martes, 5 de abril de 2011

Las convulsiones: Cómo reconocerlas y actuar cuando se produzcan

Las convulsiones
Cómo reconocerlas y actuar cuando se produzcan

Texto: José Enrique Zaldívar
Clínica veterinaria Colores

Una convulsión es la manifestación clínica de una excesiva actividad eléctrica en la corteza cerebral, lo que va a provocar la pérdida o deterioro de la conciencia, alteraciones del tono muscular, dientes apretados, salivación y a menudo micción y defecación involuntaria.

En la mayoría de las ocasiones, se tratará de crisis motoras tónico-clónicas generalizadas (simétricas), que tendrán su expresión más clásica en las sacudidas o pedaleo de los miembros y movimientos masticatorios. En algunos casos, la convulsión real puede ser precedida -de minutos a horas- por un comportamiento inusual (fase preictal), que se manifestará por ocultamiento del animal, búsqueda de atención o agitación. En algunos perros, las convulsiones comienzan durante el sueño o pueden ser disparadas mediante un estímulo o evento específico, como ruidos reiterados o luz fluctuante.

POSIBLES DESENCADENANTES
El celo en las perras, determinadas medicaciones (anestésicos), el estrés y la excitación pueden desencadenar convulsiones en un animal predispuesto. En la mayoría de los casos, las convulsiones son seguidas por un breve periodo de desorientación (fase postictal), durante el que son comunes la ataxia, ceguera, ambulación, demencia...
Aún así, existen lo que se conoce como convulsiones motoras parciales focales, que son menos frecuentes que las tónico-clónicas simétricas generalizadas. De este modo, nos podremos encontrar con giros de cabeza y espasmos o contracciones en los músculos faciales o en los de las extremidades. Este tipo de crisis puede, posteriormente, generalizarse. Debe quedar claro que muchos de los perros que presentan este tipo de crisis focales que luego pasan a generalizarse pueden ser considerados como epilépticos. Si no hay generalización, lo adecuado será pensar en una enfermedad de la estructura del encéfalo.
Las crisis focales se suelen manifestar con la aparición de comportamientos anormales de tipo paroxístico, como la ira, histeria, hiperestesia, automutilación, persecución del rabo y caza de moscas. En algunos casos, se producirá un deterioro de la conciencia (crisis focales complejas) o el cuadro evoluciona hasta una convulsión tónico-clónica simétrica generalizada, facilitando el diagnóstico.
Lo que se conoce como epilepsia idiopática o primaria, se diagnostica en aproximadamente el 25-30 por 100 de los perros con convulsiones, e implica la existencia de ataques convulsivos sin la existencia de una lesión intracraneana o de una enfermedad que los justifique o explique. Por el contrario, cerca del 35 por cien de los perros con convulsiones padece una anormalidad intracraneal identificable o una alteración extracraneal que puede considerarse como causal, y las crisis se consideran epilépticas secundarias. Las causas extracraneales, como la ingesta de toxinas, disturbios metabólicos o anormalidades endocrinas, ocasionan convulsiones epilépticas reactivas.
Existen datos que nos pueden ayudar a establecer si un perro tiene una epilepsia idiopática primaria o si se trata de una crisis epiléptica secundaria:
Un comienzo agudo de convulsiones intensas frecuentes, con anormalidades neurológicas concurrentes o sin ellas, tiende a indicar la probabilidad de un proceso tóxico, vascular, infeccioso, metabólico o neoplásico. Un fenómeno convulsivo intermitente crónico sin otros signos clínicos o deficiencias neurológicas es más compatible con epilepsia idiopática.
La evaluación diagnóstica de un paciente con convulsiones debe incluir un examen físico, oftalmológico y neurológico completo, junto a hemograma, bioquímica, análisis de orina y otras pruebas hemáticas específicas para la búsqueda de afecciones metabólicas, tóxicas, infecciosas y de alteraciones endocraneales. En ocasiones, será interesante la realización de pruebas de funcionalidad hepática, como la determinación de ácidos biliares en ayunas y postpandriales, para descartar anastomosis portosistémicas o shunt portosistémico.
Una vez las enfermedades han sido descartadas como causantes de las convulsiones, se deberán considerar las afecciones endocraneales. Para su identificación, se procederá a la recolección de líquido cefalorraquídeo (LCR) y, en ocasiones, derivación para estudios neuroradiográficos especiales (tomografía computerizada (TC), resonancia magnética (IRM)).

(Cuadro)
Enfermedades comunes que cursan con convulsiones
Causas extracraneanas (crisis epilépticas reactivas)
• Toxinas
• Enfermedades metabólicas:
  -Hipoglucemia.
  -Enfermedad hepática (encefalopatía)
  -Hipocalcemia.
  -Hiperlipoproteinemia.
  -Hiperviscosidad.
  -Disturbios electrolíticos.
  -Hiperosmolaridad.
  -Uremia grave.

Causas endocraneanas (crisis epilépticas secundarias)
• Malformaciones congénitas:
-Hidrocefalia.
-Lisencefalia.
-Neoplasias.
-Tumores encefálicos primarios.
-Tumores metastásicos.

 • Enfermedades inflamatorias:
   -Enfermedad inflamatoria infecciosa.
   -Meningoencefalitis granulomatosa.
 • Encefalitis necrotizante.

  -Enfermedades vasculares:
  -Hemorragia.
  -Infarto.
  -Tejido cicatrizal.
  -Enfermedades por almacenamiento metabólico.
  -Condiciones degenerativas a nivel cerebral.

Epilepsia idiopática (crisis epiléptica primaria)
Una vez establecidas las posibles causas por las que un perro puede presentar convulsiones, me voy a centrar en la epilepsia idiopática, es decir, en aquella que no tiene una causa identificable, y más concretamente en su tratamiento y en las últimas novedades que hay al respecto.
En primer lugar, no es lo mismo el tratamiento de un “status epilepticus” que el tratamiento de mantenimiento que debemos prescribir para reducir al máximo posible la presentación de ataques convulsivos posteriores tras la aparición de la primera crisis o para intentar hacerlos desaparecer.
El “status epilepticus” (SE) es una urgencia neurológica potencialmente mortal caracterizada por una actividad convulsiva prolongada. Se define como un ataque o secuencia de ataques epilépticos recurrentes que persisten durante al menos 30 minutos y durante los cuales el paciente no recupera la consciencia normal. Muchos perros epilépticos muestran ataques generalizados y recurrentes en un periodo de 24 horas, denominados “crisis en brotes”. La imposibilidad de controlar estos ataques no sólo es potencialmente mortal, sino que además puede contribuir a un mal control de las convulsiones a largo plazo.
Muchos de los perros epilépticos muestran “status” o “crisis en brotes” debido a un tratamiento anticonvulsivante inadecuado, tolerancia farmacológica o cambios recientes en sus tratamientos.
Las metas del tratamiento del SE son simples: “parar las convulsiones, proteger al cerebro de daños mayores y permitir la recuperación completa del episodio de SE”. Es importante saber que, cuando se desencadena una convulsión, puede producirse daño neuronal, y que éste será mucho más probable cuanto más dure la convulsión.
La mejor manera de parar las convulsiones es el uso de benzodiacepinas como, por ejemplo, el diazepam, que podrá ser administrado en primera instancia por vía intrarectal y que será continuado por vía intravenosa. El midazolam y el lorazepam son tratamientos alternativos, aunque más caros.
Además, será de suma importancia el control de todos los fenómenos que van a acompañar a la convulsión: hipertensión arterial, incremento del flujo sanguíneo cerebral, hipoxemia, hipercalcemia, hiperglicemia y acidosis láctica. Posteriormente, se podrá presentar hipotensión, disminución del pH sanguíneo, pirexia, aumento de potasio e hipoglucemia. Todo ello, junto al colapso circulatorio, puede dar lugar a un fallo orgánico grave e irreversible (renal, hepático, cardiaco).
Además de los anticonvulsivantes mencionados, se usará la tiamina, vitamina del grupo B, por vía intravenosa. Está indicado el uso de manitol, y de corticoesteroides a dosis bajas, para tratar el edema cerebral.
Si, a pesar de lo apuntado anteriormente, las convulsiones continúan, habrá que utilizar fenobarbital tras el diazepam. En caso de sospecha de alteración hepática o de resistencia al fenobarbital, se utilizará el bromuro sódico y, posteriormente, bromuro potásico. Una alternativa al uso del bromuro es el levotiracetam.
Posteriormente, se usarán los barbitúricos, si es que con todo lo anterior no se ha conseguido el cese de las convulsiones, recomendándose el propofol. Si, aún así, reaparecen las convulsiones, se hará necesaria la anestesia general del perro por un periodo de 24 horas con barbitúricos y, si no es suficiente, con isofluorano.
La temperatura rectal es un parámetro que debe ser controlado durante la primera hora, y si es de 40 grados o superior, el perro deberá ser enfriado con agua fría hasta conseguir llevarla a 38.8 grados, nunca más baja para prevenir una hipotermia rebote.

TRATAMIENTOS
Quizás todas estas puntualizaciones sobre la actuación frente a un ataque epiléptico no os sean de mucha utilidad, dado que es evidente que debe llevarlas a cabo un equipo veterinario, pero lo hago con la intención de que entendáis lo sumamente complicado que puede resultar en ocasiones estabilizar a un paciente con SE.
Una vez hecha esta importante puntualización, pasaré a describiros los tratamientos con los que contamos para intentar que nuestro perro tenga el mínimo de convulsiones posibles y, en casos excepcionales, para que no vuelva a presentarlas.
Aunque el fenobarbital y el bromuro son aún los fármacos antiepilépticos de primera elección, existe un número determinado de fármacos que pueden utilizarse, bien como adyuvantes o bien como opción de tratamiento único.
Entre las nuevas alternativas, puedo citar la gabapentina, que deberá ser administrada cada seis u ocho horas. Su eficacia ha sido evaluada en algunos estudios de poca relevancia, pero los últimos avances indican que puede ser bastante útil como ayuda en aquellos perros que no se controlan bien con el uso de fenobarbital o de fenobarbital y bromuro. Parece que es un fármaco con buena tolerancia, con efectos secundarios mínimos o nulos. Puede presentarse en algún caso una ligera sedación o aumento del apetito.
En medicina humana se ha empezado a utilizar un análogo de la gabapentina, la pregabalina, que se está ensayando en perros con excelentes resultados.
El felbamato es otra alternativa para el tratamiento de las convulsiones en el perro, y debe ser administrado cada ocho horas. Tiene un amplio margen terapéutico y no provoca sedación. No debe utilizarse en perros con enfermedad hepática y se han dado casos en que ha aparecido queratoconjuntivitis seca en algunos perros que lo estaban tomando.
Un nuevo derivado del felbamato, el fluorofelbamato está siendo sometido a ensayos clínicos en seres humanos.
El levotiracetam ha sido utilizado como tratamiento complementario en algunos perros con buenos resultados, aunque se ha documentado que algunos de ellos, tras unos resultados asombrosos, al cabo de entre cuatro y ocho meses de tratamiento volvieron a presentar frecuentes stratus epilepticus, lo que se conoce como efecto “luna de miel”.
La zonisamida se ha empezado a usar recientemente para tratar la epilepsia humana y se está probando en perros, en especial en razas pequeñas, con unos resultados excelentes, tanto como adyuvante, permitiendo reducir las dosis de fenobarbital, como medicamento único. Los efectos secundarios observados han sido mínimos (sedación transitoria, ataxia, vómitos) y no son considerados como lo suficientemente graves para retirar la medicación.

Como podemos comprobar, por la información aportada, se abren grandes expectativas para el tratamiento de esta incómoda y desagradable patología que ha obligado en ocasiones a la eutanasia de muchos perros, bien sea por la imposibilidad de controlar su sintomatología, bien sea por las secuelas que provocó en algunos de ellos.

Artículo publicado en la revista El Mundo del Perro, febrero de 2011.

martes, 22 de febrero de 2011

Debate sobre vivisección en TV Animalista

http://vimeo.com/20107875

Muy recomendable su visión para todos aquellos que piensan que los animales son seres cuya única finalidad en nuestra sociedad, es sernos útiles.

lunes, 21 de febrero de 2011

Interpretando los síntomas de vuestro perro

 
            
¿Es sencillo reconocer que nuestro perro está enfermo y que debe ser llevado al veterinario?

¿Podemos valorar si esa visita es urgente o puede esperar?

La respuesta a estas preguntas será sencilla en algunas ocasiones, pero en otras, no resultará fácil decidir cómo y cuándo debemos actuar.

A lo largo de este artículo daré un repaso a los síntomas que nos harán ver que nuestro perro requiere ser evaluado por un profesional, y las posibles enfermedades que puede tener en función de las manifestaciones clínicas. Los he ordenado alfabeticamente para que os resulte más cómoda su lectura.

Alopecia: Es la ausencia parcial o completa de pelo en áreas donde normalmente está presente. Puede presentarse de forma aguda o puede ser progresión lenta. Puede ser multifocal (demodicosis generalizada, dermatofitosis, foliculitis bacteriana, reacción a inyecciones), simétrica (problemas hormonales), focal (en manchas) o difusa, con localizaciones específicas.
Este tipo de síntoma no supone una urgencia, pero en determinados casos, la premura en el diagnostico y tratamiento, nos conducirá a una resolución más rápida.

Anorexia: Es la ausencia o pérdida del apetito. Puede ser parcial o completa. La pseudoanorexia aparecerá cuando haya incapacidad para la toma de alimentos o para su deglución.
Podemos decir que casi todos los procesos morbosos están acompañados de este síntoma sea cual sea el sistema orgánico afectado.
Cualquier perro que deja de comer más de 24 horas, debe ser llevado al veterinario.

Claudicación: Disturbio en la ambulación y locomoción como respuesta al dolor, disrupción anatómica o lesión. La característica de este síntoma es la presencia de dolor. Los sistemas afectados podrán ser el musculoesquelético o el nervioso.
La presencia de esta manifestación clínica debe ser evaluada lo antes posible, especialmente si afecta a más de un miembro, o se sospecha la presencia de fractura ósea, es decir, si hubo un traumatismo previo.

Constipación y obstipación: es la defecación infrecuente, incompleta o difícil de heces duras o secas.
La obstipación es la constipación intratable, originada por la retención prolongada de heces secas y duras; la defecación se vuelve imposible.
Las causas pueden deberse a alteraciones a nivel de intestino grueso, aparato locomotor, enfermedad neuromuscular, enfermedad metabólica o endocrina o enfermedad prostática.
Si la sintomatología persiste más de 24 horas es de suma importancia acudir al veterinario.

Diarrea aguda: Comienzo abrupto o reciente de deposiciones frecuentes o líquidas. Establecer un diagnóstico sobre este síntoma puede resultar, en algunas ocasiones, sumamente complicado, ya que sus causas pueden venir derivadas de enfermedades sistémicas, es decir, que la diarrea puede ser una manifestación secundaria. Cualquier perro que la presente debe ser evaluado lo más rápidamente posible, especialmente si la diarrea va acompañada de otros síntomas, o si se trata de un cachorro.

Disfagia: Dificultad deglutoria que resulta de la incapacidad para tomar, formar y mover un bolo de alimento a través de la orofaringe dentro del esófago. Puede venir provocada por una obstrucción mecánica de cavidad bucal o faringe, disfunción neuromuscular o dolor.
Los perros afectados pueden poner la cabeza de lado al tragar, la pueden echar hacia atrás, pueden flexionar y extender el cuello, pueden carraspear y toser...
Dadas las serias complicaciones a las que puede conducir este síntoma, y lo dificultoso que es establecer el diagnóstico, cualquier perro que presente disfagia debe ser evaluado lo antes posible.

Disnea, taquipnea, y jadeo:
La disnea en los pacientes veterinarios implica dificultad o aflicción respiratoria.
La taquipnea es el incremento de la frecuencia respiratoria.
El jadeo es la respiración a boca abierta, rápida y superficial.
Lo más frecuente es que estos síntomas obedezcan a enfermedades del aparato respiratorio, y/o cardiovascular, pero no debemos pasar por alto que puede ser una manifestación de patologías como la torsión de estómago, ascitis, y algunas patologías relacionadas con alteraciones hormonales como el Cushing.

Epistaxis: es el sangrado por la nariz. La hemorragia nasal proviene de una de tres anormalidades: alteración de la coagulación, lesión nasal o enfermedad vascular/sistémica.
Enfermedades de suma gravedad como la leishmaniosis, la ehrlichia, la fiebre maculosa de las montañas, alteraciones de la médula ósea, lupus, coagulación intravascular diseminada, tumores, hemofilia A o B, o enfermedad de von Willebrand pueden provocar epistaxis, por lo que cualquier perro que la presente, fuera de que sea un episodio aislado, deberá ser llevado al veterinario.

Estertor y estridor:
El estertor es un ronquido de tono bajo que suele originarse en caso de obstrucción laríngea.
El estridor es un sonido de tono más alto que aparece en obstrucciones parciales o completas nasales o laríngeas, o colapso traqueal cervical.
En determinadas razas es un síntoma inequívoco de parálisis laríngea hereditaria o adquirida.

Estornudo, estornudo inverso, y carraspeo:
El estornudo es un reflejo normal que sirve para expulsar aire y material a través de la cavidad nasal. El inverso es un reflejo inspiratorio repetitivo que sirve para remover agentes irritantes desde la nasofaringe. El carraspeo, también denominado arcada, sirve para eliminar secreciones presentes en la laringe, traquea o esófago, y que puede ser mal interpretado como vómito.
Dado que en ocasiones estos síntomas, en apariencia banales, pueden ser la consecuencia de la presencia de tumores, de enfermedades extranasales, y que incluso el inverso puede desencadenar pérdidas de consciencia, habrá que valorar al perro que los presente con una frecuencia injustificada.

Fiebre: La temperatura normal de un perro ha quedado establecida entre 38º- 39º grados centígrados. Lo que se conoce como fiebre de origen desconocido (FOD) es un valor térmico de al menos 39,7º en un mínimo de cuatro ocasiones durante un periodo de 14 días de duración sin una patología evidente.
La presencia de fiebre debe ser valorada ya que puede ser debida a enfermedades infecciosas, inflamatorias, parasitarias, micosis, tóxicos, medicamentos, tumores, patologías inmunomediadas, endocrinas y metabólicas.

Flatulencia: Es la excesiva formación de gases en el estómago o intestino. No suele ser un síntoma cuya presencia implique enfermedad grave, pero dado lo incómodo que resulta, y que en algunas ocasiones se debe a la presencia de problemas pancreáticos, e incluso de neoplasias a nivel de aparato digestivo, debe ser investigado, y tratado en lo posible.

Halitosis: Olor ofensivo proveniente de la cavidad bucal. Aparece cuando existe enfermedad periodontal, enfermedades metabólicas, respiratorias, gastrointestinales, dermatológicas, dietéticas, daños por trauma de la cavidad bucal, infecciones, y enfermedades autoinmunes.

Hematemesis: Vómito de sangre. Cualquier perro puede vomitar sangre que se originó en la cavidad oral o en el aparato respiratorio (superior o inferior) y que fue deglutida. La sangre puede aparecer como hebras de sangre fresca, coágulos sanguíneos o sangre digerida (posos de café).
Las causas de aparición de sangre en el vómito son muy variadas: coagulopatías, medicamentos, enfermedad gastrointestinal, intoxicaciones, enfermedades infecciosas, metabólicas, neoplasias, alteraciones neurológicas, enfermedades respiratorias, y enfermedades médicas importantes (golpe de calor, quemaduras, shock, trauma, hipertensión sistémica, hipotensión).
Cualquier perro que presente este síntoma, debe ser llevado a la clínica con urgencia.

Hematuria: Presencia de sangre en la orina. Su aparición suele indicar alteraciones del aparato genito-urinario en cualquiera de sus estructuras. Aún pudiéndose deber en algunas ocasiones a un proceso banal, su persistencia debe ser evaluada a la menor brevedad posible para establecer la causa que lo provoca.

Incontinencia urinaria: Pérdida del control voluntario de la micción, en general observada como un derrame urinario involuntario. Es bastante frecuente en perras castradas, pudiendo afectar al 20% de ellas, y ha algunos machos. Puede presentarse además por alteraciones neurológicas que afectan a la médula espinal, cerebelo o al centro de la micción a nivel cerebral. Las alteraciones a nivel del esfinter de la vejiga, o procesos inflamatorios, infecciosos, o neoplasias de las vías urinarias bajas, también pueden dar lugar a este síntoma.

Oliguria y anuria: La oliguria es la producción de una cantidad de orina anormalmente reducida, y la anuria es la ausencia de formación de la misma.
La oiliguria puede estar provocada por falla renal aguda oligúrica o por falla renal crónica terminal.
La anuria viene dada por obstrucción urinaria completa, ruptura de la ruta urinaria excretoria o falla renal primaria muy grave.
En cualquiera de los casos se trata de una urgencia que debe ser atendida lo más rápidamente posible.

Poliuria y polidipsia: La poliuria es una producción de orina mucho mayor que la normal, es decir, más de 45 ml por kg de peso y día. La polidipsia es un consumo de líquidos mucho mayor que el normal, es decir, más de 90 ml por kg de peso y día. Son muchas las patologías que pueden provocar estos síntomas: problemas renales, hepáticos, uterinos, y hormonales entre otros.
Sin que se trate de una urgencia, cuanto antes se establezca la causa que los provoca, mejor pronóstico podrán tener algunas de las patologías que dan lugar a estos síntomas.

Prurito: Es la sensación que provoca el deseo de rascarse, frotarse, masticarse o lamerse. Es un indicador de que la piel está inflamada.
La presencia de este síntoma se deberá a causas parasitarias, alérgicas, bacterianas, micóticas, dermatosis endocrinas, seborreas, neoplasias cutáneas, y dermatosis inmunomediadas.
Dado que en ocasiones el rascado y el lamido pueden provocar lesiones importantes, la evaluación del perro que lo presenta debe ser realizada lo antes posible.

Regurgitación: Es el movimiento retrógrado pasivo de los contenidos esofágicos dentro de la cavidad faríngea u oral. Se trata de un proceso pasivo con escaso o nulo esfuerzo abdominal, que debe ser distinguido del vómito. El material regurgitado tiene abundancia de moco espeso.
La causa de la regurgitación la debemos buscar en alteraciones a nivel de faringe o de esófago y estudiar si es debido a problemas localizados en estas estructuras o es secundario a enfermedades que alteran el normal funcionamiento de las mismas.

Secreción nasal: La secreción de contenidos nasales por un sólo orificio se suele relacionar con cuerpos extraños, enfermedad dental, infecciones fúngicas, tumores, y daños del nervio facial. Las bilaterales suelen deberse a agentes infecciosos, alergias, y enfermedades extranasales como neumonía, y vómito crónico.

Síncope: Es la pérdida temporal de la conciencia y tono vascular, asociada con la pérdida del tono postural y recuperacón espontánea. Viene dada por la inadecuada perfusión cerebral y oferta de oxígeno, y sustratos metabólicos. Las causas que lo provocan las debemos localizar a nivel cardiaco, o pueden deberse a una inestabilidad neurológica como la provocada por estrés y excitación.
La evaluación del perro que presente síncopes debe ser inmediata.

Síndrome del vómito bilioso: Vómito intermitente crónico de bilis asociado con un estómago vacío a lo largo de la noche a por la mañana temprano. Suele ser causado por escasa motilidad gástrica o es consecuencia de procesos que causan gastritis o duodenitis.

Sordera: Ausencia o pérdida del sentido de la audición, completa o parcial. Los perros no responden a los sonidos habituales, no responden a su nombre, o no logran despertarse mediante ruidos fuertes. Los casos de sordera unilateral son muy difíciles de identificar. Puede ser congénita (se ha reconocido en 30 razas) o adquirida.
Puede ser de conducción debida a otitis aguda o crónica, o neurológico (en perros mayores).
Algunos medicamentos también pueden producirla.

Tialismo: Es la excesiva producción de saliva. El seudotialismo es la liberación excesiva de saliva que se ha acumulado en la cavidad oral.
Está provocado por malformación de los labios, enfermedades orales y faríngeas, de las glándulas salivares, del esófago o del aparato digestivo, alteraciones metabólicas, patologías que provocan alteraciones neurológicas, y algunas drogas y toxinas.

Tos: Es la espiración forzada repentina de aire a través de la glotis, por lo usual acompañada por un ruido audible, que es precedido por un esfuerzo inspiratorio exagerado.
La causa habrá que buscarla en patologías primarias de las vías respiratorias, o secundarias a enfermedades del corazón. Determinados problemas digestivos crónicos pueden dar lugar a neumonias por aspiración, y consecuentemente a la aparición de este síntoma.

Tremores: Es el movimiento rítmico, oscilatorio e involuntario de todo el cuerpo o de parte del mismo, que puede ser localizado o generalizado.
Si asienta en la cabeza, seguramente esté relacionado con alteraciones del cerebelo, y encefalitis. Si aparece en las extremidades pélvicas puede ser un signo de dolor, y si es generalizado deberemos pensar en enfermedades neurológicas degenerativas o en intoxicaciones.

Vómito: Es la expulsión refleja enérgica de los contenidos gástricos desde la cavidad oral. Puede ser agudo o crónico. Dado que estamos dando un repaso a las manifestaciones que os deben poner en alerta sobre la salud de vuestro perro, me referiré única y exclusivamente al vómito agudo, que es el de corta duración (4-7 días), y con frecuencia variable.
Son muchas las causas que lo pueden provocar como: reacciones adversas al alimento, fármacos, inflamación gastrointestinal, ulceración gastrointestinal, obstrucción gastrointestinal, enfermedades sistémicas, procesos abdominales, enfermedades endocrinas, alteraciones neurológicas, parásitos, toxinas, miedo, dolor, golpe de calor, y choque anafiláctico.
Dada la gravedad de algunos de los procesos que provocan vómitos en los perros, cualquier perro que lo presente de forma continuada debe ser llevado a una clínica veterinaria.

Además de lo expuesto a lo largo del artículo, existen una serie de alteraciones del comportamiento que os pueden hacer pensar que vuestro perro tiene algún problema de salud. Nadie como vosotros conoce a vuestro perro, y por tanto, nadie mejor que vosotros para identificar estos cambios que no siempre estaréis capacitados para interpretar. Ante la presencia de modelos de conducta atípicos, y que nunca había manifestado vuestra mascota, y que no sepáis explicar, el mejor remedio es acudir al veterinario.

Si vuestro perro no expresa la alegría habitual, no juega en el parque con otros perros, no se deja cepillar con tranquilidad, se ha escondido en algún lugar de la casa y no quiere salir al paseo habitual, se ha mostrado agresivo al acariciarlo, os persigue por toda la casa o no quiere separarse de vosotros, tiembla sin haber ninguna situación que pueda estarle asustando, deambula por la noche sin un rumbo fijo, manifiesta dificultad para saltar a los sitios a los que acostumbra subir, manifiesta estereotipias (repetición involuntaria e intenpestiva de un gesto o acción), y ladra y lloriquea más de lo normal, la visita al veterinario se me antoja indispensable.

Entiendo que podáis pensar que es una perogrullada todo lo que os expuesto en el artículo, y que cualquiera de las circunstancias descritas, os haría correr a vuestra clínica veterinaria de confianza. Mi experiencia clínica me dice que no siempre es así, y que en muchas ocasiones los profesionales nos encontramos con perros que presentan serias complicaciones que se podrían haber evitado si no se hubiera demorado la visita a nuestros centros.

De cualquier forma creo que este repaso a los síntomas, que debemos asociar con la presencia de enfermedad en vuestros perros, os puede ayudar a pensar en las causas que los producen, y a  interpretar las consecuencias que pueden acarrear para su salud.

Espero haberlo conseguido.

José Enrique Zaldívar Laguía.


martes, 18 de enero de 2011

El caso clínico del año




El otro día publicaba una entrada en mi blog sobre el presunto maltrato de un propietario a su perro de nombre Patrás. Llevo 29 años de clínico de pequeños animales, y he visto cosas realmente "espeluznantes", pero lo de esta mañana ha sobrepasado mi capacidad de asombro.

Bimba es una perra de raza maltés de 7 años de edad, sin un historial clínico que haya tenido cosas dignas de mención desde que era una cachorra, salvo la extirpación en junio del año pasado de un quiste a nivel de su cola, que tras el análisis realizado por histopatólogo resultó ser una neoplasia epitelial benigna de nombre Queratoma quístico.

Pues bien, Bimba ha aparecido esta mañana en la clínica con su hocico hinchando, con todos los pelos de la zona anudados, y desprendiendo un olor pestilente fruto de la intensa supuración que presentaba en la zona.

La manipulación de la perra, con un carácter ya de por si bastante "especial", ha sido imposible delante de los propietarios. Los intentos de morder y las protestas en forma de gritos han sido constantes, así que, ha sido trasladada al quirófano, en donde se ha mostrado un poco más apacible, pero con claras intenciones de que, al menor descuido, seríamos taladrados por alguno de sus dientes.

Según nos han contado, la madre de su propietaria decidió hace un par de días cepillar el hocico de la perra, pero dado su mal carácter, pensó que la mejor manera de realizarlo sin ser mordida era colocar unas gomas de las que utilizamos habitualmente para enrollar documentos, o incluso para sujetar el pelo, alrededor de su morro, lo que a buen seguro impediría ser agredida por la boca de Bimba. Después nos ha comentado que las gomas habían sido retiradas.

Se ha procedido a la eliminación de los pelos del hocico de la perra y la sorpresa ha sido que todavía quedaba una goma fuertemente apretada alrededor de su boca, que estaba produciendo la interrupción de la circulación en los tejidos de la zona, y las lógicas lesiones con un profundo corte a nivel cutáneo, y la consiguiente infección a niveles bastante profundos. Una vez cortada la goma y liberada la zona de la fuerte presión a que estaba sometida, la cara de Bimba ha cambiado, y sus esfuerzos por mordernos han pasado a la relajación absoluta.

Y digo yo: ¿para qué han sido inventados los bozales de nilon, las cintas, y la capacidad que nos dan las matemáticas de sumar y de restar, en este caso gomas del pelo?

Mucho me temo que si la goma hubiera estado un día más colocada en donde estaba, las consecuencias habrían nefastas e irreparables.

Milagrosamente la perra ayer había comido, lo que se puede explicar porque la goma estaba estaba en una posición bastante posterior, y por otras circunstancias que no viene al caso comentar.

sábado, 15 de enero de 2011

¿Es Patras un perro maltratado?






Patras es un perro de raza weimaraner, nacido en diciembre de 2001. En su historial clínico figuran las fechas de vacunación desde que es atendido en nuestra clínica, es decir, desde el 3 de noviembre de 2006. Patras está identificado con su reglamentario microchip, y ha sido revacunado anualmente contra el Moquillo, Hepatitis, Leptospirosis, Parvovirosis, y Adenovirus de la Tos de las Perreras. Patras es desparasitado internamente de manera regular, es decir cada 3 meses con un excelente producto para parásitos intestinales, y se le aplican de marzo a octubre los medicamentos necesarios para la prevención de parasitosis externas (pulgas y garrapatas), y para la prevención de la leishmaniosis y de la filariosis. Patras es por tanto un perro que recibe con la regularidad que su veterinario estima oportuna, los medicamentos y vacunas necesarias para la prevención de todas las enfermedades que pueden ser prevenidas. Además, Patras es testado todos los años por si, a pesar de las medidas profilacticas tomadas, ha podido ser picado por el flebotomo que transmite la leishmaniosis. El último análisis se lo hemos hecho esta mañana: negativo.

Patras fue siempre un perro sano, pero en el año 2007 presentó una severa infección en una de sus manos. Presentaba un corte muy profundo que afectaba a algunos tendones, y que estuvo a punto de requerir la amputación de algunos de sus dedos. No fue necesario, ya que gracias a la preocupación de su propietario, y a las numerosas curas y atenciones que le fueron aplicadas en nuestra clínica y en su casa, se controló la grave infección que padecía.

En octubre de 2009, Patras fue llevado a nuestra centro por presentar un nódulo del tamaño de una avellana en su cuello, que una vez examinado, decidimos extirpar. Una vez realizada la biopsia, el histopatólogo nos informó que se trataba de un mastocitoma bien diferenciado, infiltrativo (grado I según Patnaik). Este tipo de tumores tienden a aparecer en animales viejos (9 años por término medio). Afortunadamente, el mastocitoma de Patras es de grado I, los de mejor pronóstico. Que se sepa hasta el momento, los mastocitomas nada tienen que ver con el supuesto "maltrato" que padece Patras.

En febrero de 2010, Patras presentó un nuevo nódulo cutáneo, que una vez extirpado en nuestra clínica, resulto ser un sarcoma canino de tejidos blandos de grado histólogico alto, es decir de alta malignidad, pero que en este caso evolucinaba de forma delimitada en la dermis, sin observarse elementos neoplásicos en contacto con el margen profundo del tejido remitido. Que yo sepa, este tipo de neoplasias tampoco las produce el maltrato.

Patras, desde que aparecieron los tumores, es sometido en nuestra clínica a revisiones y analíticas completas cada 6 meses para comprobar su estado de salud. La última de ellas se la hemos realizado esta mañana, y es perfecta. Tan sólo una transaminasa, la ALT, presenta una discreta elevación.

El último problema que ha presentado, y por el que le hemos atendido en las últimas dos semanas, es por presentar una foliculitis acompañada de una intensa dermatitis húmeda, que podría estar relacionada con algún proceso alérgico. Una vez instaurado el tratamiento correspondiente ha mejorado considerablemente, aunque la herida del cuello sigue dando algún que otro problema. Los collares isabelinos rozan en la zona, y los vendajes tubulares que se le ponen se los quita. Esperemos que con el nuevo tratamiento que estamos utilizando se solucione el problema. La cicatriz que se abre y se cierra, asienta justo en la zona donde se extirpó el mastocitoma, tumores que hay que eliminar de forma radical por lo que el campo quirúrgico en el que se interviene ha de ser muy amplio: 2-3 cm de tejido periférico y la inclusión de un plano de fascia profunda.

Patrás que estuvo perfectamente atendido los días posteriores a su primera intervención, la del mastocitoma, se quitó algunos de los puntos a pesar de las medidas que se tomaron, y se le infectó la herida, que tuvo que volver a ser suturada y tratada. Estuvo bien durante unos meses, pero un nuevo rascado de la zona, volvió a causar problemas en la misma.

Os preguntaréis la razón de que hable de Patras, un perfecto desconocido; lo hago porque su propietario  me ha comentado que su perro ya tiene historia en internet, y ha salido en los papeles.

En diciembre del año pasado, una señora de nombre Ann Louis Gulstad, periodista y escritora noruega, le dedicó un artículo en el periódico El Mundo que tituló: "Yo, Patras, un perro maltratado".

El perro es tal y como lo describe en su artículo, fuerte, guapo y bueno. Vive donde se dice que vive, salvo las temporadas que pasa con su propietario en Madrid. Su propietario lo deja solo desde el lunes por la noche hasta el jueves por la tarde, salvo casos excepcionales. Efectivamente está durante este tiempo en una jaula, salvo el rato en que le saca una persona que va a ponerle la comida y el agua. Debo añadir que en muchas de las ocasiones en que esta persona le sacaba, Patras cogia carrera y desaparecía en el horizonte.

Patras vivía antes en semilibertad, es decir, hacía lo que le daba la gana los días de la semana en que su propietario no estaba con él en su segunda residencia. Iba y volvía a su antojo, pero fue denunciado por algunos vecinos, lo que obligó a retenerle en la jaula. De los problemas personales de cada uno, no es mi función hablar, y por tanto no explicaré las razones por las que el perro pasa martes, miércoles, jueves, y parte del viernes sin la compañia de su propietario, y no puede convivir con él en su domicilio de forma habitual.

Lo cierto es que a Patras no le duele ningún hueso, que se encuentran perfectamente y que sustentan unas extremidades posteriores bastante bien musculadas para su edad, y raza, en las que jamás ha presentado una cojera a pesar del intenso frio que dice el artículo que pasa.

Puedo además certificar que su dueño no le mandará al "matadero" hasta que su veterinario, es decir, yo, lo considere oportuno, y por el momento, dado su excelente estado de salud, creo que el asunto va para largo, a pesar de haber sido operado de dos neoplasias malignas, que en cualquier momento pueden poner final a su vida.

De los sentimientos de Patras cuando se queda solo, nada puedo decir, pero sí de los que muestra cuando viene a la clínica con su dueño o con su paseante, que lo tiene: es un perro sano, feliz, y que muestra una entrañable fidelidad por su propietario. Es evidente que el tema de los ladridos, que logicamente molestan a sus vecinos, es un problema que debe ser resuelto, y en eso estamos.

Y ahora, que cada uno de los lectores de este texto saque sus propias conclusiones: ¿Es Patras un perro maltratado?

Ah, olvidé describir la jaula de Patras:

Es una contrucción de madera y alambrada, de 2x3 metros. La mitad de está techada para protegerlo de la lluvia, y la otra mitad abierta para que le dé el sol. Se encuentra ubicada en la zona del terreno más alta y donde el sol tarda más en desaparecer. Tiene suelo de cemento y una zona de tarima de madera elevada unos 30cm. donde está su caseta; una caseta de plástico lavable con un colchón hecho a medida. El suelo tiene inclinación para que los excrementos y la orina puedan limpiarse fácilmente con una manguera a través de una salida que desagua en una fosa séptica, tarea que se hace a diario.