sábado, 21 de noviembre de 2009

LOS DESVARÍOS DE LOS TAURINOS

Viendo que por lo que comenta el autor del escrito, los abolicionistas somos como Hitler, que gaseaba judíos, y como Stalin, que utilizaba los gulag siberianos para acabar con sus enemigos políticos, y que ademas utilizamos sus mismas armas, estoy pensando en el método más sádico y violento que podemos utilizar para acabar con los taurinos.

Evidentemente el comentario es sarcástico, no vaya a ser que alguien me acuse de asesino, y dictador, como hace el pedante que ha escrito el texto que he copiado y pegado.

Un apunte gramatical que me ha hecho llegar una buena amiga, señor pedante:
Menos leer sobre Hitler, Stalin para coger ideas raras (así le ha salido esta diarrea mental) y repasarse la ortografía y gramática elementales... que si quiere ser pedante pierde puntos con sus "acentos móviles" y sus "fijaros". Señor "aútor" (toma dedicatoria) ahora me pongo yo pedante: El fijaros es un mal uso del infinitivo que no debe hacer de imperativo, al añadirle el enclítico "-os" al imperativo (terminado en "-d"), se pierde esta "d".

Un apunte más: el blog parece una tienda de ultramarinos.

El texto del futuro Nobel de literatura:

Deberíamos tomar conciencia de la importancia capital que supone el intento, con serias posibilidades de éxito, de los representantes políticos nacionalistas de prohibir los toros en ese territorio tan amado para mi, como es Cataluña. El deber de oponernos a semejante felonía, no sólo como aficionados taurinos, sino como miembros de infantería de una sociedad que se desenvuelve gracias a unos valores y como amantes de un orden de cosas en el que casi todos nos hemos criado. La acción es injusta, aberrante y se plantea como una prueba de laboratorio para futuras acciones a escala de imposición de las ideas de unos pocos que se arrogan previamente el derecho a tener en exclusiva el monopolio de la creatividad intelectual y de lo moralmente aceptable en un territorio determinado.
El integrismo antitaúrico no es más una forma muy sofisticada de nazismo y estalinismo extremos, las pseudocausas son establecidas con las mismas artimañas, las armas son idénticas y las consecuencias, no me tachen de histérico, serán similares.
El hecho de ignorar primero, marginar después y acabar desterrando, “purgando” o reeducando al “enemigo” son las técnicas de los tres “ismos”. No me hablen de mayorias, también Hitler las consiguió y el apoyo de Stalin era únánime, hasta muchos años despues de su muerte, no es un argumento irrefutable el de las presuntas mayorias.
Los nazis empezaron desarrollando una falsa teoría sofista que sostenía la maldad indiscutible y congénita del gitano y del judío, de la corrupción malvada que habían supuesto de la raza, pregonadamente superior, aria. Planteada la premisa filosófica y política que suponía la justificación de cualquier tropelía, siguieron el proceso promoviendo inocentes recuentos informativos en las ciudades alemanas. Lo de Mauthausen y otros campos de exterminio fue el final lógico del famoso adagio de Bertold Brecht, nadie que no se sintiera directamente afectado en su propia persona defendía la idea contraria, no sólo era miedo, era el logro de la unívoca publicidad que convenció a los teutones de que ese era el único posible camino correcto.
El estalinismo, tras la llegada al poder por “herencia” de Stalin tras la muerte de Lenin, supuso, superada, todos sabemos como, la oposición interna, llámese Trotski, el desarrollo de una burocracia que actuaba como freno de cualquier iniciativa, la represión de las masas a las que se afirmaba defender, un idolátrico culto a la personalidad del líder y la purga de los enemigos políticos a medida que se manifestaban y sacaban los pies del plato.
Esto es historia política, de esta fuente bebe el nacionalismo, llámese CIU, PSC, Esquerra, Terra Lliure, IC o como se quiera anunciar. Todas estas formaciones defienden el principio indiscutible y tautológico que sostiene que la fiesta brava no es más que una de las formas en que se manifiesta desde hace tres siglos el vergonzante yugo de los Borbones primero y del franquismo después sobre el alienado pueblo catalán. De esta tergiversación de la historia, mentira se dice en mi pueblo, que no me voy a entretener en desmontar, como no lo he hecho con la supuesta superioridad de la raza aria del nazismo, o la consideración del accidente laboral como traición a la patria del estalinismo, de esta manipulación surge la necesidad imperiosa de declarar a la misma Barcelona que no se declara ciudad antiterrorista, en un brindis al sol, como ciudad antitaurina, por ejemplo, la prohibición de las plazas portátiles, y otras actitudes vergonzantes como eliminar de las cátedras de las universidades la afición de Dali, el mismo que, en estos días en que ha muerto Chamaco, cuando el de Huelva convulsionó a la afición catalana y desde ahí a España, con sus actuaciones en Barcelona, el de Figueras subía a la mejor suite del Ritz, donde se hospedaba el choquero para comprobar que el hombre que se había jugado la vida haciendo arte en la Monumental o en las Arenas de Barcelona «era real y no surrealista».
Estas mentirijillas no tendrían más importancia que la ridiculez si no fueran acompañadas y sirvieran de argumentarlo para un hecho tan surrealista, nos puede lo daliliano, como la prohibición de las corridas de toros en Catalunya, sobre la base ya mencionada de la imposición borbónica, graciosa paradoja que quien las quiso prohibir en el resto de la españas las exportase por la fuerza a las tierra de delta del Ebro.
La segunda fuerza argumental, la que esgrimen los antitaurinos catalanes como muestra de modernidad y supuesta altura moral, es la defensa del animal. Toro, ante la crueldad humana. La táctica es copiada a la nazi o la comunista, con reminiscencias de los cristianos viejos en la vieja Castilla que obtenían cobertura ideológica, para prender fuego a las juderías, de las misas negras, las torturas a niños cristianos y otras invenciones peregrinas. Stalin inauguraba monumentos y citaba a Marx al que se refería como maestro, mientras “purgaba” a sus valedores y destrozaba uno por uno sus postulados tanto económicos como sociales, Hitler apenas usó argumentos que explicaron su antisemitismo. Fijaros en la pobreza de la argumentación de quienes por acción u omisión pretenden clausurar la fiesta de los toros en Cataluña, apenas un esbozo de explicación de antiespañolismo camuflado bajo la capa de animalismo.
Lo cierto es que y de acuerdo con la escala de Brecht el holocausto no solo fue judío, acabaron y empezaron liquidando a homosexuales, calés, polacos (vaya por Dios), enfermos mentales, prisioneros de guerra soviéticos, opositores políticos a su régimen….
No tacho de nazi o de estalinista a nadie que no lo sea, pero las técnicas son las mismas, el toro no es más que un culpable simbólico que permite justificar fácilmente el nacionalismo catalán y superar diferencias internas, lo que en psicología de andar por casa se denomina un chivo expiatorio.
Callarnos, como hizo en su momento Brecht, para luego escribir una frase bonita, quejarnos desde el exilio como Einstien, hacer películas-denuncia desde los EEUU como Fritz Lang, no son soluciones. El ejemplo positivo puede ser Alexander Solzhenitsyn, deportado a la Siberia y autor de Archipiélago Gulag después de ser expulsado de la vida oficial en URSS. Gerard Hauptmann premio Nobel reconoció que apoyó pasivamente a Hitler por miedo porque era un cobarde, no debemos hacer eso, nadie lo debe hacer, pero Juli, Matilla, José Tomás, Chopera, Perera , Lozano, Ponce, Jesulín, Serafín Marín, Jordi, Espla, Albert, Xavi y tantos otros son gentes a lo que me gustaría tener en mi trinchera, no en la tumba de al lado.
En la indiferencia está la fuente de los errores más graves del mundo occidental, la apatía es también el origen de su culpabilidad. Ni un solo catalán debería ser indiferente, ni un sólo español debería mirar hacía donde miraban los alemanes cuando los nacionalsocialistas iniciaban sus escaramuzas poniendo estrellitas en las solapas. La postura de la gente del toro debe ser radical, valiente, oportuna y mediática. Si hay que dejar sin toros al resto de España en un paro general como medida de presión, se hace. Y sobre todo, las cartas boca arriba, que el mismo PSOE que en Extremadura, Andalucía, Castilla la Mancha, apoya sin fisuras a la fiesta, el mismo que tiene culiparlantes como diputados en el parlamento nacional, imponga disciplina de voto en el parlament. El integrismo nacionalista, presente de una u otra forma en todos los partidos catalanes, está destruyendo el seny de esa tierra, su tradicional hospitalidad, su cultura y su histórica y ancestral apertura de miras. El antitaurinismo no nace del nacionalismo, el nacionalismo, entendido con afán segregacionista, usa todas las armas como excusa para actuar, legislar, marcar pautas de vida, educar y prohibir. Hoy ha sido la gente del toro, mañana pueden ser los que no sean del Barça y al otro los que miren la tele en castellano. La prohibición de los toros es, a día de hoy, una lacra que ningún demócrata debería consentir, el asunto de los toros puede y debe ser el desencadenante de la resistencia civil al papanatismo de unos y los afanes paranoicos, acomplejados y dictatoriales de otros. Ser catalán o ser taurino y no actuar nos hará cómplices cuando no verdugos.

Aquí dejo otra perla: a éste le veo algo más preocupado, y en su alegato a favor de la fiesta, dice, entre otras cosas, que queremos degollarles y borrarles del mapa. Aquí, de momento, al único que se la hace algo parecido al deguello es al toro en la plaza.

Por cierto, también hace alusión a que hay que dar publicidad a unos estudios que dicen que el toro no sufre. ¿Más publicidad? ¿No se decía que sufrir si que sufre, pero menos de lo que los antitaurinos creemos?

No puedo copiar y pegar el artículo porque la web taurina en que está alojado no me lo permite.

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3 comentarios:

antonio dijo...

Cuidado con criticar lo de las faltas de ortografía y creernos Miguel de Cervantes, que aquí no estamos libres de pecado nadie. Te lo digo porque tú, en el post del búfalo, pusiste "hervíboros" en lugar de herbívoros, algo que me parece mucho más grave viniendo de un licenciado en veterinaria. Así que evitemos la crítica fácil para dejar en evidencia a las personas e intentemos no caer en el tópico de que alguien a quien le gustan los toros no puede ser culto.

José Enrique dijo...

Yo no presumo de escribir bien, pero el que ha escrito ese bodrio, sí. No hay que ver como retuerce las expresiones y las frases. Gracias por lo de los herbivoros, ahora lo arreglo.

Anónimo dijo...

El tio pedante ese me parece que se ha pasado siete pueblos. Yo soy taurino, pero no se me ocurre pensar semejantes aberraciones de los que no están de acuerdo con la tauromaquia. Vaya lección de historia política más cojonuda!! Habrá leído, me pregunto, a Hanna Arendt y su obra Los Totalitarismos? Convendría que lo hiciera. Una cosa son los partidos políticos y otra la conciencia ética, moral y estética de las personas. Vaya m...de discursito. Qué verguenza, y esa ¿es forma de defender la tauromaquia? No será que ha sido contratado por el "enemigo"?