lunes, 8 de noviembre de 2010

POR SAN ANTONIO ABAD. BIENESTAR ANIMAL; DIGNIDAD HUMANA

Hace unos días, la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia (AVAT), de la que soy presidente y fundador, remitió un texto a los presidentes de los colegios provinciales de veterinarios, al presidente del Consejo General de Veterinarios de España, a los decanos de las facultades de veterinaria, y a algunas asociaciones profesionales.

La respuesta de éstos, no por esperada, ha sido sorprendente: el silencio. A veces, dicen, que el que calla otorga, aunque no sé si así podemos interpretarlo en este caso. Pero siempre hay una excepción que confirma la regla:

El Presidente del Colegio de Veterinarios de Bizkaia, nos contestó en una amable carta. En ella nos decía que hacía algunos años había publicado un escrito en el que hacía algunas referencias a determinados asuntos que hacíamos constar en nuestro comunicado, pero que no sabía adonde había ido a parar.

Hoy, nos lo ha enviado.

He de añadir que, cuando se creó AVAT, remitimos una nota de prensa a todos los colegios provinciales, al Consejo General de Colegios de Veterinarios de España, y a algunas asociaciones profesionales pidiendo que se hicieron eco de nuestra existencia en sus páginas de internet, y en sus medios de comunicación escritos.
Tan sólo AMVAC (Asociación Madrileña de Veterinarios de Animales de Compañia), y, como no, el Colegio de Veterinarios de Bizkaia, secundaron nuestra petición.

Sirva esta entrada de mi blog para dar las gracias al señor presidente del Colegio de Veterinarios de Bizkaia.

Texto firmado por Francisco L. Dehesa Santisteban.

Presidente del Colegio de Veterinarios de Bizkaia.

Por San Antonio Abad. Bienestar animal; dignidad humana


Durante los primeros días de este mes de enero de 2004 han aparecido alarmantes noticias sobre la posibilidad de que, a partir de varios brotes de “gripe aviar” surja en el Sudeste asiático un nuevo virus gripal que pueda generar una epidemia en los humanos.

Esta línea de preocupación se ve abonada por el hecho de haber muerto 3 personas en Vietnam, cerca de Hanoi, allí donde una enfermedad mucho más grave, la de la guerra, sumió a miles de familias en la muerte, la desesperación y el abandono.

Ante esa situación surge la pregunta, ¿cómo es posible que últimamente aparezcan tantas enfermedades transmisibles de los animales al hombre?. La respuesta es bien sencilla; las enfermedades infecciosas se transmiten de individuos que pueden ser de la misma o de diferentes especies animales, la humana incluida. Son cientos las enfermedades comunes al hombre y otras especies animales, las denominadas zoonosis, entre las que figuran algunas que han constituido, y constituyen, autenticas plagas para el hombre, como la tuberculosis, y otras de moderna aparición y gran repercusión económica y mediática como la Encefalopatía Espongiforme Bovina, mas conocida como la “enfermedad de las vacas locas”.

Esta circunstancia me lleva a reflexionar sobre el papel de los animales en la vida del hombre y, recíprocamente, el del hombre en la vida animal. Y parece que las fechas son propicias para hacer esta reflexión, en estos días próximos a la festividad de San Antonio Abad, santo relacionado con la protección de los animales domésticos, con un alcance más limitado y concreto que el otro gran santo cristiano relacionado con el mundo animal, San Francisco de Asís, el del “hermano lobo....”.

La existencia de enfermedades comunes al hombre y otras especies animales pone en evidencia la falsedad de papel de “Rey de la Creación” que nos hemos otorgado los humanos, pero no oculta el trato tantas veces abusivo y vejatorio al que sometemos muchas veces a los animales. No se trata de caer en la "ñoñería" de exigir que se les trate como humanos, semejantes a nosotros. No somos quienes para condenarles a una vida “humana”. Tal vez la clave esté en la palabra respeto, respeto a su bienestar y a su dignidad, dentro de las pautas que cada sociedad tiene en el ámbito de su relación con los animales.

En tiempos pasados se exigían ímprobos esfuerzos a los animales de labor, arando o trabajando en el campo, en largas jornadas bajo un sol abrasador, pero también es cierto que con ellos sufrían las mismas inclemencias los hombres que dirigían sus trabajos en los campos y en los montes, Y muchas veces los hombres hacían partícipes a las bestias de los escasos elementos que dulcificaban su esfuerzo: el vino, el agua, la sombra…

En los mataderos vascos todavía hay ganaderos, “casheros”, que acompañan a sus animales el día del sacrificio. No cuestionan el hecho del sacrificio en sí, pero están ahí, para ser testigos de que no se les trate a sus animales con crueldad, de que la muerte sea un acto que, pese a su dramatismo, se ejecute con respeto y dignidad. “Que San Antonio conserve a los que quedan” acostumbraba a decir en las Encartaciones el día de la matanza el matarife, cual sacerdote, entre el silencio de los acompañantes en el sacrificio.

Los que hemos tenido ocasión de vivir en el campo sabemos que la distancia entre la vida y la muerte no es sino una finísima raya que, a veces, demasiadas veces, se sitúa a merced de alguna mente humana. La cuestión no es, a mi modo de ver, si tenemos derecho o no a sacrificar los animales sino la obligación que tenemos los humanos a hacerlo con respeto, salvaguardando su dignidad.

Hace unas semanas leí un libro de José Luis Sanpedro titulado “Los Mongoles en Bagdag”. Cita es ese libro que un nieto del famoso emperador Genghis Kan sitió y conquistó Bagdag en el siglo XIII. El conquistador hizo preso al Califa de Bagdag y para ejecutarle ordenó envolverlo en una gran alfombra y que pasaran por encima miles de caballos con sus jinetes en una forma de muerte con honor, sin que pudiera verse su sangre ni oírse sus lamentos si se llegaran a producir. Una muerte bárbara, pero digna.

No tuvo esa dignidad la muerte de un cachorrillo en un parque público de Bilbao hace unos meses, a manos de su dueño, en forma de brutales martillazos. Ni es digna la muerte de los toros de lidia en el ruedo, entre la música, la sangre, el humo y el jolgorio. No, no es digna su muerte, como no era más gloriosa la muerte de los gladiadores en el Coliseo romano porque se produjera ante miles de indignos espectadores. ¿Qué pensaríamos si nos dijeran que los responsables culturales de las ciudades romanas eran quienes presidían los espectáculos del circo romano?. La muerte de los animales no humanos puede tener muchas justificaciones, pero no le llamemos cultura. Si matar por placer, sea de los actores o de los espectadores, es cultura, quiero ser más inculto de lo que soy.

Con parecerme importantes algunos de los aspectos que he tratado de apuntar, la realidad es mucho más amplia, sutil y de mayor calado y afecta, sobre todo, a los animales de producción y compañía. ¿Cómo reaccionaría un ganadero de hace unas décadas al ver que actualmente, en algunas explotaciones de ganado vacuno, se valora si interesa intentar curar a un animal enfermo o es preferible esperar que se muera para cobrar el seguro?

Hoy, una enfermedad procedente de los pollos amenaza la seguridad de los humanos. Hace unos meses un equipo de científicos americano propuso que se incluyera el chimpancé dentro del género Homo. El hombre no sabe si está solo en el Universo pero debería recordar que no esta solo en la Tierra.

El respeto del bienestar animal es una medida de la dignidad humana. ¡Que San Antonio conserve los que quedan!.

Francisco L. Dehesa Santisteban
Doctor en Veterinaria
Presidente del Colegio de Veterinarios de Bizkaia

8 comentarios:

Mabel G. dijo...

Excelente toda la entrada !

clariana dijo...

Me ha encantado este escrito del Presidente del Colegio de Veterinarios de Bizkaia, ésto es verdadera calidad de sentimento del humano hacia el animal, como lo era la de los ganaderos bikcaínos que acompañaban al sacrifico a su animal velando para que no se hiciera con crueldad.
Muchas veces he pensado en esos animales del campo con el trabajo tan duro que tenían y también en los que arrastraban carruajes por los caminos y peor tranvías por las ciudades. Pero también existía esa dureza de trabajo del humano en el campo, que en su relación con el animal haría muchas veces que fuera considerado para compartir las cosas buenas que aquel poseía.
Estos tiempos actuales son pésimos para el animal, pues sufre en vida, ya que no se le da una calidad mínima de espacio, de contacto con la naturaleza, sino que se les considera objeto de explotación; sufre en su muerte, ya que habiendo medios con el progreso para utilizar que amortigüen el sufrimiento de su muerte, no se utilizan o se utilizan poco, por ahorro de economía, por absurdos ritos de algunas religiones, por una mala gestión en la ejecución de las leyes...
Y ya lo de las corridas y las fiestas que torturan a los animales es como la punta del iceberg, lo que se ve y que es muy cruel, asomando en una vergonzosa expresión de lo poco que supone el animal y su sufrimiento para muchos humanos.
Me acuerdo muchas veces de San Antonio Abad y de San Francisco de Asís y me gustaría que la iglesia actual también se acordara y condenara de una vez las corridas de toros y el sufrimiento innecesario de los animales en los mataderos. Parece que ese tema no exista para ellos.
Gracias por publicar este escrito que no conocía y por preocuparte siempre y siempre de los animales y su sufrimiento. Un saludo.

El Profanatumbas dijo...

Hola, encontré esta página navegando por internet, la cual encuentro muy interesante. Me gustó mucho la forma como tratas los temas. Es un gusto y un placer poder leerte.

Enlacé esta web desde mi blog, el cual te invito a visitar:
www.reflexiones-irreverentes.blogspot.com

Tal vez mis últimos post te interesen. Sigue adelante, vas muy bien.

Saludos

José Enrique dijo...

Gracias. Me pasaré por tu blog.

carlitox dijo...

Me gusta el tema. Ahora que en el curso de psicología experimental estamos tratando el tema de la ética con animales, me viene bien.
Amo a los gatos también.

José Enrique dijo...

Me gustaría saber un poco de que va la psicilogía experimental y su relación con el bienestar animal. Si no te es mucha molestia, podrías contarnos algo al respecto. Gracias.

carlitox dijo...

Con mucho gusto, señor.
Sólo el 7 u 8% de los estudios psicológicos se hacen en animales. De ellos el 90% utilizan ratas, otros roedores y aves.

Como científicos, adoptamos una postura evolutiva y suponemos una continuidad en el reino animal no sólo biológica sino también de comportamiento. Por tanto, debido a que ciertas habilidades conductuales aparecieron pronto en la historia de la evolución, muchas pautas de la conducta humana también se aprecian en los infrahumanos. Por ello se investiga en animales (por razones prácticas, teóricas y éticas que podría comentar si desea) para poder aprender sobre ciertos comportamientos básicos universales.

La APA (asociación de psicólogos americanos, no asociación de pastores alemanes del Perú) tiene una extensa declaración sobre la ética animal, en ella se exigen procedimientos como:

1)Adquirir, cuidar, usar y desechar a los animales de acuerdo con las leyes.
2)garantizar que todos los que utilicen animales hayan recibido educación para el cuidado y alimentación de los animales.
3)se les procura comodidad y salud.
4)hacer esfuerzos razonables para minimizar la incomodidad, infecciones, enfermedades y dolor.
5)Aplicar procedimientos que provoquen dolor, estrés, o privación solo cuando no hay otro método y siempre que la meta esté justificada por el valor científico, educativo o práctico
6)realizar procedimientos quirúrjicos bajo anestesia y con técnicas para evitar infecciones y minimizar el dolor luego de las cirugías.
7)Cuando sea apropiado poner fin a la vida de un animal, se procederá con rapidez, tratando de reducir al mínimo el dolor.

Entre otras cosas...
El libro que me estaba leyendo es el de "Psicología experimental" de David Martin de la Universidad de Carolina del Norte, traducido por Javier Dávila.

Espero que el comentario haya sido de vuestro agrado.
Un abrazo.

José Enrique dijo...

Muy interesante, y desde luego, si te apetece, podrías ampliar las razones a las que haces alusiíón. Supongo que podemos situar este tipo de investigaciones en lo que llamamos experimentación animal, actividad sumamente cuestionada en la actualidad. De hecho son muchas las universidades que están abandonando este tipo de prácticas, y cambiando los modelos animales no humanos (no me gusta la palabra "infrahumano") por modelos virtuales o por los hechos de otros materiales.
Es más que probable que a nivel del estudio del comportamiento, hay muchas manifestaciones que se dan en determinadas especies y que se pueden extrapolar a la especie humana, pero también es cierto que se realizan muchos experimentos en este campo que no tienen ninguna utilidad. Cada vez menos, afortunadamente. Esto no quiere decir que yo sea radical en este sentido, ya que reconozco que son muchos los estudios realizados en animales no humanos que han servido y sirven para mejorar la calidad de vida no sólo de nuestra especie, sino de las demás. En mi profesión los fármacos que empleamos son ensayados en perros y gatos, y de su efectividad se benefician estos mismos animales, cosa que en muchas ocasiones olvidan los animalistas.
Saludos.