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miércoles, 27 de mayo de 2009

TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO EN EL GATO (II)




TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO EN EL GATO (2) (AGRESIVIDAD)

En el número anterior de la revista, se publicó un primer artículo sobre determinados comportamientos indeseables del gato. En el de este mes, presentamos una segunda entrega que esperamos que merezca vuestro interés. Nos centraremos en los problemas de agresividad que son el segundo problema más frecuente en la conducta de estos animales.
 Las interacciones agresivas pueden ser sutiles, con miradas fijas o posturas del cuerpo, o pueden consistir en encuentros activos que implican bufidos, gruñidos, persecuciones, arañazos y mordiscos.
 No es raro que en la clínica diaria nos hagáis preguntas sobre determinadas conductas agresivas que en ocasiones habéis observado en vuestro gato.
 En el perro existen determinadas manifestaciones de este tipo que tienen como origen una causa orgánica, es decir una enfermedad. En el gato este tipo de agresividad es bastante rara, pero se dan, y por tanto también hablaremos de ella. En segundo lugar, el gato no presenta agresividad competitiva o por dominancia, por lo menos hacia las personas, como es frecuente encontrar en los perros, aunque ciertas actitudes parecen contradecir tal afirmación.


 AGRESIVIDAD HACIA LAS PERSONAS:

-Agresividad causada por falta de socialización:

El periodo de socialización más importante en el gato, se sitúa entre las 2 y 12 semanas de edad, que es cuando se aprenden numerosas interacciones adecuadas con otros gatos y personas.
 El momento más importante para exponer al gato a las personas se sitúa entre las 2 y las 7 semanas de edad.
 Los gatos que han perdido aspectos de lo que son las relaciones sociales corren el peligro de manifestar respuestas sociales anormales.
 Las acciones agresivas aumentan rápidamente cuando estos gatos son reprimidos, encerrados o corregidos. Una nutrición intrauterina inadecuada o durante el periodo neonatal puede influir en el futuro compartimiento del gato.

-Conducta de juego versus agresividad ofensiva o defensiva, y agresividad predadora:

Los gatitos que han sido criados a biberón y no han sido corregidos por su madre u otros hermanos de la camada por el juego violento pueden no limitar los arañazos y los mordiscos durante el juego.

 Algunas conductas que manifiestan vuestros gatos y que interpretáis como agresivas son en realidad conductas de juego.
 La conducta de juego se caracteriza por incluir determinadas secuencias motoras. Me refiero al hecho de que en el juego aparecen con mucha frecuencia movimientos característicos de la conducta depredadora. En ocasiones la conducta de juego acaba con un ataque dirigido normalmente a las manos o a los tobillos, especialmente si están en movimiento; en ocasiones, el ataque -que incluye arañazos y mordeduras- es lo suficientemente intenso como para causar lesiones, particularmente en personas mayores. Entiendo que os gusta jugar con vuestras manos, provocando las “graciosas” reacciones de vuestros gatos, pero esta actitud, a la larga, puede desencadenar “ataques”. En su momento os hizo gracia que el gato se escondiera tras un mueble y se lanzara sobre vosotros cuando os veía pasear. Sus dientes eran de leche y sus uñas poco consistentes. Cuando el juego se torna en problema el gato muerde de manera desinhibida y causa lesiones. Creo por tanto que ese tipo de juegos deberán ser realizados con alguno de los numerosos juguetes que tales fines existen en el mercado. A diferencia de cualquier conducta propiamente agresiva, los ataques que forman parte del juego no van acompañados de piloerección, ni de posturas características de ataque o defensa. Además, la secuencia motora que precede al ataque es la propia de la depredación.
 Este problema no es susceptible de ser corregido mediante castración. En muchas ocasiones el que seáis capaces de interpretar correctamente este tipo de conducta, suele ser suficiente para inhibirla. Es importante parar cualquier tipo de juego con vuestro gato en el momento en que se produzca cualquier mordisco o arañazo. Aún así, el uso de de fármacos anticolinérgicos puede contribuir a aliviar el problema.
 Existe lo que denominados agresividad predadora y que hasta cierto punto puede ser confundida con la de juego. Las posturas típicas son la cabeza baja, el cuerpo tenso, silencio, movimientos lentos o ausencia de ellos, y cola crispada. Este tipo de agresividad puede ir dirigida hacia ratones, y especialmente hacía diversos insectos que pueden estar presentes en las casas. El problema es que en determinadas circunstancias podrá dirigirse hacia niños o adultos (pies, manos) como un fenómeno fuera de contexto. En este tipo de agresión, la acción es definitiva y el daño se concreta.

-Agresividad redirigida:

 Es un problema relativamente frecuente en los gatos. Esta forma de agresividad aparece cuando el estímulo responsable de la conducta no es accesible al animal, de forma que éste dirige su agresión hacia un objeto alternativo, en concreto una persona. Suele coincidir con situaciones en el que el gato presenta una gran excitación
 La interpretación que dais a este fenómeno, es la de ataques súbitos e impredecibles por parte del animal que muestra una conducta normal en cualquier otro momento. En consecuencia, la agresividad redirigida puede ser confundida con un problema de agresividad por causa orgánica, que suele ser también poco predecible.
 Para su diagnóstico es necesario la identificación de la causa que la provoca, y debe descartarse antes, que alguna enfermedad que causa malestar o dolor en el gato, sea el origen.
 En la mayoría de los casos lo que desencadena estas expresiones de agresividad incomprensible son los sonidos de alta frecuencia, y en el caso de los machos, la presencia de otro gato, que no tiene que estar necesariamente cercano. La presencia de personas desconocidas o simplemente el traslado a un ambiente nuevo pueden dar lugar a agresividad redirigida hacia personas.
 Si sois capaces de identificar que es lo que desencadena la agresión, y os mantenéis alejados del gato en esas situaciones problemáticas, será suficiente. Por desgracia, esto no es siempre posible. Se dan casos en que el sonido del teléfono o del timbre, o de una sirena en la calle, son los culpables de esas respuestas. Prever cuando se van a presentar las situaciones anteriormente citadas es, en la mayoría de las ocasiones, imposible. Es importante saber que la disposición agresiva del animal puede mantenerse durante un tiempo considerable después de la desaparición del estímulo responsable.
 En algunos casos, la corrección definitiva del problema es sumamente sencilla. Si el estímulo es la presencia de otro macho (por ejemplo en la calle, o en la casa del vecino), la castración puede ser eficaz. Si llegamos a la conclusión de que la causa es una situación que provoca miedo en el gato, el tratamiento debe ser el que sugerimos a continuación.

-Agresividad por miedo:

El diagnóstico de la agresividad por miedo se convierte en algo relativamente sencillo de identificar, al reconocer la postura característica asociada a la agresividad defensiva. No está de menos recordar que las secuencias motoras que acompañan a los diferentes tipos de agresividad son hasta cierto punto constantes, y por tanto muy útiles para identificar el tipo de agresividad. La agresividad defensiva del gato incluye una secuencia motora caracterizada por piloerección (en la cola y en la espalda), presentación lateral del tronco con la espalda arqueada y cola erguida o en forma de U invertida. Las orejas se presentarán aplastadas contra la parte posterior de la cabeza, mostrarán los dientes, y arrugarán la nariz.
 La agresividad por miedo hacia una persona puede aparecer de forma relativamente súbita y sin que sea posible identificar la causa. 
 Si conseguimos que el gato se habitúe a la presencia de la persona afectada sin que ésta se acerque demasiado a él, tendremos parte del problema resuelto. Alimentar al gato en su presencia es de gran utilidad. Existen tratamientos farmacológicos a base de ansiolíticos, en algunos casos facilitan la solución del problema.

-Agresividad por causa orgánica:

A pesar de que se trata de un situación poco frecuente, la agresividad por causa orgánica puede ser el resultado de un número considerable de enfermedades. Cualquier problema que provoque dolor puede desencadenar esta conducta; entre ellos destacan la impactación de sacos anales, artritis, lesiones orales, y en ocasiones las patologías que asientan en la vías urinarias bajas.
 El hipotiroidismo y el hipertiroidismo pueden causar irritabilidad y conductas agresivas. Es curioso pero se dan casos de gatos con hipotiroidismo, cuyo único síntoma es la presencia de manifestaciones agresivas. Ningún otro síntoma de la enfermedad como es la letargia, las alteraciones de la piel o la obesidad están presentes. Es por ello, que ante un gato con manifestaciones de agresividad, se debe hacer un estudio de funcionalidad tiroidea.
 Otras causas de agresividad pueden ser lesiones cerebrales, como tumores, infartos, encefalopatía isquémica, y encefalopatía hepática. Se han descrito casos de agresividad que remiten con tratamiento anticonvulsivante, lo que podría indicar que la causa es la epilepsia.
 Algunas infecciones víricas pueden causar ocasionalmente conducta agresiva. Entre dichas enfermedades destacan la rabia, el PIF, la leucemia, y especialmente la inmunodeficiencia felina (FIV) por acción del virus sobre determinadas estructuras cerebrales. Es interesante recordar que, el primer gato  en el que se aisló el virus de esta enfermedad, presentaba un cuadro de agresividad indiscriminada. Otro dato interesante es que la mitad de los gatos afectados por encefalopatía espongiforme felina mostraban conductas agresivas.

-Otras formas de agresividad:

De forma muy esporádica, el gato puede mostrar agresividad territorial hacia personas. Dicha agresividad no va acompañada de la secuencia motora típica de la agresividad defensiva y se manifiesta sólo hacia personas desconocidas para el animal.

-Agresividad entre gatos:

Las formas principales de agresividad entre gatos son la agresividad intrasexual, la agresividad por miedo, y la agresividad territorial.
 La intrasexual es dimórfica y aparece más en machos que en hembras. Es más intensa en las épocas de reproducción, siempre que dos machos se encuentran. La castración es el tratamiento de elección y suele ser eficaz en el 90% de los casos.
 La agresividad por miedo aparece a menudo de forma súbita y sin causa conocida entre gatos que habían convivido pacíficamente hasta entonces. Los animales se agreden siempre que se encuentran de forma accidental, y presentan las posturas características de agresividad defensiva. Para solucionar el problema deberemos habituar de nuevo a los gatos sin que mientras tanto puedan lesionarse. Podremos mantener a los animales separados excepto breves períodos de tiempo o sesiones de habituación. Es necesario colocar a los gatos en jaulas o transportínes durante las sesiones, de forma que se vean, pero no puedan atacarse. Esta técnica es también útil si introducimos un nuevo gato en casa, y el que ya estaba no le recibe con mucho entusiasmo. Es importante que en cada sesión de aproximación se intercambien los transportines, de forma que los gatos se expongan al olor del otro. Mientras se les expone se les ofrece su comida favorita. En vez de los transportines podemos utilizar correas para tener a los gatos controlados.
 Cuando no se están exponiendo sistemáticamente, los gatos deben de estar separados y darles sólo los requerimientos básicos sin prestarles más atenciones. Las habitaciones donde se guardan los gatos pueden intercambiarse después de cada exposición para que cada gato capte el olor del otro. El olor también se puede transferir de un gato a otro frotándoles con una toalla alternativamente.
 En ocasiones haremos uso de determinados fármacos para reducir la agresividad de uno y el miedo del otro.
 La agresividad territorial suele aparecer de forma gradual. Uno de los dos animales se comporta como agresor, y busca y persigue activamente al otro. El agresor controla visual y físicamente una o muchas zonas del ambiente, mientras que la víctima suele esconderse y evita activamente los encuentros sociales. La postura del agresor no es compatible con agresividad defensiva. El problema puede presentarse tanto en machos como en hembras. Es muy difícil de corregir y el consejo más razonable en muchas ocasiones es la separación de los dos animales en conflicto, es decir, que uno de ellos cambie de domicilio.

-Agresividad de reafirmación o relacionada con el estatus:

Las jerarquías sociales de los gatos pueden incluir interacciones con los seres humanos. Algunos gatos son dominantes y agresivos y pueden mostrar su agresividad hacia las personas cuando se les acaricia, cepilla o se les coge. Debéis saber que muchos gatos no soportan que se este tipo de actuaciones se prolonguen demasiado tiempo.
 El gato puede bloquear el camino del amo y mostrar conductas en busca de atención, como frotarse, o conductas desafiantes, como erizarse. Las conductas de frote y de golpeteo en este contexto son conductas de marcaje.

  Hasta aquí este repaso a lo que en un momento determinado puede tornarse fatal en la relación con vuestro gato, ya que los problemas de comportamiento hacen peligrar el vínculo entre seres humanos y animales y son causa frecuente de renuncia o de eutanasia de animales sanos.
 

jueves, 26 de marzo de 2009

TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO EN EL GATO (1)


TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO EN EL GATO

La conducta social del gato ha sido ampliamente estudiada en diversos colectivos, tanto en animales asilvestrados como en animales que conviven con el hombre, y lo cierto es que presentan grandes variaciones. Un parámetro que al parecer es de suma importancia para que desarrollen unas u otras conductas es la disponibilidad de alimento. Las diferencias genéticas se muestran al parecer importantes en cuanto a la organización social de estos animales, así como las experiencias tempranas durante su desarrollo.
Se sabe que son animales territoriales, pero en muchas ocasiones las áreas ocupadas por dos individuos se superponen.
Los mecanismos que emplean para delimitar sus zonas se basan fundamentalmente en:
- Marcaje con orina (spraying). Se sabe que los gatos pueden discernir entre el olor de la orina de un gato conocido y uno desconocido.
-Marcaje con heces: en ocasiones los gatos depositan montones de heces en lugares particularmente visibles, sin cubrirlos de tierra. Su función no está establecida.
-Marcaje con las patas anteriores: consiste en arañar objetos verticales. Incluye un componente visual y un componente olfativo: las señales dejadas por los arañazos y la secreción de las glándulas interdigitales.
-Marcaje con las glándulas cutáneas de la cabeza: el gato dispone de glándulas productoras de feromonas en la parte lateral de la cabeza (glándulas temporales), alrededor de la boca (glándulas periorales), y en la cola (glándulas caudales). Al frotar la cabeza contra un objeto el gato deposita en él la secreción de las glándulas periorales y temporales. En otras ocasiones las deposita sobre otros gatos e incluso sobre nosotros.
Todas estas costumbres, habituales en donde se concentran grupos de gatos, las desarrollarán también en nuestras casas, y en los alrededores de la zona en donde habitan en caso de que tengan oportunidad de salir al exterior.
Con estas premisas, vamos a tratar en éste artículo, los trastornos del comportamiento derivados de lo que acabáis de leer. Dejaré para una próxima entrega las alteraciones el comportamiento que derivan en agresiones entre gatos que conviven juntos, y las agresiones que son dirigidas hacía personas.

ELIMINACIÓN INADECUADA

Los problemas de eliminación inadecuada (es decir, la eliminación en lugares que no son aceptables para el propietario) constituyen una de las primeras causas de consulta por problemas de comportamiento en animales de compañía. Un dato sumamente importante que debe ser tenido en cuenta, es que la eliminación inadecuada puede ser la manifestación de la existencia de una enfermedad orgánica. Para descartarlas se deberá hacer una inspección del animal, y un análisis de orina y sangre completos. Tampoco estaría de menos, realizar una ecografía del aparato urinario.
En el gato, tanto los machos como las hembras adoptan la misma postura para orinar- agachan el tercio posterior- cuando dicha conducta no tiene finalidad de marcaje territorial. Cuando una hembra o un macho felino están marcando eliminan la orina hacia atrás al tiempo que mantienen el cuerpo erguido y la cola levantada, y tan sólo ocasionalmente lo hacen agachando el tercio posterior.
Además, el gato cuando realiza una conducta normal de eliminación escarba una pequeña depresión con sus extremidades posteriores, en la que deposita sus heces o su orina, y después las cubre con el sustrato que tiene en su bandeja.
Curiosamente la secuencia que se produce durante la micción/defecación, depende de las sensaciones que ése sustrato le produce al gato. Si no es de su agrado, defecará u orinará en un lugar distinto. También puede ocurrir que ése sustrato sea de su agrado para defecar, pero no para orinar, o viceversa. Los sustratos con olor intenso suelen provocar este tipo de problemas, o bien estar provocados por cambios de marca demasiado frecuentes. Ademas del sustrato propiamente dicho, la localización del mismo es también importante, y un cambio de lugar puede provocar problemas de eliminación inadecuada. El factor más importante que determina la aceptación del sustrato es el tamaño de las partículas; la mayoría de los gatos prefieren las partículas pequeñas. Los forros de las bandejas no suelen ser del agrado de los gatos. Me refiero a esas bolsas de plástico que muchos ponéis para que su vaciado sea más sencillo.
El marcaje territorial con orina es uno de los problemas de comportamiento más frecuentes. Suele aparecer en los machos no castrados y maduros alrededor de los 6-7 meses, y en las hembras suele coincidir con los periodos de celo. Aún así el problema puede presentarse en hembras y machos castrados.
Curiosamente existe una marcada variabilidad entre individuos, es decir, no se trata de un comportamiento generalizado, existiendo machos y hembras sin castrar que nunca a lo largo de su vida realizan este tipo de conductas, por lo que los etólogos piensan que seguramente existe un componente genético en el desarrollo de estas conductas.
El ambiente que rodea al gato es un factor sumamente importante y que debe ser tenido en cuenta. Si existen estímulos olfativos provenientes de otros gatos, la aparición del marcaje será mucho más frecuente. La explicación de este fenómeno es lógica, teniendo en cuenta que el marcaje territorial tiene una función comunicativa, y las feromonas presentes en la orina aportan información acerca de la identidad, y en el caso de las hembras, del estado de receptividad sexual del emisor.
Se ha comprobado que determinados medicamentos, en especial los ansiolíticos disminuyen este tipo de conductas, lo que nos hace pensar que deben estar influenciadas por estados de ansiedad o de estrés: nuevas personas o animales en el domicilio, cambio de él, cambios en el entorno físico del animal, y cambios en la rutina a las que el animal está acostumbrado.
Cuando un gato presenta un comportamiento anormal en cuanto a la emisión de orina, habrá que estudiar (cómo he dicho antes) si se trata de un problema derivado de alguna enfermedad, en especial de las vías urinarias. Una vez descartada esta posibilidad, determinaremos que se trata de un problema de conducta, y lo trataremos como tal.
En primer lugar habrá que fijarse en la postura que adopta el gato, para saber si está marcando o lo está haciendo por aversión al sustrato, por qué no le gusta el lugar donde tiene la cubeta, o por qué tiene ansiedad o está estresado.
La cantidad de orina depositada también debe ser tenida en cuenta, ya que cuando un gato marca el territorio lo hace con volúmenes muy pequeños de orina, y suele hacerlo en superficies verticales (puertas, trozos de pared cercanos a puertas y ventanas) y objetos recién introducidos).
Las áreas marcadas deben ser lavadas con un limpiador enzimático. Rociar las áreas marcadas con repelentes es controvertido. La aplicación de análogos de feromonas en forma de pulverizador o difusor puede reducir el marcaje.
Un objeto que curiosamente marcaban algunos de los gatos que he tenido en casa, eran los zapatos, y muchas veces me he preguntado si sería para tapar el olor que ellos eran capaces de percibir en ellos, derivado del que los animales que visitan mi clínica habían dejado en ellos. Curiosamente, cada vez que volvía a casa era lo primero que olisqueaban, y lo mismo hacían con la ropa de trabajo cuando la llevaba a casa para ser lavada.
Los gatos que marcan también depositan su orina en la bandeja colocada a tal efecto.
El marcaje con heces es sumamente raro, por lo que, si la micción inadecuada va acompañada de defecación inadecuada, es poco probable que el problema sea de marcaje (a no ser que el animal presente dos problemas distintos al mismo tiempo).
La limpieza poco frecuente de la bandeja o la utilización para ello de sustancias desodorantes, también puede ser el causante del problema. Aunque parezca poco higiénico los areneros deberían ser limpiados a diario y lavados sólo con agua caliente con cierta frecuencia. La presencia de determinados objetos o ruidos perceptibles o no por nosotros, también pueden hacer que el gato decida orinar o defecar donde debe. Un caso relativamente frecuente se da en gatos en que la bandeja se encuentra en el mismo sitio o próximo a electrodomésticos que de vez en cuando hacen mucho ruido como son el lavaplatos, la secadora o la lavadora.
Tampoco es extraño encontrarnos con gatos que en un momento determinado sintieron dolor al defecar u orinar en un sustrato determinado, y que decidan por ello hacerlo en un lugar diferente.
En el caso de machos no castrados, la solución es la castración, ya que funciona en el 80-90% de los casos. El efecto se suele conseguir de forma inmediata, aunque en casos excepcionales puede tardar meses. Lo que esta demostrado suficientemente es que la edad a la que se produce la castración no influye en este sentido.
En caso de hembras o machos castrados o machos que no se desee castrar se utilizarán tratamientos farmacológicos. Durante mucho tiempo se utilizaron los progestágenos, pero dado que sus efectos secundarios pueden ser graves (cáncer y diabetes), y que los ansiolíticos suelen conseguir el mismo efecto, han quedado en desuso.
Cómo recurso último y habiendo fracasado todas las opciones anteriores, existe la tractotomía olfatoria, que sólo se practicará ante la exigencia del propietario de practicar la eutanasia. Debe quedar claro que ningún veterinario debería ofrecerse a realizarla si no está seguro de que el propietario ha hecho todo lo que se le ha indicado.
De forma ocasional, el gato defeca en lugares inadecuados y muy destacados, probablemente impregnados del olor de una determinada persona. Esta conducta debe considerarse similar al marcaje, y el tratamiento con ansiolíticos debe ser eficaz. Actualmente se piensa que los gatos que marcan mediante una micción o defecación completa los lugares con alta concentración de olor humano (alfombrillas de baño, camas, ropa sucia...), parecen indicar que el gato tiene un conflicto con la persona cuyo olor marca con orina o heces.
El número de bandejas o areneros en una casa, debe ser igual al del número de gatos, más uno. Es obvio que además, serán necesarios varios recipientes con agua y comida.

MARCAJE TERRITORIAL CON LAS UÑAS

Los destrozos que en muchas ocasiones provocan los gatos con las uñas son motivo de consulta frecuente en nuestra clínica. En realidad se trata de una función de marcaje, y el rascado deja tanto una señal visual como olfativa; la señal olfativa es debida a la secreción de las glándulas interdigitales. Dado que se presenta muy tempranamente, no resulta demasiado complicado acostumbrar al gato a hacerlo en lugares adecuados, siempre y cuando le dediquemos tiempo y paciencia.
Los rascadores se colocarán en un principio en los lugares que el gato utiliza para dormir. El material a utilizar puede ser madera, corcho, esparto, tela de la utilizada para fabricar felpudos...La altura debe facilitar al gato alcanzarla con sus extremidades anteriores, mientras se apoya en las posteriores.
Si el gato ya ha adquirido la costumbre de utilizar objetos no deseados como sillas o sofás, será útil colocar rascadores en zonas próximas a donde se encuentran dichos objetos, y llevarle a ellos cuando se le pille in fraganti. En muchas ocasiones una silla o un sofá viejos pueden ser de utilidad, aunque podrán confundir al gato y hacerle pensar que puede utilizar todos los objetos similares que encuentre a su alrededor. Aún así, lo que ocurre con más frecuencia es que una vez que el gato ha escogido un lugar determinado, se afile y marque con las uñas siempre en él.
El gran problema se presenta cuando todas nuestras iniciativas han fracasado, y vosotros, propietarios nos planteáis la extirpación de las uñas o la eutanasia. Yo soy de los veterinarios a los que no les gustan este tipo de prácticas, pero tampoco podemos engañarnos: prefiero a un gato vivo sin uñas, que a un gato eutanasiado por una cuestión de comportamiento.
Estoy convencido de que a pesar de los potentes analgésicos que podemos utilizar, el dolor postquirúrgico es intenso. Serán necesarias muchas curas tras la operación con la colocación de incómodos vendajes que dificultarán la movilidad del gato, y en ocasiones se presentarán infecciones óseas en las zonas de amputación, por lo que antibióterapia será muy importante.
Se debe tener en cuenta ademas, que los gatos utilizan las uñas para pelear con otros gatos. Por tanto, si el animal tiene contacto con otros gatos, y particularmente se trata de un macho entero, la extirpación de las uñas no es una buena opción.
Existen desde hace tiempo unas fundas de goma que se colocan en las uñas y que pueden servir de alternativa. A mi la verdad es que no me convencen en absoluto. Las uñas seguirán su crecimiento natural por lo que será necesario cambiarlas con mucha frecuencia.

Artículo publicado en la revista El Mundo del Gato.
José Enrique Zaldívar Laguía.

martes, 20 de enero de 2009

ALTERACIONES DEL COMPORTAMIENTO EN EL PERRO


ALTERACIONES DEL COMPORTAMIENTO POR CAUSA ORGÁNICA



Los problemas de comportamiento en los perros son extremadamente corrientes. Según diversos estudios, la prevalencia de ellos se encuentra entre el 40% y 80%. En un estudio epidemiológico realizado en EEUU, aproximadamente el 40% de los perros había gruñido a sus propietarios y el 15% los había mordido.


Los problemas de comportamiento hacen peligrar el vínculo entre seres humanos y animales y son una causa importante de renuncia o eutanasia de perros sanos. Por consiguiente, vosotros, vuestros perros, y nosotros los veterinarios, nos beneficiaremos de la prevención y tratamiento de los problemas de comportamiento que puedan presentar vuestras mascotas.


En palabras del Dr. Luescher, la intervención conductual se refiere al reconocimiento de un problema de conducta que ocasiona un problema médico.


Las modalidades terapéuticas comprenden cambios en los cuidados (alojamiento, alimentación, ejercicio, métodos de adiestramiento), modificación de la conducta, y tratamiento farmacológico.



El término etología clínica veterinaria se utilizó por primera vez en 1969, en un artículo publicado en la revista British Veterinary Journal. El autor se refería con dicho término al estudio de los cambios de conducta que son consecuencia de enfermedades y que, por lo tanto, tienen interés diagnóstico.


Cuando nos referimos a “problemas del comportamiento” estamos abarcando un campo muy grande, que es aplicable a cualquier pauta de conducta de un animal doméstico que resulte peligrosa o simplemente molesta. En muchos casos, los problemas de comportamiento son consecuencia de pautas de conductas normales, propias de la especie en cuestión, como puede ser las la agresividad en el perro.


En otras ocasiones, sin embargo, los problemas de comportamiento son reflejo de una alteración orgánica. En consecuencia, cuando estemos ante un problema de conducta en un perro siempre deberemos tener en cuenta que ése animal puede tener una enfermedad. Podemos decir por tanto que, la solución de esos problemas debe pasar en primer lugar por las manos de un veterinario, ya que en muchas ocasiones será necesario el uso de fármacos para el adecuado tratamiento de esos trastornos. Esto no implica un menosprecio a los educadores caninos, pero debemos ser nosotros los que decidamos su intervención en los casos en que lo estimemos oportuno.


Podemos decir que el estudio del comportamiento animal es muy útil en el diagnóstico de enfermedades, ya que muchas de ellas provocan cambios de conducta en el perro. Estas alteraciones son muy aparentes y en ocasiones constituyen la primera indicación de enfermedad.


AGRESIVIDAD


En los muchos años que llevo practicando la veterinaria clínica de pequeños animales, el motivo más habitual de consulta en cuanto a trastornos de comportamiento, se produce cuando el perro se muestra agresivo hacía las personas o hacía otros perros. Este tipo de agresividad puede ser clasificada dentro de lo que se conoce como agresividad por dominancia o competitiva en la mayoría de los casos. Podemos decir que este tipo de comportamiento se encuentra influenciado por factores hormonales, por experiencias previas y por factores genéticos. Las evidencias experimentales confirman en líneas generales la idea de que los andrógenos aumentan la conducta agresiva, aunque con matices importantes. Es cierto que aumentan la agresividad de tipo ofensivo, pero no tienen ningún efecto sobre la de tipo defensivo. No existe correlación entre la concentración plasmática de andrógenos y la conducta agresiva de un individuo. Hay perros que muerden porque son dominantes o por miedo, y en muchas ocasiones porque tienen alguna enfermedad que hace que se desencadenen este tipo de reacciones.


Es por tanto de suma importancia que antes de acudir a un profesional de la educación, se realice un estudio exhaustivo del animal para descartar alguna patología que este provocando este comportamiento. Estos estudios deben incluir un análisis completo de sangre que incluirá algunas determinaciones hormonales, y una evaluación neurológica. Además, en muchas ocasiones, como en la agresividad por dominancia en caso de machos, podrá ser resuelta con la castración, aunque se dan casos en que este tipo de solución no es suficiente. Por el contrario, la castración en una hembra que se ha mostrado agresiva, podrá agravar el problema.


Hay muchos perros que se muestran agresivos con sus dueños o con otros perros porque padecen algún tipo de dolor que en ocasiones pasa desapercibido para vosotros. En la mayoría de las ocasiones serán dolores de tipo músculo esquelético, pero también podrán localizarse en la cavidad oral o en el oído. Un perro enfermo con malestar general, fiebre, problemas de vejiga, o dificultad respiratoria, también podrá mostrarse agresivo si se le molesta demasiado. En ocasiones, la pérdida de visión también puede provocar reacciones de este tipo. Se da con relativa frecuencia en perros con cataratas que tienen la visión nocturna algo disminuida.


La agresividad puede ser consecuencia de traumatismos craneales, así como de tumores o de infartos cerebrales.


Enfermedades endocrinas como el hipotiroidismo pueden provocar agresividad con patrones de comportamiento de agresión competitiva. En ocasiones, los perros afectados no muestran ningún síntoma de los que suelen acompañar a esta enfermedad (apatía, hipotermia, alopecias cutáneas, obesidad).


La hidrocefalia (acumulación excesiva de líquido cefalorraquídeo a nivel de encéfalo) en cachorros puede provocar este tipo de conducta atípica, que podrá pasar desapercibida si no hay una clara deformación del cráneo o estamos las primeras etapas de la enfermedad..


La agresividad puede ser consecuencia de epilepsia psicomotora, que se puede presentar con o sin convulsiones musculares. El ataque epiléptico en estos casos puede consistir en cualquier conducta extraña, incluyendo agresividad súbita. A veces esta agresión no se dirige hacía personas, sino que el perro morderá objetos.


Existe una agresividad por lo que se conoce como lapsus mental y que se manifiesta por ataques súbitos e imprevistos. La aparición del trastorno se presenta entre 1 y 2 años.


Otros problemas que pueden desencadenar conductas agresivas son enfermedades víricas que afecten al sistema nervioso central, intoxicaciones (plomo), encefalopatías metabólicas y lisencefalia (alteración en la estructura normal de la corteza cerebral). Algunos perros afectados de moquillo, muestran conductas agresivas una vez que el virus a atacado el sisteme nervioso.


PICA


En ocasiones, los perros muestran conductas anómalas, que consisten en la ingestión de materias que nada tienen que ver con los alimentos. La más frecuente es la ingestión de heces (coprofagía). En ocasiones, las menos, se deberá a un problema nutricional o a alguna enfermedad que provoque trastornos digestivos, especialmente relacionados con falta de enzimas digestivas, como ocurre en la insuficiencia pancreática exocrina. Teniendo en cuenta estas circunstancias, es importante descartar antes de iniciar cualquier tratamiento modificador de esta conducta, la presencia de algún problema relacionado con el aparato digestivo.


POLIDIPSIA


La polidipsia se caracteriza por un excesivo consumo de agua. En condiciones normales, el consumo diario de agua no debería sobrepasar los 90-100 ml/kg al día. Podemos clasificar la polidipsia en primaria o psicógena y en secundaria.


La psicógena no es muy frecuente en el perro, pero dado que se trata de un trastorno del comportamiento, me ha parecido conveniente apuntarla en el presente artículo.


Son muchas las enfermedades del perro que provocan un aumento de la sed, y todas ellas deben ser descartadas antes de tratarlo como un problema de conducta. La fiebre, los problemas digestivos, las patologías renales, los problemas hepáticos, las infecciones de matriz, la diabetes azucarada, la diabetes insípida, el síndrome de Cushing, pueden ser la causa de la presentación de este síntoma.


Cuando se presenta la poliuria psicógena nos encontraremos con un perro que bebe de 4 a 6 veces por encima de lo normal. Afecta principalmente a perros de razas grandes, y podría ser debida a situaciones de estrés. El tratamiento consistirá en restringir el consumo de agua, y en determinar y eliminar las causas del estrés.


ELIMINACIÓN INADECUADA


Los problemas de eliminación inadecuada (el perro hace sus necesidades fisiológicas en lugares no aceptables) es otra de las causas de consulta por problemas del comportamiento. El problema es que no siempre se debe a alteraciones que un adiestrador pueda resolver, sino que son provocadas por una alteración orgánica.


Entre las causas orgánicas que pueden provocar una eliminación inadecuada de orina, nos encontramos con los trastornos que provocan una mayor ingestión de agua, y por tanto una mayor eliminación de orina, y viceversa. Podemos hablar también de todas aquellas patologías que induzcan polaquiuria, o incontinencia urinaria.


Ante un perro que presente estos trastornos, se deberá proceder a un estudio exhaustivo que comprenderá una inspección, y una analítica completa de sangre y de orina. En función de los resultados obtenidos, se harán los exámenes complementarios pertinentes. En el apartado correspondiente a la polidipsia he nombrado alguna de las enfermedades que pueden causar este problema.


Además del marcaje territorial, los problemas de micción inadecuada sin una causa orgánica se podrán deber a la falta de aprendizaje, ansiedad por separación, fobias, y sumisión extrema.


La eliminación inadecuada puede hacerse patente también por la defecación en lugares inadecuados. En cualquier caso, habrá que descartar primero posibles problemas que puedan tener relación con el aparato digestivo, y si no se encuentran, deberá pensarse en los trastornos apuntados un párrafo más arriba.


En perras castradas no es infrecuente encontrarnos con incontinencia urinaria debida al déficit de estrógenos, cuya única corrección posible será mediante un diagnóstico certero y una medicación adecuada.


PROBLEMAS DE COMPORTAMIENTO RELACIONADOS CON LA CONDUCTA SEXUAL EN EL MACHO


No es infrecuente que los veterinarios recibamos consultas por vuestra parte sobre determinados comportamientos sexuales “aberrantes” de vuestro perros, especialmente de lo que se conoce como hipersexualidad o satiriasis. Os puedo decir que muchos perros, que durante el periodo sensible de socialización han estado en contacto con personas y aislados de otros perros pueden dirigir su conducta sexual hacía personas al llegar a la madurez sexual e incluso antes.


En otro orden de cosas, los procesos patológicos que produzcan dolor en el pene o en el tercio posterior- hernias discales, displasia de cadera- pueden dificultar la monta natural o la introducción del pene, y a larga disminuir la motivación sexual del animal. Existen además alteraciones cromosómicas y síndromes de hermafroditismo que pueden ser causa de problemas en la conducta sexual.

Será importar localizar la posición de los testículos, ya que los perros con criptorquidia, suelen presentar con más frecuencia este tipo de comportamientos.


Cuando un perro se masturba con objetos inanimados, o dirige su la monta hacía otros machos, hacía individuos jóvenes o hacía personas, la castración quirúrgica suele dar muy buenos resultados. Aún así, es importante recordar que la masturbación es una conducta normal, especialmente en individuos jóvenes. Yo no soy partidario del uso de progestágenos para inhibir este tipo de comportamientos por los numerosos efectos secundarios que pueden provocar.


DERMATOSIS PSICÓGENAS


Se trata de una serie de patologías que afectan a la piel, provocadas por una conducta de grooming (pautas de conducta relacionadas con el cuidado de la superficie corporal) excesiva que, teóricamente, no pueden explicarse por lesiones pruriginosas.


En el perro, la manifestación más frecuente de este comportamiento anormal es la dermatitis acral por lamido, que se presenta con relativa frecuencia en razas grandes.


El lugar más frecuente de localización de la lesión dérmica es la zona de dorsal del carpo, metacarpo, tarso y metatarso. Los perros afectados se lamen de forma continua, llegando a provocarse importantes lesiones en algunos casos.


Muchos dermatólogos consideran que estos problemas cutáneos, no se deben a alteraciones de la conducta sino que tienen una causa orgánica. Yo estoy bastante de acuerdo en esta apreciación, por lo que me parece sumamente importante descartar problemas dermatológicos antes de establecer cualquier tipo de tratamiento.

En muchas ocasiones, problemas banales se acaban haciendo crónicos por culpa de los propietarios que, creyendo que regañando el animal solucionaran la situación, lo único que hacen es provocar un reforzamiento de la mala conducta.


En ocasiones oímos hablar del aburrimiento como causa de las dermatitis psicógenas, pero son muchos los veterinarios que se cuestionan si realmente podemos hablar en estos términos tratándose de perros. ¿Se aburren realmente? ¿Puede tener un perro ese tipo de sensaciones? ¿No será que utilizamos este tipo de explicaciones cuando no sabemos explicar las razones que desencadenan este tipo de problemas?


En algún caso, las dermatitis acrales se han relacionado con lo que se conoce como ansiedad por separación, de la que luego hablaremos. Pudiera ser así, ya que en algunos de estos casos, ha dado excelentes resultados el uso de antidepresivos. En otras ocasiones se han relacionado con trastornos obsesivo compulsivos, y en otras, el uso de antagonistas de los opiáceos ha servido para establecer un diagnóstico por exclusión.


CONDUCTAS ESTEREOTIPADAS


Los comportamientos compulsivos pueden considerarse una expresión de estrés, frustración o conflicto emocional. Las lesiones físicas o las irritaciones, como las ocasionadas por alergias, pueden desencadenar un trastorno compulsivo ya que aumentan el estrés y dirigen el comportamiento compulsivo a una parte del cuerpo.


Se trata de conductas repetitivas, que carecen de una función reconocible. Las más frecuentes en el perro son la persecución de la cola y la caza de moscas. En otras ocasiones, veremos al animal realizar desplazamientos repetidos o ladrar de forma compulsiva.

Cuando vemos a un perro realizar este tipo de acciones, deberemos descartar que se deben a una causa orgánica. Si conseguimos inhibirlas con facilidad y se manifiestan sólo esporádicamente, seguramente se tratará de un problema de comportamiento primario, y si no es así, se deberá a alguna causa orgánica. Se tratará por tanto, y en primer de descartar que exista un problema fundamentalmente de tipo neurológico.


En el caso de persecución de la cola, debemos descartar procesos que provoquen dolor, como puede ser lo que se conoce como cauda equina que deberá ser tratada adecuadamente.

La mayoría de estas conductas atípicas necesitan el uso de fármacos, por lo que difícilmente un adiestrador podrá solucionarlos.


DISFUNCIÓN COGNITIVA


Es un cambio en los comportamientos interactivos, concurrentes con el envejecimiento. Es un modelo animal potencial de los cambios cognitivos, dependientes de la edad, que se presentan en personas. Las conductas asociadas pueden acompañarse de lesiones del síndrome de Alzheimer Por desgracia, en el diagnóstico no nos podemos valer de los métodos que se aplican en medicina humana.


ANSIEDAD POR SEPARACIÓN


Es uno de los problemas más frecuentes que desde hace algunos años nos exponéis en la consulta. Antes, era frecuente que el perro pasara la mayor del día acompañado, pero en la actualidad, la mayor parte de ellos pasan muchas horas solos dentro del hogar. Esta soledad les provoca miedo y ansiedad, y les lleva a desarrollar comportamientos que son inaceptables. Resulta curioso leer en algunas revistas americanas que, la ansiedad por separación se hace cada día más frecuente en perros recogidos en refugios.


Así, nos encontramos con perros que ladran sin parar, miccionan o defecan en cualquier lugar de la casa, destruyen los muebles y enseres, o vomitan, presentan diarrea, o se lamen de forma compulsiva.


Creo que es ésta una enfermedad donde el trabajo de adiestradores y veterinarios queda perfectamente complementado, ya que no conozco ningún caso en que, sin unas adecuadas pautas de reconducción de la conducta indeseada y el uso al mismo tiempo de fármacos adecuados resuelva el problema. Aún así, existen escritos de adiestradores y de veterinarios que afirman lo contrario.


FOBIAS Y MIEDOS


Las fobias y los miedos también son capaces de provocar graves problemas de comportamiento en algunos perros. La intensidad de respuesta al miedo dependen de las experiencias previas y de factores genéticos. La heredabilidad del carácter miedo parece ser muy alta en el perro doméstico. Está por otra parte demostrado, que una buena socialización evitará estos problemas que en muchas ocasiones suponen un problema de gran impacto para muchos propietarios.


Lo cierto es que las fobias y miedos se han derivado casi siempre a los adiestradores, cuando se sabe que algunos perros podrían tener una sensibilidad auditiva superior a la normal, de modo que un sonido intenso causaría aversión por si mismo. El determinar si esto es así o no, deberá ser trabajo del veterinario.

Por otro lado, varios trabajos realizados en humanos y en animales de experimentación indican que la causa de algunos trastornos fóbicos y de naturaleza similar podría estar en una alteración del locus coeruleus (LC) y de las vías noradrenérgicas que concurren en él. El LC es una estructura del sistema nervioso central que parece tener gran importancia en la expresión de la respuesta del miedo en los animales. Podemos pensar por tanto, que las fobias en el perro, al menos en parte, podrían tener una causa orgánica.


Es habitual que los adiestradores opten, en caso de miedo a determinados ruidos, por someter al perro a una exposición gradual a esos estímulos de forma que se vaya habituando poco a poco a ellos. El problema es que, a menudo, esa exposición gradual es imposible porque no puede reproducirse el estímulo, ni menos aún modificarse su intensidad. Por ello, si la presentación natural del estímulo que desencadena la fobia es hasta cierto punto predecible, quizás sea más aconsejable controlar el problema con la administración de tranquilizantes que intentar corregirlo.


Teniendo en cuenta lo anteriormente manifestado, no vamos a negar que en muchas ocasiones la exposición gradual al estímulo que provoca el problema, empezando de forma atenuada y con bajas intensidades, puede ser positivo e incluso solucionar el problema. Podemos decir que se trata de una desensibilización.


Dado que con mucha frecuencia este proceso es demasiado lento, por la dificultad que muchas veces muestran los perros para este tipo de aprendizajes, parece conveniente en estas situaciones el uso de ansiolíticos o de antidepresivos que como no podría ser de otra manera, deben ser prescritos y dosificados por loe veterinarios.


José Enrique Zaldivar Laguía

Clínica Veterinaria Colores.

Pso de Santa María de la Cabeza 68 A

28045-Madrid.