jueves, 1 de abril de 2010

SOBRE LA GENÉTICA DEL TORO DE LIDIA


Javier Cañón / Profesor de la Facultad de Veterinaria de la Complutense16
Diciembre 08 - Patricia Navarro
Diario La Razón




«Sólo con el pelo de un toro sabemos a qué encaste pertenece»

Madrid- Son las doce de la mañana, al profesor Javier Cañón se le ve activo, se le nota que hace muchas horas que su cabeza empezó a funcionar. No digamos los dos ordenadores que tiene a pleno rendimiento. Nos encontramos en su despacho, en el campus de la facultad de Veterinaria de la Complutense y una planta más arriba de la sala de experimentos. Su habitáculo está lleno de papeles y cuadros que envuelven las paredes, más de uno recuerda que su proyecto huele a campo y a toro. De eso venimos a hablar. De un trabajo que le ha llevado ya más de diez años.

-¿Le basta tener el pelo de un toro para saber a qué encaste pertenece a pesar de los muchos que hay?

-Sí, del pelo sacamos el ADN y de ahí conocemos el encaste.

-Como con las personas.

-Hay más diferencias entre los encastes que entre las personas. Hay menos diferenciación entre los blancos y los negros que entre dos encastes de toros bravos.

-¿Tanta diversidad tiene la genética del toro?

-Tanto que si cogiéramos al azar dos razas bovinas europeas el parecido sería tres veces mayor que el existente entre dos encastes de lidia. La facilidad para saber el encaste a través del pelo habrá sido muy útil para los ganaderos. Sí, porque a la hora de comprar determinados lotes de vacas o de toros, pueden enviar pelos y les podemos indicar qué proporción de genes proviene de cada encaste. Así es más fácil saber lo que tienes en la ganadería y organizar los cruzamientos para dirigirla hacia donde deseas.

-Lleva más de una década estudiando la genética del toro bravo. ¿Cuáles son las conclusiones?

-Pues que en el toro de lidia se encuentra la huella de los dos eventos de domesticación que ocurrieron hace diez mil años, uno en Oriente Próximo y otro en el Sáhara Oriental. Sorprendente.Y más que la diversidad genética del toro de lidia se parezca más a las razas del Medio Próximo que a las europeas. Otra de las conclusiones es que apuestan por considerarla como una metaraza.-Sí, el nivel de división es tan amplio entre encastes que debería ser considerado así. Hay un matiz fundamental y es que a diferencia de otras razas el hecho de perder una ganadería supone a veces una pérdida terrible, porque se renuncia a un encaste entero.

-¿Como por ejemplo las ganaderías de Miura o Pablo Romero?

-Eso es, en otros casos que se pierdan cuatro o cinco ganaderías de una determinada raza bovina no tiene ninguna importancia desde una perspectiva de pérdida de diversidad, pero que se extinga la divisa de Pablo Romero es restar variedad genética y es de vital importancia preservarla.

-¿Cuál sería la solución?

-Debería haber un programa de conservación distinto al que existe ahora.

-¿En ese camino trabajan?

-Nuestro trabajo va orientado a tratar de agrupar a las ganaderías por encastes para poder presentarlo a ministerio de Medioambiente. Hacer una propuesta de la raza para que se puedan mantener esos recursos genéticos. Hasta ahora no se ha hecho un planteamiento formal.

-¿Cómo sería la fórmula?

-Presentar las líneas que hay, es decir, los encastes: por ejemplo hay 20 encastes razonados de forma científica y técnica. Esas líneas pueden estar constituidas por una sola ganadería y en este caso protegerlas sería prioritario. O está formada por treinta ganaderías, como puede ser el caso del encaste de Juan Pedro Domecq. Para que el ministerio pueda actuar hay que darle las herramientas necesarias.

-En realidad no es tanto que no se quiera hacer por parte de la Administración como que no se ha planteado de esta manera.

-Eso es, nunca se ha formalizado la propuesta. Hasta ahora sólo se ha considerado una raza que es la del toro de lidia; ahora lo que hay que conseguir es reconocer que está organizada en encastes y que desafortunadamente muchos de ellos están en serio peligro de desaparición. -

¿Cuál es el método de estudio que utiliza?

-A través del ADN, de las genealogías, y de las puntuaciones que hacen los propios ganaderos.