Empezamos siendo tres y ya somos setenta. En los últimos días hemos recibido un aluvión de peticiones. La publicación en el diario Público de un par de noticias relacionadas con nuestra asociación, nos ha ayudado a crecer, cómo nos ayudó nuestra presencia en algunos programas de televisión (Tele 5, Antena 3, La Sexta).

El polémico estudio de Illera tuvo por fin publicidad en un medio que se ha alineado claramente contra la tauromaquia, pero el artículo de Javier Salas no deja en muy buen lugar al profesor. Ahora se añade al estudio la aparición de unos extraños chips, y yo leí unas declaraciones de Illera en las que hablaba de ellos. Javier me ha reconocido que no se ha inventado nada, que el mismo Juan Carlos le ha comentado que los chips han sido puestos en los toros analizados. Si ya sus conclusiones eran poco convincentes, esto es la gota que colma el vaso. No voy a profundizar más en el tema porque el tiempo es oro para perderlo, pero si lo voy a utilizar para puntualizar que algunas de las cosas que dice su autor sobre lo que yo he declarado no son ciertas: "los veterinarios de AVAT no estamos atemorizados por nadie", y "los veterinarios taurinos no se apoyan en los trabajos de Illera para justificar su trabajo". Esto no lo he dicho nunca; lo que si he comentado es que el lobby taurino se ha apoyado en el estudio para justificar su actividad, y también he afirmado que muchos veterinarios no se han unido a nuestra asociación por miedo a represalias de los organismos oficiales de nuestra profesión.

Que no sirva esto para pensar que critico el gran trabajo que Javier Salas y Público están haciendo, y que merece nuestro aplauso y nuestro apoyo.

miércoles, 14 de mayo de 2008

MI RESPUESTA AL ESTUDIO HORMONAL EN EL TORO LIDIADO PUBLICADA EN MERCURIO DIGITAL

El toro sí sufre PDF Imprimir Correo
Escrito por Fabiola Leyton
12-05-2008 a las 09:18:30
El Dr. José Enrique Zaldívar Laguía respondió a la tesis del dr. Illera, según la cual “el toro, durante la lidia, no sufre”. Según la peculiar tesis del doctor Illera, el toro sería un animal hormonalmente diferente y único, un mamífero extraordinario que no respondería al dolor como los otros animales… antes bien gozaría de la torturante y agonizante lidia en la plaza de toros.

El dr. Zaldívar, Licenciado en Veterinaria por la Universidad Complutense de Madrid, Veterinario colegiado número 1449 por el Ilustre Colegio de Veterinarios de Madrid, ha respondido al estudio del dr. Illera refutando sus interpretaciones de los flujos hormonales medidos en diferentes toros, antes y después de la lidia.

En su estudio, el dr. Illera argumentaba que el cortisol (hormona que inhibe el dolor) segregado por el toro en situaciones de stress, según sus mediciones, era más alta durante el transporte del toro que después de ser lidiado. Pero Zaldívar interpreta los datos de otra manera: el cortisol, para ser segregado a la sangre, necesita de la mediación del sistema nervioso, por lo que medir los niveles de cortisol en un animal con el sistema nervioso destrozado por las herramientas de tortura de la lidia es espúreo. Además, es ridículo medir los niveles de cortisol en un animal vivo y compararlo con los niveles que presenta un animal muerto (medición post-mortem), previamente torturado y masacrado en la lidia, sobre todo porque no se hicieron mediciones “durante” la tortura.

La suerte de la puya

La puya es una vara con un cuchillo en forma cónica, que se entierra en el morrillo del toro, donde están los músculos que mueven el cuello. El fin de la puya es impedir los movimientos bruscos de la cabeza y “humillar” al animal haciendo que no pueda levantar la cabeza.

Los taurófilos argumentan que el uso de la puya sirve para “descongestionar” al toro que está bravo y ofuscado por la lidia. Sin embargo, lo que sucede con la tortura de la puya no es una simple descongestión porque el toro pierde hasta 10 litros de sangre en esta suerte, pues con el “barrenado” y el “mete-saca” se llega a hacer una herida 7,4 veces más profunda que lo normal. Otra estadística es que sólo un 4,7% de los puyazos logran cortar los músculos del cuello y dejar el resto de la anatomía local intacta: lo que se suele cortar con los puyazos mal hechos son los músculos de las extremidades anteriores y tronco (por eso los toros suelen caerse). Como dato: el toro tiene 36 litros de sangre, más o menos… por lo que la suerte de varas lo hace perder un tercio de su líquido vital.

La suerte de las banderillas

Las banderillas, arpones de hasta 16 mm.de largo, desgarran y cortan músculos, nervios y vasos sanguíneos. Empeoran la herida y el desangrado provocado por la puya, y hacen que el animal se desangre con más rapidez, fatigándolo y debilitándolo aún más.

Más sobre el cortisol

La respuesta neuroendocrina al cortisol no es la misma si el sistema nervioso está dañado, que es el caso del toro durante la lidia. Existen otros mecanismos hormonales, como el sindrome general de adaptación, en el que a causa del stress, el organismo trata de segregar cortisol frente a la situación amenazante, pero finalmente cesa su esfuerzo por agotamiento y sobre stress.

Otras hormonas de relevancia para medir el stress, que si (en el artículo que he copiado y pegado, dice que no fueron medidas) midió el dr. Illera, son las catecolaminas y las betaendorfinas. Las primeras (adrenalina y noradrenalina) son hormonas que ponen al organismo en alerta para luchar o huir, y son más altas en toros lidiados que en toros durante el transporte. Las betaendorfinas, por otra parte, no son las “hormonas de la felicidad” que se generan cuando existe placer como interpreta Illera, sino que su segregación aumenta de acuerdo al dolor físico y el stress. Las betaendorfinas aumentan especialmente en casos de hemorragia, en shocks neurogénicos y trastornos ventilatorios, todos manifestados en el caso de los toros lidiados. O sea: el toro lidiado genera más hormonas por dolor que por stress.

En resumen: el dr. Illera es frecuentemente citado por los taurófilos, porque su estudio científico respaldaría la carnicería de los toros. Sin embargo, el dr. Illera no ha respondido a la refutación hecha por el dr. Zaldívar, quien lo interpelado en diferentes ocasiones, recibiendo ni siquiera evasivas ni explicaciones por la falta de respuesta.

¿Será que la tauromaquia no tiene explicación ni justificación suficiente?

Fuente: Blog del dr. Zaldívar. Fuente imagen Rivera Ordóñez: Gabriel Tizón.

El resumen de mis conclusiones recogidas en el presente artículo es más o menos acertado, salvo la puntualización que he hecho en el texto sobre las catecolaminas y las betaendorfinas. Sobre estas últimas, yo intuyo que el toro las descarga más por dolor que por estrés, dado que si fuera por esta última razón, el estudio del Dr. Illera tendría todavía menos credibilidad. Sería absurdo pensar que descarga poco cortisol porque la lidia no le estresa más que el trasporte y que sin embargo secreta grandes cantidades de betaendorfinas por esta razón.

Otra puntualización que me parece importante es que no soy doctor, sino licenciado en veterinaria.