martes, 27 de octubre de 2009

LOS TAURINOS MUEVEN FICHA




A lo largo de la semana pasada los taurinos han lanzado una nueva ofensiva: a la presentación de la película Arena en Viena, le han seguido las declaraciones del torero Fran Rivera -que en breve será condecorado con la medalla de oro de Las Bellas Artes- y un comunicado de la Asociación Taurina Parlamentaria que ve en la iniciativa de PROU un atentado a la libertad. Por si esto no fuera suficiente, el matador de toros José Tomás, se ha ofrecido voluntario para comparecer en el Parlamento catalán y responder a los postulados de los antitaurinos. Cuando el agua llega al cuello, el lobby taurino -organizado aunque digan lo contrario- sabe perfectamente como debe mover sus fichas. No debemos menospreciar su capacidad de respuesta y darles por muertos, porque no lo están. Tienen medios económicos y un gran poder mediatico, que los abolicionistas no debemos pasar por alto. Incurriremos en un gran error de cálculo si pensamos que están derrotados y que sus iniciativas son los últimos coletazos de un pez agonizante que muere por asfixia.

Los frentes abiertos por los animalistas y las organizaciones que trabajan de manera altruista por el proteccionismo animal son muchos. Ellos tan sólo tienen que preocuparse de la defensa de la tauromaquia. Debemos ser conscientes de que estamos en inferioridad, y por eso el esfuerzo debe ser grande. Cataluña ha abierto el camino que debe ser y será imitado en otras comunidades.

Al señor Gunther Schwaiger (director del documental Arena) le diría, en contestación a sus declaraciones que: los abolicionistas de la tauromaquia no necesitamos ver su documental para saber lo que rechazamos. Su viaje al interiorismo y a la espiritualidad del toreo no nos va a hacer cambiar de opinión. Su visión de la fiesta parte de su defensa y de su justificación, transformándola en expresión cultural, ventana a la antiguedad y conexión con nuestras raíces. ¿De qué raíces está hablando? Habría sido interesante e inteligente que, dado que se ha pasado un año investigando para hacer su documental, se hubiera preocupado de preguntar al ciudadano no relacionado con el mundo taurino, si es cierto que siente al toreo como algo próximo, como algo intrínsecamente relacionado con su existencia. Evidentemente los que somos abolicionistas le hubiéramos puesto cara de circunstancias, y le habríamos mostrado nuestro más profundo estupor ante tan aberrante afirmación.

Simbolizar en la lidia la lucha contra la naturaleza y representar al toro (un herbívoro) como la fuerza bruta, es ir más allá de lo razonable. Querer ver en ésta manifestación una ceremonia solemne (liturgia) o hacer de ella una metáfora de lo que acontece en nuestras vidas, es querer recuperar para la especie humana una identidad que afortunadamente se perdió en el transcurrir del tiempo. No nos haga a todos los humanos partícipes de un hecho "excepcional". Le invito que haga un hueco en su tiempo libre y lea algo sobre la evolución de las especies y sobre los movimientos culturales de los que la humanidad ha sido protagonista a través de los siglos.

El viaje interior que cada uno de nosotros realizamos a lo largo de nuestra existencia para intentar comprender lo que somos, y nuestra experiencia vital, no puede configurarse en torno a un ritual en el que el protagonista hace de la tortura y la muerte de un animal, un medio económico de ganarse el sustento, aunque se adorne de valores y códigos indescifrables. No nos infravalore, señor Schwaiger, el ser humano no puede ser representado por ningún torero. Los valores -que me permito dudar que tengan después de haber conocido a algunos de ellos- cómo los que usted les atribuye (profundos, meditativos), se los encontrará usted en millones de habitantes de nuestro planeta que dedican su vida a labores mucho más interesantes y productivas, y que están en contra de la tauromaquia.

Su conmovedor discurso en el que afirmaba: 'prohibir los pensamientos nunca ha sido posible y, cuando se ha intentado hacerlo, siempre derivó en la represión más absoluta', no tienen cabida en este debate, y más cuando posteriormente ha matizado sus expresiones yendo aún más lejos: 'no se puede plantear prohibir, ya que no se puede defender nada prohibiendo. No se pueden quitar derechos a los otros'.

Ninguno de nosotros pretende prohibir a la gente que piense. Usted y los taurinos pueden pensar lo que quieran, como Hitler pensó que para que su raza dominara el planeta, tenía que exterminar a los judíos; algunos pederastas piensan que tienen derecho a hacer lo que hacen; algún humano piensa que está en su derecho de que su mujer tenga que llevar la cara tapada o que tiene derecho a darla latigazos o rociarla la cara de ácido o amputarla el clítoris para que no sea capaz de gozar en una relación sexual. Todos ellos pusieron en práctica sus pensamientos, pero en la mayoría de las ocasiones se encontraron con la respuesta adecuada en la lógica, la ética y la razón. Una cosa son los pensamientos y otra muy distinta es el llevar a la práctica lo que pensamos. Existen pensamientos inocuos y otros que no lo son tanto. Y esto forma parte del debate. Claro que se puede quitar un derecho; lo que queda fuera del sentido común, lo que provoca un daño a un segundo, sea animal o persona, puede y debe ser prohibido. Usted podrá seguir pensando que tiene derecho a apoyar la tauromaquia, y en el trabajo que ha presentado en Viena ha quedado perfectamente claro, pero ahí termina su derecho: el de plantear un discurso y defenderlo. ¿Alguien se lo ha impedido? Su documental será presentado en España en enero, y nadie se lo va a impedir. Lo que no puede pretender es que sea aplaudido por todo el mundo, y que no vaya a encontrar críticas. ¿Sabe usted lo que es la libertad de expresión? Yo no voy a protestar contra su documental, es más, probablemente pagaré por verlo, pero si voy a cuestionar su contenido, y lo que a través de su realización defiende, que para mi es indefendible. No debe usted olvidar que, todos esos aprendices de torero que han sido protagonistas de su documental reciben sus enseñanzas en escuelas taurinas, que son sufragadas con impuestos de todos los ciudadanos, y que incluso su obra ha recibido fondos de una ente público como es TVE. ¿Podemos quejarnos de estos hechos? No queremos que nuestro dinero se invierta en algo con lo que no estamos de acuerdo. Su obra no tiene ningún fin social del que se puedan beneficiar todos los contribuyentes. Tan sólo una minoría va a obtener beneficios.

He leído recientemente una frase que resume lo que he querido comunicar en este escrito: 'Lo que las leyes no prohiben, lo puede prohibir la honestidad'

Las declaraciones de la Asociación Taurina Parlamentaria han sido contestadas con gran acierto por Carles Marco Morellón, y muy poco hay que añadir.

Defender la tauromaquia en base a tradiciones, sea del pueblo que sean, es un discurso que ya no tiene ninguna validez. Puesto que hablan de una tradición, patrimonio cultural de los catalanes, deben ser los catalanes los que digan si quieren seguir con ella, o hacerla pasar al museo de los horrores, en los que se encuentran muchas otras abolidas a lo largo de la historia de este pueblo.

El que la abolición de las corridas de toros suponga un grave atentado contra la pluralidad, es un discurso también caduco. Por pluralidad de votos (mayoría) esperemos que el Parlamento catalán acepte la ILP, que es la manera en que las democracias occidentales se rigen para el buen gobierno.

La prueba inequívoca de que la única plaza de Barcelona esté infrautilizada, y de que tan sólo cuando un determinado torero hace su aparición allí, con una mayoría de público no catalán, es suficiente para que la pluralidad (cualidad de ser más de uno) a la que hacen alusión los parlamentarios, se haya transformado en algo efímero.

Pedir respeto y tolerancia para algo que va a ser votado democráticamente, siguiendo estrictamente lo fijado por las leyes establecidas para tal fin, es una argucia política inaceptable y cínica en boca de representantes parlamentarios democráticamente elegidos.
Decir que, es una prohibición inaceptable es más de lo mismo: si ustedes son demócratas, prediquen con el ejemplo, y si no, abandonen los puestos que ocupan, y en los que están por los votos de los electores. El juego democrático es así. No hay otra interpretación.

Según he podido leer en algún medio taurino, José Tomás se ha ofrecido a acudir al Parlamento de Cataluña, para rebatir las tesis de los abolicionistas. Si el procedimiento establecido contempla la posibilidad de escuchar a todas las partes implicadas en el debate, no me parece mal. Será sumamante interesante oír lo que opina el torero.

Por último, comentar que, el que en breve será medalla de oro las Bellas Artes, Fran Rivera, ha manifestado que José Luís Rodríguez Zapatero es el 'antitaurino más dañino', y que se ha negado a recibir en La Moncloa a los toreros.

No me consta que al Presidente del Gobierno se la haya oído jamás una manifestación a favor o en contra de la tauromaquia, y tampoco creo que de momento deba hacerlo. Los políticos, cuando se plantean cuestiones como ésta, siempre echan mano del manual y nos hablan de lo que denominan 'lógica política'. Si hay un precedente que no parece darle la razón al torero, y es la destitución de una ministra, la Sra Narbona, que en alguna ocasión se manifestó claramente en contra de las corridas de toros o por lo menos de dar muerte al toro en el ruedo para disminuir su sufrimiento, aunque luego negara haber hecho tales declaraciones. Desconozco si fue la razón por la que fue cesada, pero así se comentó en su momento.

Sr Rivera: usted y sus compañeros de profesión no son tan importantes, y el señor Zapatero supongo que tendrá cosas más interesantes de las que ocuparse. Además: ¿que problema tiene su colectivo? Ustedes siguen trabajando, y ganando dinero, y además han encontrado un nuevo filón con el que rellenar sus ya llenas cuentas corrientes. Son carne interesada de los programas y revistas del corazón, y de la Tele Basura, en las que salen con inusitada frecuencia cobrando cifras astronómicas por contar las cosas más íntimas de sus vidas. El día en que el Ministerio de Trabaja plantee un ERE para los trabajadores del mundo del toro, igual si que le reciben en La Moncloa.