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domingo, 26 de julio de 2009

REFLEXIONES

Han pasado más de dos años desde que el profesor Illera lanzara su tesis mágica sobre el toro de lidia. Desde entonces, los medios taurinos la han dado todo el pábulo que les interesaba. Era lógico: el mundo taurino sabía que sus argumentos estaban caducos y que el movimiento antitaurino les estaba comiendo terreno. La sociedad empezaba a cuestionarse de forma seria, si en pleno siglo XXI, un país de la UE como es España, podía albergar un espectáculo como la lidia. Las leyes europeas de protección animal se hacen cada día más exigentes, las normativas sobre mataderos evolucionan a marchas forzadas para reducir al máximo el sufrimiento de los animales antes de su muerte, y ya hay sentencias en muchos juzgados contra los maltratadores de animales. El cerco se iba cerrando, y que mejor manera de escapar de él que intentar demostrar que el toro no sufre.

En España, las leyes prohiben maltratar animales, pero si se permite hacerlo con el toro de lidia, y había que justificar ésta excepción, pero ya no valía con hablar de tradición, arte o cultura.

Los lectores habituales de mi blog, y la mayoría de las personas que abogan por la abolición de la tauromaquia, tenéis conocimiento del trabajo que he ido desarrollando desde que se nos intentó convencer de que el toro es un animal perfectamente adaptado para la lidia. Sin la colaboración y el apoyo de un gran número de asociaciones animalistas no hubiera sido posible hacer llegar mis reflexiones a la gran cantidad de gente que han llegado. El que quiera conocerlas las puede encontrar con facilidad en internet.

A raíz de la aparición del estudio que hablaba de un "hormonamiento" mágico en el toro de lidia, un grupo de veterinarios decidimos crear AVAT. No podíamos tolerar que nuestra profesión viera pasar delante de sus ojos una teoría irracional vestida de ciencia; no podíamos dejar que nuestra profesión callara ante tan grande desvarío.

Hasta hoy, son muchos los colegios provinciales y facultades de veterinaria que han cedido sus tribunas al profesor Illera para que hiciera públicas sus conclusiones, y cómo no podía ser menos, ha encontrado todos los apoyos en el lobby taurino que le ha abierto las puertas de par en par.

Nada de esto nos ha hecho desfallecer, todo lo contrario, nos ha hecho crecer, nos ha hecho creer más en que somos indispensables en el camino hacía la abolición. Nosotros no hemos recibido premios, pero si hemos viajado. No hemos cruzado el charco todavía, pero se nos ha oído en Logroño, Barcelona, Santiago de Compostela, Bilbao, Valladolid, Madrid, Santander, Bruselas (Parlamento Europeo) y Ginebra. Pudimos estar en junio en Venezuela, pero al final no fue posible. Hemos apoyado denuncias, pusimos nuestro granito de arena para conseguir que Paterna no tuviera "toros en la calle", y nos hemos adherido a numerosos actos antitaurinos que se han celebrado en muchas ciudades de España. Lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo.

Ante el boicot de los organismos oficiales de nuestra profesión (colegios provinciales veterinarios, y Consejo General de Veterinarios de España) que nos han negado con su silencio la posibilidad de darnos a conocer con mayor facilidad entre nuestro colectivo, tan sólo podemos decir que, estamos convencidos que de que en el fondo se averguenzan de lucrarse con una actividad que es incompatible con los postulados de nuestra profesión, que debe velar por la salud y el bienestar animal. No nos van a silenciar.

Empezamos siendo tres y ya somos setenta. En los últimos días hemos recibido un aluvión de peticiones. La publicación en el diario Público de un par de noticias relacionadas con nuestra asociación, nos ha ayudado a crecer, cómo nos ayudó nuestra presencia en algunos programas de televisión (Tele 5, Antena 3, La Sexta).

El polémico estudio de Illera tuvo por fin publicidad en un medio que se ha alineado claramente contra la tauromaquia, pero el artículo de Javier Salas no deja en muy buen lugar al profesor. Ahora se añade al estudio la aparición de unos extraños chips, y yo leí unas declaraciones de Illera en las que hablaba de ellos. Javier me ha reconocido que no se ha inventado nada, que el mismo Juan Carlos le ha comentado que los chips han sido puestos en los toros analizados. Si ya sus conclusiones eran poco convincentes, esto es la gota que colma el vaso. No voy a profundizar más en el tema porque el tiempo es oro para perderlo, pero si lo voy a utilizar para puntualizar que algunas de las cosas que dice su autor sobre lo que yo he declarado no son ciertas: "los veterinarios de AVAT no estamos atemorizados por nadie", y "los veterinarios taurinos no se apoyan en los trabajos de Illera para justificar su trabajo". Esto no lo he dicho nunca; lo que si he comentado es que el lobby taurino se ha apoyado en el estudio para justificar su actividad, y también he afirmado que muchos veterinarios no se han unido a nuestra asociación por miedo a represalias de los organismos oficiales de nuestra profesión.

Que no sirva esto para pensar que critico el gran trabajo que Javier Salas y Público están haciendo, y que merece nuestro aplauso y nuestro apoyo.

viernes, 3 de julio de 2009

QUE SE JODAN

Escrito por Kepa Tamames:

QUE SE JODAN

 

El mero hecho de que una parte significativa de los medios escritos que reciban este artículo decidan no publicarlo por el rudo título que lo encabeza es ya una muestra diáfana de que, o bien hemos perdido definitivamente la razón –en el más que improbable caso de que alguna vez la tuviéramos, pues hay vacas sagradas que cobran una pasta por taco escrito, ustedes lo saben tan bien como yo–, o de que hemos tocado techo, y esto último constituye en sí mismo un signo de esperanza. Pero a lo que vamos.

Quiero hacerles partícipes esta vez de la indignación que me corroe desde que hace unos días comprobé el pábulo que cierta televisión pública española daba a una de esas fiestas patrias en las que un animal tiene el dudoso honor de convertirse en protagonista sin que nadie le haya consultado. No me pregunten dónde era ni qué santo celebraban. Ni lo sé ni me importa. Hablo de uno de esos programas idiotas e idiotizantes, todo en uno, donde lo mismo te orientan sobre cómo hacer unas patatas bravas que te informan sobre violaciones múltiples (también todo en uno, parece que la fórmula funciona). La presentadora, maquillada hasta las cachas y con sonrisa superglú, animaba histérica a los telespectadores para que participasen en la fiesta, a pesar de lo arriesgado de la empresa, ojo, porque hay que ser muy, pero que muy aguerrido para ponerse delante de un morlaco de quinientos kilos psicológicamente derrotado, jadeante y ensogado de la testuz, un animal que no entiende nada de lo que sucede y que no alcanza a ver qué es lo que ha hecho mal para merecer tal castigo, tranquilo como él estaba hasta hace tres días en el campo, con sus compañeros. Solo un héroe es capaz de tal hazaña: acosar en masa a un reo condenado a muerte. Veintiún heridos, uno de ellos grave. Es lo que subrayaba la presentadora, sin que en la cifra incluyera por supuesto al pobre animal, ése no cuenta en el cómputo. Ignoro si es a eso a lo que se refieren con el tan traído y llevado “rigor informativo”.

 

Que se jodan. Con esta lapidaria expresión resumía su ánimo una amiga a la que le hacía partícipe de mi congoja. Que se jodan los veintiuno –incluido el grave– y cuantos con su pasividad permiten estos actos de terrorismo lúdico, sean concejales, fachas de bigotito o progres de vitrina, porque mi amiga hace ya mucho tiempo que no distingue unos de otros. Ella es una vieja militante por los derechos de los animales. Digo vieja en tanto que lleva media vida dejándosela por ellos, los más indefensos entre los indefensos, las víctimas con mayúsculas de este santo país. (Si usted cree que le ha tocado el peor boleto por ser mujer o cargo público amenazado, consuélese pensando en que al menos no es toro, o gallina, o galgo, o burro, o cerdo).

“Y que quede claro que aquí al toro no se le maltrata”, manifestaba ufana en rueda de prensa improvisada una doña que pasaba por allí y decidió erigirse en portavoz oficial del populacho. “Aquí, de maltrato, nada”. Usted es boba, señora, déjeme que se lo diga. Usted tiene que ser rematadamente tonta si llega a la conclusión de que un animal pacífico por naturaleza, sacado de su entorno, llevado ante la masa vociferante, amarrado por los cuernos –su defensa natural–, acosado hasta la extenuación y ejecutado finalmente a tiros, no supone un claro caso de maltrato. Usted ha de ser por fuerza imbécil si tras este cúmulo de hechos incontestables decide solita que no, por favor, qué cosas tiene la gente, que al toro no se le maltrata. ¿Qué nos está pasando? ¿Qué demonios nos está sucediendo a los humanos? Los mozos de las peñas, el alcalde, el comandante en jefe de la Guardia Civil y hasta la mujer mencionada, pobrecita mía, podrían al menos defender el linchamiento recurriendo a la tradición, al arte, a la cultura, todos unos clásicos de la estulticia intelectual en la que parecemos estar sumidos. Incluso podrían rescatar para la ocasión el impagable “más sufro yo cuando voy a trabajar”. Incluso ése valdría, abandonados al desvarío mental. Pero afirmar que no se le maltrata nos retrotrae al punto más nebuloso de nuestra historia evolutiva. ¿Por qué hay que pagarle a los agresores heridos un solo punto de sutura? ¿Por qué administrar a esa gente un solo centímetro cúbico de sangre ajena para compensar la pérdida de la propia? ¿Es que acaso se preocupan ellos por la que empapa el cuerpo de sus víctimas? Preguntas de este pelaje me regalaba mi amiga animalista cuando le contaba lo ocurrido, y créanme si les digo que no tengo claro si acabé por apoyarla en cuanto al contenido de su monólogo, mas sí en la esencia de su mensaje, que no era sino desesperanza. Que se jodan. Una vieja y correosa activista que en su día escribió cientos de meticulosos artículos tratando de diseccionar cada una de las razones aducidas por los contrarios para refutarlas, que arrebató perros a sus dueños legales para buscarles una vida mejor, que pasó sus horas en el calabozo por manifestarse ante una plaza redonda, ha acabado derrotada, igual que el toro ensogado que vi en la pantalla de la televisión, para terminar rubricando con un sonoro que se jodan, que a un servidor le sonó a epitafio ideológico.  

 

Me ha cogido el arrebato. A cierta edad hay cosas que no se pueden evitar, supongo. En estos momentos sigo siendo incapaz de arrepentirme de nada de lo que acabo de escribir. Es lo que tiene la indignación. Pero, ¿saben ustedes lo malo, lo peor de todo esto? Lo malo es que se me acabará pasando. Eso es lo peor.                 

 

 

Kepa Tamames

 

 

2 de julio de 2009

 

Ver más artículos en:

 

http://kepatamames.blogspot.com/

 

 


viernes, 26 de junio de 2009

EL LARGO VERANO DE LA TORTURA

Artículo publicado en El País:

El toro de San Juan en la localidad cacereña de Coria inaugura el largo y cálido verano de la tortura municipalizada de los toros en la España profunda. La temporada se suele cerrar con el toro de la Vega, en Tordesillas, cuyo meollo tradicional consiste en que unos ciudadanos a caballo alancean con saña a un toro hasta convertirlo en carne picada. Ayuntamientos que se quejan de falta de fondos para asfaltar las calles o recoger los tendidos eléctricos se gastan miles de euros en comprar toros o, cuando los astados se compran por suscripción popular, en organizar fiestas faraónicas para que el animal sea perseguido, acosado, asaetado, acuchillado y descuartizado -o ahogado, como en el Mediterráneo- a manos y pies de muchedumbres que se desfogan dando rienda suelta a sus peores instintos.

      La noticia en otros webs

      El toro es un animal totémico en España, símbolo de la fuerza y la nobleza, pero esos instintos llevan a la manía de atormentarlo a cuchillo o a fuego, con sogas o a lanzadas. Pero, cuidado, cualquier animal corre peligro en el estío español, se trate de cabras, conejos, gansos o gallos. Son las verbenas de la tortura.

      Luego vienen los estetas de perra gorda a explicar las salvajadas por el mito del Minotauro; o los antropólogos cañís que mencionan los ritos de acceso a la masculinidad; y, cómo no, autonombrados cronistas locales especialistas en disertar sobre el valor cultural de los alfilerazos y el descuartizamiento. Es como si Jack el Destripador calificase sus hazañas nocturnas de cirugía estomatológica. Floreo charlatán para encubrir la crueldad nacional.

      Visto que las leyes no se aplican, que el Gobierno no impide los horrores festivos y que a los alcaldes les pone el despanzurramiento taurino, sólo queda una solución: que una parte del fondo de inversión municipal se destine a cursos de educación cívica, a los que tendrán que asistir las fuerzas vivas de los municipios con fiestas infamantes. En tales cursos se explicarán asignaturas como Diferencia entre Fiesta y Tortura o Los sacrificios rituales fueron erradicados a pesar de la costumbre. El gañán que se atreva a soltar la idiotez "Los de fuera, que no vengan" será obligado a escribirla mil veces en el encerado.

      domingo, 27 de julio de 2008

      ESPERPENTO HISPÁNICO

      Dominio público

      Opinión a fondo

      Esperpento hispánico

      JOSÉ ENRIQUE ZALDÍVAR LAGUÍA

      07-27.jpgEl pasado día 21 de julio, este diario inició una serie de artículos con un valiente titular en su portada: Maltrato animal, arranca el vía crucis de todos los veranos. Consultado el diccionario de la Real Academia Española y trasladado el significado del texto al mundo animal, debo decir que el titular me parece sumamente acertado.

      La tradición, entendida como una costumbre que se transmite de generación en generación con el único fin de preservarla, sirve de justificación a un gran número de festejos populares en los que una serie de animales pertenecientes a la familia de los bóvidos, subfamilia bovinos, subespecie lidia, de diferentes edades y por lo tanto tamaños, servirán como entretenimiento y diversión a propios y extraños en numerosas localidades de nuestra piel de toro.

      Ya han pasado las fiestas de San Juan, con sus hogueras en las que, entre otros, han sido ejecutados a tiros 13 toros, los famosos acericos de Coria. Ya han pasado las fiestas de San Fermín, donde la mezcla de alcohol, bullicio ferial y solemnidad religiosa ha conducido a la tortura a 54 toros y 6 novillos que, previamente, a primeras horas de la mañana, corrían por las calles de Pamplona, adaptadas para tal fin.

      Ahora, una vez llegado el verano, el calor, el ocio, el aburrimiento y las largas noches en vela, se repetirá el esperpento hispánico.

      No voy a hacer distinciones, no voy a disculpar a unos y a acusar a otros. Haya santos, devoción, tradición, control o descontrol, es todo lo mismo. Al final, sufrimiento, miedo, angustia, dolor, sangre y muerte para los animales. Diversión a raudales para los ciudadanos que de forma activa o pasiva participan en estos festejos.

      El toro embolado proyectará su luz y su sombra en la noche; el lento caminar a tirones del toro ensogado recorrerá las calles asfaltadas de los pueblos; el toro a la mar conocerá el sabor del agua salada y nadará desesperado hacía no se sabe dónde. Mientras, unas vaquillas, encerradas en un recinto improvisado, embestirán a ciudadanos que por unas horas jugarán a ser toreros y a los que, para demostrar su valentía, no les importará recibir un revolcón y llenar su ropa de arena. Algunas, como recientemente se ha hecho en El Escorial, serán traspasadas por el acero del estoque puesto en las manos de aprendices de matador. El colofón se producirá en Tordesillas, con la muerte del toro alanceado en honor de la Virgen de la Peña.

      Pero dejemos la narrativa y pasemos a la ciencia. Supongo que serán muchos los lectores que alguna vez se habrán planteado que estos animales sufren, los habrá que lo duden y los habrá que lo nieguen. Pues bien, a los dubitativos y a los negadores les expondré de forma escueta e inteligible las razones por las que estos seres vivos son capaces de sentir, como lo puede hacer cualquiera de ustedes.

      Existe, en cualquier mamífero superior, un sistema nervioso capaz de desarrollar respuestas ante situaciones que nunca ha vivido, respuestas capaces de ponerle en alerta y respuestas que le llevarán a resistir e intentar adaptarse a esas novedades por las que nunca antes había pasado. Cuando el organismo es incapaz de responder a esos estímulos o agresiones que se repiten con frecuencia o son de larga duración, se producirá lo que en fisiología se denomina fase de agotamiento. Este último es el estado en el que acaban los animales utilizados en los festejos a los que me estoy refiriendo.

      Todos ustedes sabrán lo que es el estrés, incluso lo habrán padecido en alguna ocasión, pero, por si no son capaces de encontrar la relación entre él y los hechos que estoy narrando, ahí van un par de definiciones:

      “Agresión contra un organismo vivo” y “situación de un individuo o de alguno de sus órganos o aparatos que, por exigir de ellos un rendimiento superior al normal, les pone en riesgo de enfermar”. ¿De verdad creen ustedes que estos animales de manada, herbívoros, y por tanto pacíficos –si es que no ven peligrar su vida y no pueden huir ante la amenaza–, no sufren cuando son sometidos a situaciones para las que no están preparados y que no han conocido en toda su existencia? Pues sí, sufren, y mucho. Debo añadir que aquellos que son utilizados y reutilizados una y otra vez, como ocurre en muchas ocasiones, sufrirán aun más. Está científicamente demostrado que los bóvidos fijan en su cerebro las sensaciones percibidas cuando toman contacto con algo nuevo, y si esta primera experiencia les resulta negativa y se repite, les causará un sufrimiento más intenso. ¿Quién dijo que los toros no tienen memoria?

      Si aplicamos como norma que, en el bienestar animal, el organismo en cuestión debería no presentar alteraciones fisiológicas, es decir, que las manifestaciones emocionales del animal no deberían diferir de las que presentan en condiciones normales, convendrán conmigo –aunque a algunos no les importe y mis comentarios les produzcan cierta hilaridad– en que en todos los festejos donde la especie humana involucra a estos animales hay sufrimiento físico y psíquico. A algunos nos bastará con observar el comportamiento que muestran, sus expresiones faciales, su ritmo respiratorio; pero a los más escépticos les diré que existen determinaciones hormonales realizadas en estos animales que lo demuestran sin ningún género de duda. El cortisol, conocido como hormona medidora del estrés, se disparará hasta valores insospechados que podemos considerar como patológicos.

      Haciendo mías las palabras de dos compañeros de profesión, la preocupación por el bienestar animal es el resultado de dos elementos: el reconocimiento de que los animales experimentan dolor y sufrimiento y la convicción de que causar sufrimiento a un animal no es moralmente aceptable si no existe razón que lo justifique.

      Dejaremos para otro día la lidia, y la respuesta a ese estudio tan divulgado que habla de la capacidad del toro para superar el dolor que se le provoca en un 90%. Tiempo habrá de rebatirlo.

      José Enrique Zaldívar Laguía es vicepresidente de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia (AVAT)

      Ilustración de Mikel Jaso

      TOROS ENSOGADOS

      Este domingo acaban las fiestas patronales de Sant Jaume d’Enveja, repletas de actos taurinos típicos de las Tierras del Ebro


      El animal fue lanzado a la acequia, tras hacerle correr por las calles de Sant Jaume durante más de una hora.
      El animal fue lanzado a la acequia, tras hacerle correr por las calles de Sant Jaume durante más de una hora. - LUIS LLORCA

      JAVIER RADA - Sant Jaume d’enveja (Tarragona) - 26/07/2008 19:43

      De repente, un ritual anacrónico. Centenares de jóvenes corren por una de las calles, gritando cual marabunta tribal, aplaudiendo, vitoreando, asustando ¿Qué es lo que se caza? En medio del gentío, un toro bravo. Negro, poderoso, repleto de miedo. Cae un sol de justicia. Y el animal está agarrado por dos cuerdas a la cornamenta.

      Son las maromas, de las que tiran los mozos para conducirlo por todo el pueblo. Hablamos de kilómetros. Inmovilizándolo a su voluntad. Su cuerpo esbelto impacta contra una señal de tráfico y la tumba. Prohibido aparcar. O contra un árbol. Persigue confuso a la gente por una gasolinera. Una mujer mayor se la juega y lo torea mientras el marido, histérico, intenta detenerla. El toro es lanzado después a la acequia. Golpeando su morro contra el quitamiedos metálico. Intenta defenderse y otra vez lo frenan las cuerdas. Y todo durante más de una hora (el reglamento no permite más de 20 minutos). Así fue el toro ensogado (capllaçat) que presenció Público el pasado jueves en Sant Jaume d’Enveja (Tarragona).

      Las Tierras del Ebro son el último bastión taurino de Catalunya. Es la soga y la embolada. Es el fuego y el pilón. Es la vaquilla que corre y el orgullo de unos mozos que se aferran a su tradición como a la madre, al padre y a la tierra. Durante todo el verano, los pueblos, con sus plazas de toros improvisadas, creadas con camionetas y material de construcción, recrean centenares de rituales que los convierten “en uno de los puntos negros de España”, según la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales.

      Los defensores de la tradición alegan que nadie quiere más al toro que ellos, es su pasión. Tanto que algunos advierten: “Estamos dispuestos a ir a la guerra si nos los quitan”, explica Paco Soneca, ganadero de 24 años. Si alguien no conoce las Tierras del Ebro, la amenaza puede sonar a farol. Pero estamos hablando de algo profundo. Un submundo fluvial y atávico. Los animales son parte de un espectáculo “muy exigente”. Tienen que cumplir cual soldados. La programación es amplísima. Pueblo tras pueblo. Y los garantes de la tradición son, curiosamente, los más jóvenes, los buscadores de la adrenalina y de la identidad primaria.

      Morir, un accidente laboral

      “El problema es que esta gente no ve al toro como un animal sino como un objeto”, explica el etólogo Jordi Casamitjana. Los taurinos tienen otra opinión. Las reses bravas han nacido para el embiste, pueden llegar a ser una “máquina de matar”. Se refieren a ellas como “personas de diversa personalidad”. Unas valientes, otras cobardes. Para ellos, morir, romperse las piernas o perder las pezuñas en el asfalto son “accidentes laborales”. “La gente no sabe de toros. El toro aprende y se adapta al espectáculo. El ganadero debe saber escoger. Si es para ensogarlo, se elige un toro que se deje guiar. Tengo reses que prefieren salir a la calle a irse al campo, eligen ir a por la carne.

      A mí me duele si un animal muere después de estar alimentándolo todo el año”, añade Soneca.

      Una res puede participar en medio centenar de espectáculos por temporada. O ser embolada y ensogada varias veces. Son protagonistas involuntarias. Y causan gran expectación. “Esta gente ve a los animales como sus esclavos, como los negreros años atrás. Están cegados por una barrera psicológica”, dice Casamitjana.

      En casi todos los festejos existe una guardia pretoriana (compuesta por la comisión de fiestas y por fanáticos con camisetas y tatuajes de toros) que vela para que no se cuele ningún ecologista. “El año pasado se nos escapó uno y nos denunció por una vaca que cayó al suelo”, explica un anciano de Campredó. “¿Eres taurino o anti?”. Es la pregunta del millón. No valen medias tintas. O están con nosotros o… Existe miedo a las represalias.

      Denuncias archivadas

      Dora Casado, portavoz de PACMA (Partido Antitaurino contra el Maltrato Animal), explica que esta entidad ha interpuesto más de 60 denuncias, pero han sido archivadas. “Y en el Colegio de Veterinarios de Tarragona afirman que en 2007 sólo se registró un 2% de irregularidades. Se llevan su dinero de estos espectáculos”, agrega. “Denunciamos desde descargas eléctricas hasta la muerte de animales por colapso, el sufrimiento del ensogado y el embolado”, añade.

      Enrique Morales, jefe de cuadrilla de los Emboladores de Amposta, disiente. “Falta comunicación. Puedo garantizar que no se maltrata a ningún animal. Al toro nadie le puede obligar a que corra. La gente a la que le gusta esta afición lo respeta. Que vengan y lo vean”.

      El toro de Sant Jaume ha parado. Un caballo blanco lo mira desde detrás de una reja. ¿Qué habrás hecho, hermano?, podría decir si supiera razonar. Pero esta historia no trata de la razón. Reparten sangría y refrescos para combatir el calor. El toro sigue ensogado. Mirada perdida. Aún le quedan calles abajo.

      Sufrimiento psíquico
      El toro ensogado padece un fuerte componente de estrés, según la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia (AVAT). No tiene una fisiología preparada para afrontar estas situaciones y, al ser encajonado para atarle, sufre fuertes sensaciones negativas. La alteración de su miedo natural le produce ansiedad, lo que afecta negativamente al animal porque el miedo es un poderoso causante del estrés.

      Agotamiento y exceso hormonal
      Una vez fuera, el animal es llevado a través de las calles del pueblo, forzado y constantemente acosado. Los niveles de adrenalina y noradrenalina del astado se disparan. Se han realizado mediciones de estas hormonas en tipos de ganado vacuno sometidos a situaciones menos traumáticas y los valores alcanzados son indicadores de un gran sufrimiento físico y psíquico.

      Hambre, sed y transporte
      Los animales pueden permanecer durante horas en el camión hasta que empieza el espectáculo. Durante el tiempo de transporte, el hambre y la sed agudizan su sufrimiento. Para evitar males mayores, los asistentes de las empresas ganaderas suelen mojarlos para reducir el calor. De no hacerlo así, en los transportes de los meses más calurosos se podrían alcanzar situaciones de colapso.

      Inmovilización
      Los procedimientos para lograr la restricción de movimientos no causan dolor por lo general, pero el miedo puede ocasionar un gran estrés psicológico al ganado cuando ha sido criado bajo métodos extensivos, asegura informe de la asociación.

      Acoso, recorrido y juego
      Las razas excitables de ganado vacuno muestran sensaciones de pánico cuando se las deja solas en un lugar extraño,
      o se las somete o expone a la novedad de un ambiente ruidoso. Otros factores que les afectan son las distracciones en su camino, como sombras, irregularidades en el suelo, barreras físicas y objetos que obstaculizan su paso.

      Alejado del grupo y retorno al corral
      El animal, separado del grupo, padecerá estrés y podrá tornarse peligroso para la gente. Los choques o embistes serían demostrativos del estrés y sufrimiento que está padeciendo. Los animales con experiencias previas de manejo violento las recordarán y, en el futuro, cuando se los exponga de nuevo, podrían sufrir más estrés. Al exigir de ellos un rendimiento superior al normal, se los pone en riesgo a enfermar.

      jueves, 24 de julio de 2008

      EL DÍARIO PÚBLICO SE HACE ECO DEL MALTRATO ANIMAL

      Pese a las leyes de protección animal, los toros siguen siendo víctimas de la tradición en miles de festejos populares

      JAVIER RADA - Madrid - 20/07/2008 22:50

      Los toros embolaos o de fuego son una costumbre muy arraigada en Levante y Andalucía.

      Cuentan que sufren, que padecen estrés, que sienten en una maraña de confusión, abducidos, secuestrados de su medio, perdidos en una verbena de adrenalina. Dicen que es tradición, que se vela por su integridad, que hablamos de la raíz, del ser español, valenciano, castellano...

      Llega el verano, y España explota en fiestas, patrocinio y vírgenes de devoción. Charangas y litros de alcohol. Y todo, vertebrado con el uso de animales como fuente de diversión y atracción turística. Animales usados en variopintos espectáculos. Seres, toros y becerros, a los que se les llena las astas de fuego, se les cubre el cuerpo de dardos, se los lancea hasta la muerte o se los tira al agua.

      Si bien es cierto que los eventos con animales domésticos (gansos, cabras, gallos, carneros...) están siendo erradicados por las leyes de protección animal autonómicas, el toro sigue siendo el gran damnificado por la excepción histórica de la Fiesta Nacional. Unos 60.000 bovinos sufren nuestra diversión al año, según la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales (ANPBA).Los festejos populares que incluyen algún toro en su cartel crecen en agosto y septiembre, según el Ministerio del Interior. En 2007, se contabilizaron hasta 4.111.

      Repunte de fiestas

      Ecologistas y promotores taurinos coinciden en que hay un repunte de actos taurinos, sobre todo de los encierros. Este año hay previstos unos 22.000, cuando en 2006 sumaban 18.000, según la Asociación de Corredores, Aficionados y Recortadores de Toros de España. Ello se debe a las subvenciones que reciben de las administraciones ­-unos 500 millones de euros, según la Fundación Altarriba-, el bajo precio de las reses y la admiración que generan toreros como José Tomás.

      La cabra de Manganeses de la Polvorosa (Zamora) se libró de ser arrojada desde el campanario. También tiene más derechos la pava de Cazalilla (Jaén) que el toro. "Si es sancionable tirar a una pava desde un campanario, pero no una "becerrada" en la que pueden matar al becerrito clavándole espadas, se debe a que en el primer caso existen leyes específicas prohibitorias. El segundo, al ser un espectáculo taurino, está regulado por sus propias normativas, nacionales y autonómicas, que lo convierten en legal, aunque sea éticamente reprobable", explican en ANPBA.

      17 reglamentaciones

      Cada comunidad tiene su reglamentación. En total, 17 reinos de taifas para el designio animal. "Los festejos con toros están muy intervenidos. Por ley, debe haber un delegado gubernativo, miembro de la Policía, y un delegado taurino, director de lidia, para comprobarlo. Además, se piden informes del veterinario", explican en la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET).

       Para los grupos animalistas ningún ser debería ser usado para la diversión humana. Pero la tradición responde alzando muros, diciendo aquí nos quedamos. Un ejemplo fue la manifestación del PACMA (Partido Antitaurino contra el Maltrato Animal) en Amposta (Tarragona) el pasado 12 de julio, y la reacción contraria de algunos ampostinos. Los primeros querían presionar para que se prohibieran las fiestas de los bous (toros) en una Catalunya que se autoproclama antitaurina.

      "El año pasado presentamos tres denuncias, pero las archivaron", explica Alejandra García, miembro de PACMA. Dos mundos enfrentados. Sólo en Levante se celebra más de un centener de toros de fuego (embolados), un espectáculo que en la Comunidad de Madrid y el País Vasco está prohibido.

      Las bestias negras

      En Castilla y León se encuentran tres de las bestias negras: El Toro de la Vega de Tordesillas (Valladolid), el Enmaromado de Benavente (Zamora) y el Toro de Júbilo de Medinaceli (Soria). En Coria (Cáceres) está el Toro de San Juan. Son algunos de los ritos más ancestrales.

      El resto de espectáculos atípicos sangrientos de Castilla y León, por ejemplo, están siendo erradicados, "porque no cumplían con el requisito de una tradición continuada de 200 años", explica Gustavo Antich, portavoz de ANPBA. En estos festejos (exceptuando aquellos en que se agrede directamente al animal), el sufrimiento es sobre todo psíquico.

      "El toro es un animal herbívoro, pacífico, no depredador, acostumbrado a estar con su manada. Pero es arrancado hacia un ambiente desconocido, no puede adaptarse, las mediciones de cortisol (hormona utilizada para medir el estrés) pueden sobrepasar 12 ó 15 veces su valor normal", explica el veterinario José Enrique Zaldívar. Existen casos documentados de infartos y paradas cardiorrespiratorias.

      Pero hay otros estudios, como el de Juan Carlos Illera, director del departamento de Fisiología animal de la Universidad Complutense de Madrid, en los que se afirma que el toro tiene una gran capacidad para superar el dolor en un 90% de los casos. "Los espectáculos con toros están datados desde el siglo XVI, son los que dieron origen a las corridas", explica el portavoz de la Mesa del Toro, Eduardo Martín-Peñato.

      Un toro que se muerde la cola. Los festejos ancestrales dieron paso a la corrida moderna. Y la corrida moderna protege a las tradiciones. Aunque, como alega Arturo Pérez, de ACTYMA (Asociación Contra la Tortura y el Maltrato Animal): "¿Qué más me da morir en una plaza o lleno de dardos?".