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sábado, 12 de junio de 2010

CRÓNICA TAURINA DE UN ANTITAURINO




"Crónica taurina de un antitaurino"

Sábado 5 de junio de 2010

Ese día, sobre las 12 del mediodía, recibí una llamada telefónica de un amigo taurino con el que he mantenido en los últimos años largas y por qué no decirlo, acaloradas discusiones sobre el mundo de los toros; me informaba que tenía un par de entradas para el festejo que se iba a celebrar en la plaza de Las Ventas esa tarde. Lo cierto es que yo llevaba ya algún tiempo comentándole que quería ir a ver una corrida en directo. Han sido muchas las que he visto por televisión, pero tenía la sospecha de que a través de las imágenes ofrecidas por las cámaras, y pasadas por el "filtro" del realizador, la lidia no se ofrecía a los espectadores como realmente es.

Muchos se preguntarán que hace una persona comprometida desde hace años con el activismo abolicionista en una plaza de toros, pero si analizamos cual es mi función dentro de este movimiento, no será complicado entenderlo. Los que conocen mi trabajo y el de la asociación a la que pertenezco, y de la que fui fundador, AVAT, saben que nuestro fin es hacer llegar a los ciudadanos, sean aficionados, indiferentes, o antitaurinos, lo que le supone a nivel físico y psíquico la lidia al animal que en ella es protagonista, el toro. Llevamos años explicando que lejos de poder parecer lo contrario, al toro se le somete a una actividad para la que no está preparado, que se le infringen graves daños físicos, y que lejos de su hábitat natural, la corrida le envuelve en una situación de miedo y de inseguridad contra la que es evidente que el animal opta por defenderse.

Me habían hablado del esplendor, del colorido, de la música, de lo emocionante del ambiente que rodea una corrida, de la liturgia que en ella se simboliza, de que en la lidia de un toro quedan plasmados algunos de los aspectos con los que nos encontramos a lo largo de nuestra existencia: superación, valor y valores, constancia, esperanza, sacrificio, lucha contra la adversidad, sufrimiento, dolor, tristeza, alegría, éxito, fracaso, deseo... La inteligencia y la brutalidad enfrentadas en un espacio circular, el coso taurino. Nada de esto vi ni sentí, pero debo entender que era lo lógico, lo esperado. Tampoco, aunque hay quien me lo ha preguntado, surgieron en mi sentimientos negativos hacía las personas que me cruce en la plaza, ni hacía las que compartían conmigo un espacio de la grada. Alguna mirada extraña me pareció captar hacía mi persona, pero igual fueron alucinaciones. Si puedo decir que mientras salía de la plaza, después del quinto toro, el único pensamiento que cupo en mi cabeza fue: ¿cómo es posible que se diviertan con esto?

Podéis pensar que iba a la plaza envuelto en prejuicios y que logicamente mis conclusiones, una vez visto el espectáculo, iban a ser muy negativas. Pero, vayamos por partes:

El ambiente previo a la corrida lo viví en uno de los bares típicos próximos a la plaza. Ruido, mucho ruido y el saludo de un conocido acompañado de sus amigos. Hacía mucho tiempo que no veía a esta persona, que se encontraba en un preocupante estado etílico, pero fuimos capaces de hablar durante un rato, y no de toros, sino de baloncesto.

Era una tarde para las sorpresas, así que, una vez en las proximidades de la plaza me encontré a una de mis hermanas, gran aficionada, acompañada de su marido y de unos amigos. Son taurinos de abono y de muchos años de palco con los que curiosamente jamás he hablado de toros, aunque conocen de sobra mi posicionamiento al respecto. Los saludos de rigor y la pregunta que no se hizo esperar: "¿y tú que haces aquí?", y la respuesta: "vengo a ver como maltratáis a los toros". No hubo más, despedida, y "cambio de tercio".

Dado que mi acompañante quería cumplir con su papel de perfecto anfitrión, me condujo a una de las puertas de entrada a la plaza que lleva al patio de picadores, en donde observé la presencia de un camión rotulado con un sugestivo mensaje: "Carnes"; y es que, a la izquierda del vehículo, se encontraba lo que se conoce como desolladero, que supongo que a nadie tendré que contarle lo que es. Para explicarlo mejor: desde donde yo me encontraba en ese momento se accedía por una entrada al interior de la plaza, que es la misma que da salida a los toros muertos, que arrastrados desde la arena por las mulas conducidas por los mulillas, son depositados en la puerta del desolladero, en donde son introducidas una vez que se les ha colocado una cadena en una de sus extremidades posteriores que sirve para izarlos en el interior. Cuando la res es arrastrada por el mencionado patio, queda un reguero de sangre que rápidamente es eliminado con los mangueras de agua correspondientes. Seguramente os cabrá la duda de si todo esto se realiza fuera de la vista del público. La respuesta es no, es decir, yo pude "disfrutar del placer" de ver al toro arrastrado llegar a la puerta del desolladero y de presenciar como era introducido en el mismo. Eso sí, una vez dentro, se cierran las puertas y los matarifes realizan su trabajo lejos de las miradas del respetable.

Faltaban quince minutos para que se iniciara el festejo, así que, anduvimos por el interior de la plaza antes de ocupar nuestra localidad. Pasé a echar un vistazo al museo taurino y mi acompañante me presentó a un primo lejano, a Miguel Ángel Aguilar, conocido periodista y gran aficionado con el que luego coincidimos en la grada ya que su localidad se encontraba muy próxima a la nuestra. No soy lector de prensa del corazón ni veo los programas de televisión que arrasan con altas cuotas de pantalla, pero por lo que me comentaba mi amigo, había muchas y muchos habituales de los mismos: famosos, famosillos, famosetes, de todo un poco. También vi por allí al cónsul de Francia en España, habitual en la plaza de Las Ventas, en especial cuando torea un compatriota. Al único que reconocí por mi mismo fue a Caco Senante que se encontraba unos metros a la izquierda de mi incómodo asiento, porque hay que ser muy aficionado para aguantar más de dos horas sentado en tan pequeño espacio aunque tengas una almohadilla blandita debajo del culo. Algunos incluso lo hacen al sol, que por cierto calentaba y bien aquella tarde, como los taurófilos más críticos y ácidos de Madrid que se encuentran en lo que se conoce como tendido 7, desde el que lanzan sus "originales" improperios contestados con frecuencia con insultos desde otros tendidos.

Mucha gente, practicamente lleno, para una corrida, la penúltima del Aniversario, en la que toreaban el madrileño Miguel Abellán, el francés Juan Bautista, y el mejicano Arturo Macias. Cinco de las reses lucían las cintas de "El Cortijillo", de procedencia Carlos Núnez, y una, las de los Hermanos Lozano. Todos estos datos figuran en un programa que me entregaron a la entrada. En él, pude leer una amplia reseña de los toreros, de la ganadería y páginas de anuncios de vinos (Finca Constancia), medicina estética (Beauty concept), cervezas (Cruzcampo), mudanzas (Las naciones), constructoras (Tabasco), moda y decoración (M Garrot), restaurantes y bares (Barroque, Casa Sierra, Asador Ribera de Aranda, Casa Toribio), Radioteléfono Taxi, seguros (Gerardo Roa, Mapfre, Crédito y Caución), catering (La Cococha), coches (Noblejas Motor, Autos Álcala), Toroshopping, hoteles (Fontecruz), Chinchón seco y dulce, seguridad (Grupo Elisa), y Porcelanosa (Pavimarsa). No es publicidad gratuita, y tampoco un mensaje subliminal. Como se suele decir: "a buen entendedor, salud".

Me llamó la atención que en los bares del interior de la plaza (algunos muy vistosos y hechos de madera) se sirvieran todo tipo de bebidas alcohólicas. Y digo que me resultó chocante, porque yo, que soy asiduo visitante a una determinada cancha de baloncesto de Madrid, veo negada la posibilidad de beber ni tan siquiera una cerveza con alcohol en este tipo de espectáculo. La ley del deporte lo prohibe y debo suponer que en las plazas de toros no lo está, porque esto no es un deporte. Me tendrán que explicar los directores de "Marca" y de "As" la razón por la que en estos periódicos hay un espacio dedicado a las crónicas taurinas y quizás seria interesante plantearle al Ministerio del Interior esta cuestión, porque beber se bebe, y algunos en exceso.

Y llegó la hora de la verdad. La música empezó a sonar a las 7 en punto de la tarde con la salida de los dos alguacilillos, vestidos todo de negro sobre unos preciosos caballos blancos. En primer lugar se dirigieron al presidente de la plaza al que saludaron quitándose el sombrero, para dar paso a lo que se conoce como paseillo: toreros, subalternos, picadores, monosabios, mulilleros, y areneros, cada uno ataviado con el uniforme que les es propio y que les hace perfectamente diferenciables. He de aclarar que a los matadores y a sus subalternos se les distingue sin problema, aunque en apariencia, sus trajes sean idénticos. Todos en un perfecto orden que se podría interpretar como clasista, se dirigieron a rendir tributo al presidente del festejo, y posteriormente se saludaron entre ellos con una gran solemnidad.

Una vez terminado el desfile, los saludos, "los desearse suerte unos a otros", las miradas al cielo, el santiguarse, y supongo que algunos rituales más que no fui capaz de captar, apareció en el ruedo la persona encargada de enseñar el cartel con el nombre del toro y su peso. El primero de la tarde estaba a punto de salir.

Y el torilero abrió la puerta del toril, y vi asomar la cabeza de un toro, que lenta, muy lentamente, como pidiendo permiso, entraba en la arena. Dicen los cronistas taurinos que este animal era manso y no diré lo contrario. Si recuerdo que les costó mucho hacerle entrar en "razón", ya que estuvo huidizo los primeros minutos de su estancia en el ruedo. Derribó al caballo en el primer contacto con la puya, y el tercio de banderillas fue un desastre. Los palos con arpones caían al suelo sin tocar al toro y los que se clavaban en sus músculos se soltaban poco después. Uno de los banderilleros al que apodan "El Niño de Santa Rita" pudo sufrir una grave cornada si no sale al quite uno de los toreros, gesto que el subalterno agradeció poco después acercándose a él, dándole un afectuoso abrazo. Yo le diría al "Niño de..." que lo mejor que puede hacer es retirarse, ya que ser mofa de los aficionados no debe ser plato de gusto para nadie.

Era el primer toro que veía en directo y lo primero que intenté, empatizando con el animal, que creo que se puede, y en mi caso se debe, fue pensar en lo que podía estar sintiendo: entrada en un lugar hostil y extraño, desconocido, pisando un piso que casi nunca antes pisó; y de repente, una maniobra perfectamente estudiada, que se repitió con todos los toros: un grupo de humanos, aunque seguro que el toro no es capaz de reconocer especies, que moviendo sus capotes, y citándole con voces, gritos y aspavientos le "pretendían hacer entrar por su aro"; después de no más de tres capotazos consiguieron que el toro se arrancara hacía el caballo. Dos picadores estrategicamente situados le esperaban en diferentes sitios del ruedo, a la espera del lugar por el que el toro tuviera querencia. Los puyazos dicen que son indispensables en la lidia, que sirven para ahormar la cabeza del animal, para facilitar la lidia, para descongestionarle, y para medir su bravura. La verdad es que les costó que este animal de nombre "Chalinito", colorado bragado, de 527 kilos, accediera a los deseos de sus maltratadores. Les costó, pero lo consiguieron, siempre lo consiguen. El primer puyazo fue tan lateral que estoy seguro que penetró en la cavidad torácica. En el segundo, el picador hizo con descaro lo que llaman "el metesaca". Luego vinieron las banderillas, a las que ya he hecho referencia, el toreo con muleta, la estocada final, el descabello y la puntilla. Todos los toros son finalmente apuntillados, es decir, se les secciona el bulbo raquídeo lo que provoca un convulsivo movimiento de las cuatro patas.

"Chalinito" era complicado, difícil de fijar, pero da lo mismo. Bravo, manso, con casta... el final siempre es el mismo.

Podría seguir con las desventuras que sufrieron el resto de los toros, "Grajito II", "Rompelindes", "Grajito I", "Barberito", "Arrestado", pero no lo voy a hacer ¿Quién les pone los nombres a estos pobres animales? Entiendo que los que lean la "crónica taurina de un antitaurino" no tendrán el menor interés en que entre en detalles. Al fin al cabo los únicos que realmente nos pueden decir lo que sufrieron son los toros, y por suerte para los taurinos no lo van a hacer nunca. Tienen la fortuna de que estos herbívoros no vocalizan durante la lidia, y si lo hacen, yo no fui capaz de percibirlo. La que si habla es la ciencia: sus analíticas sanguíneas después de su muerte en la plaza y el estudio de las lesiones de sus tejidos. Todo está perfectamente explicado para el que quiera leerlos y contrastarlos, incluso los incongruentes estudios de Illera que nos han sido sumamente útiles.

Otra de las conclusiones que saqué de mi visita a Las Ventas fue que el sufrimiento del toro, para el que pase por alto determinados detalles, no es fácil de apreciar. La lejanía de las gradas, o la distancia a la que yo me encontraba, hace que se pierdan importantes detalles. Y ciegos hay en todas partes: así que, ¿por qué no los va a haber en un coso taurino? Los que no tienen exculpación en este sentido son los toreros, espectadores privilegiados que si pueden mirar al toro a los ojos, oír su respiración, y quizás sentir palpitar su corazón. Un detalle que todo el mundo puede percibir con absoluta nitidez es la insuficiencia respiratoria que manifiestan todos los toros poco después de salir del caballo, y que se incrementa a medida que transcurre el resto de la lidia. La imposibilidad de eliminar el dióxido de carbono va haciendo mella en sus constantes vitales. En muchas ocasiones es imposible distinguir la inspiración de la espiración, pero ya sabéis la cantinela: "el toro no sufre"

Si debo decir, y lo he apuntado anteriormente, que este espectáculo se basa en una auténtica burla para el animal, al que se le engaña desde que sale al ruedo hasta que muere en la plaza. La misma "suerte suprema" es un vil engaño. Ver como el toro humilla su cabeza fijando la mirada en la muleta tumbada sobre la arena, es una de las imágenes más tristes que me han quedado; bajar la cabeza para sentir en su cuerpo el destrozo que le va a provocar una espada de acero de 80 cm de largo. Con respecto a esto, haré especial mención al quinto de la tarde, "Barberito", que después de caer por una aparentemente certera estocada, se levantó para volver a caer de forma definitiva. Los momentos previos a la muerte del toro son los que viví con mayor angustia. Es muy curioso que durante esta suerte, el público emite por su boca un largo"ssssssss" pidiendo silencio, y es que los toros, por lo menos los de esta corrida, salvo el quinto, se distraían con cualquier cosa. Antes, "Barberito", como el resto de sus semejantes, recibió la dosis de castigo de las varas, de las que todos salen dolidos; dolor que es visible en su manera de apoyar posteriormente alguna de las extremidades anteriores por las que se desliza la sangre de las heridas que se han abierto en su carne, y que en ocasiones gotea sobre la arena. Algunos toros salieron orinándose del caballo. Dolor al recibir las banderillas que se manifiesta en bruscos movimientos del cuello, o en intentos de quitarlas con sus extremidades posteriores. Y el cuerpo se cubre de rojo, del color de la sangre que fluye al exterior desde sus capilares, venas y arterias destrozadas. Tuve la gran suerte de no ver a ningún animal echando sangre a borbotones por su boca y nariz y de que los toreros estuvieron bastante acertados con el descabello.

Luego, tras las banderillas viene el "baile", el intento del torero por conseguir que el toro haga lo que él desea; si lo consigue y acierta con el estoque tendrá su premio, y si no, el silencio del respetable. Según los entendidos fue una buena tarde de toros y los animales contribuyeron con su manera de estar a que así fuera. Sé que por una corrida no puedo obtener demasiadas conclusiones, pero una de las que saqué esa tarde fue clara: los toros de lidia que vi eran nobles hasta decir basta y en ningún momento hicieron intención de cornear a ninguno de los toreros. Si en alguna situación se pudo sentir el peligro, fue por errores de los matadores o de sus subalternos, como la que he mencionado del banderillero que sirvió de mofa al público. Me impresionó especialmente el mencionado "Barberito", que seguía la muleta allá donde el diestro la ponía, humillado, sin el más mínimo cabeceo, mientras el respetable gritaba el clásico "óle" u "olé" según se produjera una sucesión de pases o el final de la tanda, que una vez terminada, llevaba al diestro a dar la espalda al toro y a contornearse con unos "elegantes" pasos, para júbilo del público.

Y es llegados a este punto donde el respetable merece un pequeño párrafo en esta crónica. Son muchas las expresiones que llegaron a mis oídos durante las dos horas que estuve en el tendido, pero me resultó llamativo observar que un torero puede pasar de héroe a villano en pocos segundos, o lo que es lo mismo, pasar de ser ¡maestro! a ser un ¡inútil! o un ¡cobarde!. El presidente de la plaza puede pasar de ser un ¡hijo puta! a ser aplaudido cuando accede a sus peticiones sobre los cambios de tercio o el otorgamiento de premios; los banderilleros y picadores pueden pasar de ser silbados e increpados, especialmente estos últimos (¡picador qué malo eres!, ¡carnicero!), a ser alabados y aplaudidos. A los pobres toros también les toca los suyo, en función de como se desenvuelvan durante la lidia, pero bueno, decirle a un bóvido: ¡perro!, ¡mierda de toro!, ¡vaca!, ¡deshecho!... pues como que al animal le da lo mismo. Durante la tarde, dos toros fueron aplaudidos en el arrastre, precisamente aquellos que hicieron lo que se esperaba de ellos y a los que el torero francés cortó una oreja para salir por la puerta grande.

Mi visita a Las Ventas terminó con la desagradable visión del quinto de la tarde llegando al desolladero, justo en el momento en que era arrastrado e introducido por los matarifes, para que tras ser adecuadamente preparado, fuera transportado en el camión de la carne junto al resto de los ejemplares que sirvieron para que eso que llaman arte, tuviera una vez más su tarde gloria, de afirmación, de toreo, y de sangre.

Ya ningún taurino podrá echarme en cara que nunca he estado en una plaza, aunque visto lo que vi, la verdad es que "me la trae al pairo".

jueves, 1 de abril de 2010

LA CRUDA REALIDAD DEL TORO DE LIDIA

Ciencias Naturales

Ciencias de la Vida

La cruda realidad del toro de lidia

Las características fisiológicas del toro de lidia lo han llevado a la gloria, por considerarse el símbolo de un país, y a la perdición, por morir de forma cruel debido a intereses que van más allá de la cultura y la historia. En el Año Internacional de la Biodiversidad, su condición de mártir compromete el bienestar animal y la bondad humana.

El toro de lidia en el ruedo. Foto: Antonio Martínez.

En 2010, el Parlamento catalán -a propuesta de la Iniciativa Legislativa Popular antitaurina en Cataluña- podría dar un paso más en la prohibición de una práctica que desconcierta, y también en la protección de este animal. El toro de lidia, como cualquier ser vivo, tiene un lugar en este planeta, pero ¿cuál?

Para José Enrique Zaldívar, veterinario por la Universidad Complutense de Madrid y vicepresidente de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia (AVAT), es un animal doméstico “porque su existencia y supervivencia depende exclusivamente de la especie humana, la que se ha ocupado de su selección y de su alimentación. No sobreviviría a su libre albedrío, no es un bovino salvaje”.

Su crianza parece estar ligada de manera inexorable a la lidia, o a ciertos espectáculos taurinos. “El hombre crea al toro de lidia; no nace por generación espontánea”, asegura Zaldívar. Pero no todos los toros son iguales. Cambian su pelaje, su cornamenta y su estructura corporal en función de la ganadería.

Un mito de carne y leche

La creencia es que el toro de lidia es descendiente directo del bóvido salvaje, conocido por Uro primigenio o Bos taurus primigenius, y que desapareció de los bosques de Lituania en 1627. Pero este bovino de grandes dimensiones (entre uno y dos metros de altura, con cuernos que daban varias vueltas y acababan en puntas) también llamado Auroch, es, en realidad, el ancestro común de todas las especies de bóvidos de carne y de leche.

En la actualidad, un equipo de científicos pretende “resucitar” a Auroch en Holanda, dentro del Proyecto Taurus, y repoblar algunos ecosistemas de Europa a partir de cruces de bóvidos. Resulta ilustrativo que entre las subespecies de la Península Ibérica elegidas para el proyecto no figure el toro de lidia. “Se han elegido la Pajuna, la Sayaguesa, y la Tudanca”, informa Zaldívar.

El toro de lidia tiene la riqueza genética de cualquier otra subespecie y el factor cultural que la sociedad quiera darle. Pero ¿es más importante que la avileña (bovino ibérico) o que el guará català (burro catalán)? “Posiblemente no”, matiza Antoni Dalmau, investigador en el Subprograma de Bienestar Animal del Instituto catalán de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (IRTA).

Del campo al ruedo

Antes de tener una “utilidad” exclusivamente lúdica, la domesticación de los bóvidos se inició con un fin alimenticio, como ha pasado con otras especies animales. De estos bóvidos se seleccionaron los bovinos con mayor “fiereza”, que en realidad eran los más complicados de manejar para la crianza, para los espectáculos que dieron lugar a la tauromaquia, pero al final, “es tan vaca la de Milka de los anuncios como la madre de cualquier toro de lidia”, indica Dalmau.

Pero no está sólo el toro, también lo están las dehesas en las que habita. “Las dehesas estaban antes que este animal”, comenta Zaldívar que cuestiona la idea de que el toro de lidia sea beneficioso para estos espacios protegidos. “Si desaparece el toro, las dehesas van a permanecer ya que son utilizadas por los mismos ganaderos de lidia, para la crianza del cerdo ibérico, explotación de ganado ovino, de otras razas de vacuno, e incluso como cotos de caza”, apunta el veterinario.

En el caso de abolirse la tauromaquia, “el toro de lidia y su crianza dejarán de tener sentido”, afirma el vicepresidente de AVAT. Pero el animal no desaparecería. Al igual que el burro, que ha dejado de tener “utilidad” como animal doméstico, se conservarían algunos ejemplares del toro para mantener esta subespecie.

Para el investigador del IRTA, “resulta complicado saber cómo se gestionarían algunas fincas dedicadas a la cría de este ganado si éstos no existieran”. Podrían abandonarse o criar otros toros más dóciles.

“Muchos équidos, porcino y ovino han desaparecido a lo largo de los años y nadie ha clamado por ello”, señala Zaldívar que está en contra de “la crianza de un animal cuyo fin es ser torturado y muerto en un espectáculo que agrada a una parte de la ciudadanía”. Los toros que no acaban en el ruedo, son seleccionados y enviados al matadero o a algún otro tipo de “espectáculo”.

Bienestar animal, leyes que protegen a medias

El sufrimiento, dolor y muerte del toro ante miles de espectadores en una corrida cuestionan también las leyes sobre bienestar animal, normas que hasta 2005 eran una prioridad en el Plan Estratégico de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE, por sus siglas en inglés).

Sin embargo, las seis directrices adoptadas por los 174 países de la OIE desde mayo de 2005 no incluyen el manejo del toro de lidia, aunque aborden el bienestar animal en el transporte por vía marítima, por vía terrestre, por vía aérea, el sacrificio de animales para consumo humano, la matanza de animales con fines profilácticos (protección de una enfermedad), y el control de la población de perros vagabundos.

Ya lo anunciaba el artículo III-121 de la Constitución europea: “los animales son seres con capacidad de sentir emociones y los países de la UE deben poner el máximo empeño en proporcionarles unas buenas condiciones en relación al bienestar, pero respetando ritos religiosos y tradiciones culturales”.

“El caso del toro de lidia se encuadra dentro de este último punto. Siempre y cuando no haya choque entre tradiciones culturales y leyes de bienestar animal, éstas últimas deben cumplirse como en cualquier otro tipo de animal. En caso de choque entre ambos aspectos, prevalece la tradición cultural. Lo cual permite que se realicen las corridas”, asegura Dalmau.

En España, las comunidades autónomas establecen las leyes al respecto. “No existe una ley estatal unitaria sobre protección animal; cada autonomía ha desarrollado las suyas propias. La más moderna es la catalana, lo que da pie a que, merced a la modificación de su artículo sexto de la Ley de Protección Animal, se pueda prohibir matar toros en espectáculos públicos”, menciona Zaldívar.

El negocio está detrás

A pesar de que en 2009 el número de festejos taurinos descendió un 23% respecto a 2008, y unas 3.000 reses se quedaron sin lidiar, el trasfondo económico de las corridas supera al bienestar animal.

“Es imposible que alguien quiera criar toros de lidia por amor a la tradición, a la cultura, o a los símbolos de identidad nacional. Los ganaderos del toro de lidia ganan dinero”, arremete el veterinario, que afirma que sin las subvenciones directas o indirectas que reciben los criadores de toros de lidia como productores de carne ganado bravo (denominación de origen) por parte del Estado, comunidades autónomas, ayuntamientos y UE, “la tauromaquia no lograría subsistir”.

Según el Boletín Oficial del Estado publicado el pasado 23 de marzo de 2010, las subvenciones a criadores del toro de lidia ascienden a 803.757 euros que se reparten entre cinco asociaciones. A esto se añaden las ayudas indirectas como las que se otorgan a las escuelas de tauromaquia, las que se emplean en la construcción y rehabilitación de plazas, o las que dan los ayuntamientos para las fiestas populares.

Una parte de la población española defiende la tauromaquia como forma de expresión y arte de la cultura y tradición españolas, pero el sufrimiento y dolor inflingido a estos animales por el bien de la feria cuestiona su ética. ¿Qué tipo de cultura es la que mata a un animal en público y observa su agonía con placer? La española podría tomar ejemplo de la desaparición de viejas tradiciones, como la caza del zorro con perros en Inglaterra y Gales, prohibida por ley en 2005 (en Escocia se ilegalizó en 2002). Las nuevas generaciones decidirán.

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El sufrimiento del toro, paso a paso

En 2007, Juan Carlos Illera, investigador en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid publicó un artículo en la revista no científica 6Toros6 en el que afirmaba que durante las corridas los toros de lidia eliminan el dolor, y por lo tanto no sufren gracias a un sistema hormonal desarrollado. La polémica no hizo más que empezar.

José Enrique Zaldívar, el investigador y veterinario que lleva tres años estudiando este tema, considera que el toro “sufre una enorme agonía durante la lidia”. Además de provocar lesiones anatómicas como son la rotura de músculos (más de 20), de ligamentos, tendones, vasos, y nervios, a causa de los instrumentos empleados por los toreros, también se producen fracturas de estructuras vertebrales, de costillas y de sus cartílagos de prolongación.

Zaldívar explica que las puyas insertadas en el animal durante la lidia le limitan su movilidad, ya que afectan al plexo braquial, que se ocupa de la inervación del tercio anterior. “Como consecuencia de las puyas el toro puede perder entre un 8 y un 18% de su volumen sanguíneo”, precisa el veterinario.

La estocada le provocará la muerte por una profusa hemorragia en la cavidad torácica. “En sólo el 20% de las ocasiones la espada va a seccionar los grandes vasos del tórax, lo que haría la agonía más corta”, comenta Zaldívar.

La puntilla le provoca la asfixia por cortarle el bulbo raquídeo. Según las analíticas sanguíneas realizadas por los veterinarios, existen graves alteraciones orgánicas durante la corrida. “El 93% de los toros lidiados presenta acidosis metabólica, compatible con el sufrimiento, y la incapacidad del organismo para regular sus constantes vitales”, señala Zaldívar.

Otros estudios científicos señalan importantes lesiones musculares por el sobreesfuerzo que supone la lidia para el toro, “para la que es evidente que no está preparado”. Además, el 23% de los toros lidiados tienen lesiones oculares.

Según el taxidermista de la plaza de Las Ventas en Madrid, “el 60% de los toros lidiados en esta plaza presentan fracturas o fisuras de cráneo”.

PERFIL DEL TORO DE LIDIA

- Número: Hay 113.000 madres por año en España.

- Peso: Un novillo (toro de 4 años) pesa más de 400 kilos, y un toro más de 500.

- Reproducción: El grupo de sementales no es muy numeroso, los hay jóvenes en prueba (dos años cumplidos) y ya probados (más de cuatro años) que cubren la mayor parte de la vacada. Se habla de un toro por cada 50 hembras. Estas son tentadas de becerras con caballo y con capote. Las que demuestran “bravura”, pasan a ser madres, y las que son desestimadas, van al matadero. Su periodo de gestación es de 9 meses. El destete se suele hacer con 6 u 8 meses. Desde los 2 meses, los animales reciben piensos compuestos.

- Alimento: Basado en cereales (trigo, centeno y cebada principalmente), leguminosas-grano (habas, guisantes), forrajes (alfalfa, avena), y piensos compuestos (de origen vegetal y animal). En las explotaciones donde hay encinas, los toros también comen bellotas, y las hojas de este árbol. Cuando son elegidos para una corrida, son alimentados sobre todo con pienso compuesto un tiempo antes de ser transportados.

- Muerte: En 2009 se realizaron 1.877 “festejos taurinos”, de los que 1.443 corresponden a corridas de toros. Cada año mueren entre 8.700 y 12.000 toros, según fuentes.

- Precio: De 2.000 a 12.000 euros por cada toro, en función del tipo de “espectáculo” (plaza de primera, de segunda, de tercera o festejos de pueblos). Debido a la crisis, los precios también han bajado.

- Esperanza de vida sin corridas: Las cifras son un poco secretas. Algunos toros a los dos años son probados para ser sementales, y pueden convertirse en ello a los 4-5 años o llevados a la plaza o al matadero.

- Debate: Aunque no hay cifras absolutas, las encuestas realizadas apuntan que un 70% de la población está en contra de las corridas de toros.

¿CUÁNTO DOLOR SIENTE EL TORO?

EUREKA
ANIMALES /Polémica científica
¿CUÁNTO DOLOR SIENTE EL TORO?
Tras la iniciativa popular para abolir los toros en Cataluña, cinco científicos debaten, con las últimas investigaciones en la mano, hasta dónde llega el sufrimiento de las reses bravas durante la lidia
MIGUEL G. CORRAL (El Mundo)

No hay ningún animal que cuando le hagas daño no huya», dice Juan Carlos Illera. «Y yo mismo he visto a un toro de lidia en un tentadero en campo abierto volver hacia el caballo hasta 10 veces tras ser picado cuando podía haber huido si lo hubiera querido», asegura este profesor titular de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid. Juan Carlos Illera del Portal lleva 17 años estudiando los procesos fisiológicos que se desencadenan en las reses bravas durante la lidia y sus conclusiones indican que estos animales tienen especialmente desarrollado un sistema hormonal que les permite eliminar casi por completo el dolor.

Tras el gran revuelo que se ha formado recientemente en torno a la Iniciativa Legislativa Popular sobre la prohibición de los toros en Cataluña, parecía lógico que un científico con resultados como estos en la mano tendría que ser llamado a comparecer ante la comisión de Medio Ambiente del Parlament catalán. Y así fue. Sus investigaciones, que muestran al toro de lidia como una excepción dentro del reino animal por su capacidad de disfrazar el dolor, motivaron que fuese uno de los expertos llamados a comparecer. Sin embargo, también fueron reclamados otros científicos que ponen en duda los resultados obtenidos por el profesor Illera del Portal.

HORMONAS.- Todos los vertebrados producen de forma natural sustancias químicas similares a la morfina o a la heroína. Se trata de las endorfinas y, según las investigaciones de Illera, se generan en el tálamo, una parte del cerebro situada en el centro del mismo, bajo la corteza cerebral. «El tálamo regula toda la información relacionada con el dolor y el toro de lidia tiene esta área un 20% más desarrollada que otras especies de rumiantes», explica Illera. «Dolor tiene que sentir mucho, pero este animal libera una gran cantidad de hormonas opiáceas que le permiten controlar esa sensación», dice.

El veterinario y vicepresidente de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia (Avat), José Enrique Zaldívar, respeta los resultados de laboratorio del profesor Illera, pero desmiente algunos de los preceptos en los que se basa su colega. «Evidentemente no puedo negar esta afirmación, la de su tamaño, pero sí les puedo decir que el tálamo no es el encargado de responder ante el dolor. Esta estructura procesa las sensaciones y propaga los impulsos, pero es la corteza cerebral la que decide la respuesta», explica Zaldívar.

Miguel Ibáñez, profesor de Etología y Bienestar Animal de la Universidad Complutense de Madrid, coincide con esta visión. «Quizá el tálamo sea más grande que el de un ser humano, pero esto no quiere decir que tenga más capacidades», asegura el científico. «El delfín tiene más desarrollo cerebral que el hombre, ¿quiere decir esto que tiene mayor inteligencia?».

Para el filósofo y profesor de Investigación del CSIC Jesús Mosterín, que ha dedicado buena parte de su carrera a la filosofía de la ciencia, la producción de endorfinas, por alta que sea, no es un patrimonio único de los toros de lidia. Según manifiesta sin tapujos, «si este sistema es una justificación para torturar a los toros, también lo sería para hacerlo con los seres humanos, que poseen la misma capacidad de producir endorfinas».

El equipo que dirige Juan Carlos Illera del Portal también ha medido la velocidad de respuesta cerebral ante el estímulo del dolor y ha encontrado que es más rápida que en otras especies, por lo que, según Illera, el animal deja de sentir el dolor intenso rápidamente. «El mayor tamaño del tálamo implica que hay más neuronas en esa parte, lo que se traduce en un aumento de la velocidad de respuesta ante el dolor». En la actualidad, las investigaciones del profesor Illera se centran en estudiar los receptores encargados de transmitir el dolor hacia el cerebro. «Es un trabajo de chinos porque tenemos que analizar todos ellos y en cada centímetro de piel hay varios miles». El trabajo aún está en fase de elaboración, pero el equipo de Illera ya ha medido 10 toros y ha encontrado que el 80% de los receptores queda bloqueado en pocos segundos debido al efecto de las endorfinas.

El veterinario de la plaza de toros de Las Ventas en Madrid Fernando Mirat asegura que no es un experto en los procesos fisiológicos bovinos, pero afirma que los toros de lidia son más resistentes al dolor que otros animales. «Eso lo he podido comprobar yo mismo cuando hacía estudios clínicos».

Antes de investigar el sistema hormonal de las endorfinas, el profesor Juan Carlos Illera estudió los niveles de estrés que sufren los animales desde que son transportados a la plaza hasta el momento de las diferentes lidias (recortes, corridas de rejones, lidia portuguesa y tradicional). Los resultados de Illera mostraban que las reses tenían tres veces más estrés durante el transporte en camión hasta el coso taurino que durante la propia lidia.

Para hacerse una idea del estrés al que están sometidos los animales, los investigadores midieron los niveles de dos hormonas llamadas cortisol y catecolamina y que son liberadas por las glándulas adrenales, situadas en el riñón. Resulta llamativo que los resultados del estudio indiquen que los toros sufren más estrés durante la lidia portuguesa -en la que no hay puyas ni muerte en el ruedo- que durante las corridas de rejones y en éstas aún más que en la lidia tradicional.

José Enrique Zaldívar asegura que hay diversos estudios científicos de prestigio que demuestran que para producir las hormonas del estrés es indispensable conservar intacto el aparato de transmisión del sistema nervioso. «Lo normal es que la puya dañe la piel y el músculo, pero en ocasiones puede lesionar la apófisis espinosa de la columna», reconoce el veterinario de Las Ventas Fernando Mirat.

DAÑO NEUROLÓGICO.- «En todos, absolutamente todos, los estudios consultados al respecto, se reconoce que los puyazos suponen, entre otras cosas, un gran daño neurológico para el toro», dice Zaldívar. «En más del 70% de los toros estudiados se ha determinado que las puyas son clavadas en zonas muy posteriores a la indicada como ideal». En opinión del vicepresidente de Avat, las conclusiones de Illera sobre el estrés del toro durante las diferentes lidias llevan a pensar que, a medida que el sistema nervioso central va sufriendo mayores agresiones, la respuesta al cortisol se ve disminuida, lo que, para Zaldívar, invalida los resultados del estudio.

Todos los investigadores consultados aseguran que a la investigación de Illera le falta peso científico y que por ese motivo no ha sido publicada en una revista sometida a la evaluación de otros colegas. «Estas publicaciones no tienen ningún valor. No sólo importa lo que se publica sino dónde se publica. Yo he sido director de un departamento universitario y allí podría haber publicado que la Tierra es cuadrada», dice Jesús Mosterín. Juan Carlos Illera se defiende asegurando que las revistas científicas en el momento que ven la palabra bullfighting (corrida de toros en inglés) devuelven la investigación de forma automática por ser un tema polémico.

El etólogo Miguel Ibáñez cree que la vertiente psiquiátrica también tiene una gran importancia y rara vez se le otorga el papel que debiera. «No se trata de si le duele o no le duele o de si tiene o no otros estímulos que superan los del dolor», dice Ibáñez. «El tema de fondo es que unos cuantos seres humanos disfrutan con la tortura de otro ser vivo con el objetivo de manifestar su poder sobre él y eso se llama sadismo».

APOYOS

BANDERILLAS

EL SÍMBOLO DE LA FIESTA

Las banderillas son palos delgados de unos 75 centímetros adornados con papel de colores, que se clavan en número de seis a cada toro y que llevan en su extremo un arpón de acero. En su parte visible, esta punta cortante tiene entre 4 y 6 centímetros de longitud. Esta suerte lesiona la piel y el tejido muscular. Desgarran muchas de las estructuras anatómicas dañadas con anterioridad por las puyas y producen lesiones en unos 10 centímetros alrededor de donde han sido insertadas, aumentando la pérdida de sangre en el animal.

ESTOQUE Y PUNTILLA

LAS ARMAS LETALES

El estoque es la espada usada en la lidia para dar muerte al toro. Es una espada curvada de más de 80 centímetros de longitud. La espada lesiona órganos y estructuras anatómicas de la cavidad torácica tales como el pulmón, el corazón o los vasos sanguíneos, dependiendo de la colocación y la dirección de la espada. Pero, en ocasiones, queda mal situada y puede llegar a lesionar órganos de la cavidad abdominal, como el hígado o algún preestomago. La puntilla es un cuchillo de 10 centímetros de hoja, que penetra entre el hueso occipital y la primera vértebra y secciona el bulbo raquídeo, provocando la parálisis general del animal.

PUYA

UNA SUERTE PARA DEBILITAR

La puya es un arma metálica cortante y punzante que consta de 6 centímetros de cuerda encolada y de 2,5 centímetros de púa piramidal afilada en sus dos aristas usada para restar fuerza al toro. Esta suerte está unida a una vara que facilita su uso desde el caballo y está provista de un tope cilíndrico cuyo objetivo es impedir que la puya entre en el cuerpo del animal más de los 8,5 centímetros de longitud total que tiene. El lugar ideal para la realización de esta suerte es el morrillo, que se sitúa en el cuello entre la 4ª y 6ª vértebra cervical.


Repercusión del artículo en Knight Sciencie Journalism Tracker


El Mundo: Toros y la ciencia del dolor

(English intro to Spanish lang. post) Many people in Spain gather at bullrings to watch a animals repeatedly slashed with sharp iron points by horsemen, while men dressed on a funny costumes stick decorative banderillas 6 cm deep in their necks, and while brave toreros kills them by plunging 80 cm swords into their backs and through their chests. It’s culture and tradition for some. It is cruelty and barbarism for others – and some in the last weeks are trying to ban bullfighting in the region of Catalonia. Has science anything to say about this issue? Not really. But a veterinary professor from the Complutense University of Madrid says that he has done studies showing that these special bulls don’t suffer as much pain as other ruminants. One of the “proofs” is that when the picador punches the bull, the animal persists on attacking his horse instead of running away. The other evidence is that they seem to have 20% bigger thalamus, the brain structure that produces endorphins, the hormones than minimize the pain. He also has found that the brain signals in this region activates faster than usual. Suspiciously, these findings that could become important discoveries have not been published in any peer review journal. A story in the science Sunday section of El Mundo gives some credit to this research, and confront it with the critical views of other physiologists. The story is acceptable and very well written, but it ends up being a “one side says this, the other says that” without references to scientific data or judgment from third parties. We think it misses an opportunity for useful science reporting on a popular issue.

Desde hace varias semanas en España hay un encarnizado debate social y mediático a raíz de la solicitud que grupos antitaurinos han hecho llegar al Parlamento de Cataluña para que prohíba los toros en esa región. Para los abolicionistas las corridas son una crueldad innecesaria, vergonzosa, y disfrutar de ver cómo se tortura a un animal es un acto inmoral que puede ser calificado de sádico. Para sus defensores los toros son espectáculo, cultura, tradición, arte; y hay animales sufriendo mucho más en condiciones bastante peores. ¿Tiene algo que decir la ciencia al respecto? No mucho, la verdad. La ciencia informa, y la ética valora. Pero sí hay un subterfugio por el que la ciencia se ha colado en esta discusión: un profesor de veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid asegura que los toros de lidia sufren mucho menos dolor que el resto de ruminates. El suplemento dominical Eureka de El Mundo presentaba ayer un reportaje de Miguel G. Corral explicando en qué sustentaba Juan Carlos Illera sus afirmaciones, y las críticas a su trabajo de otros veterinarios y fisiólogos.

Empecemos por un detalle muy importante: los estudios de J.C. Illera no están publicados en ningún peer review journal. Él se defiende diciendo que las revistas científicas no quieren ni oír hablar del término bullfighting, pero suena a excusa intolerable. Si sus investigaciones estuvieran bien realizadas metodológicamente, y los resultados sustentaran con claridad el punto que él defiende, sin duda sería un trabajo muy importante que las revistas querrían publicar. A nosotros, esto nos genera una incredulidad inicial.

Según explica Miguel en su pieza, Illera argumenta primero que si el toro sufriera tanto dolor, huiría al ser picado por el picador en lugar de continuar ensañándose con su caballo. Ehem. Luego llega el argumento científico: el tálamo de los toros de lidia es un 20% mayor que el resto de rumiantes. El tálamo es donde se producen endorfinas (hormonas que actúan como opiáceos), y por tanto, el toro segrega más de estas sustancias que minimizan el dolor. Además, dice haber medido la velocidad de respuesta cerebral ante el dolor y ser más rápido que en otras especies. Insistimos: si esto hubiera sido demostrado fehacientemente, ya debería estar publicado. En el artículo aparecen varias voces científicas discrepando de los estudios de Illera. Podéis leerlas en el original. Aquí más bien se trata de comentar el trabajo periodístico. Y a tal respecto, a pesar de valorar positivamente la intención de tratar desde la perspectiva científica este asunto, consideramos que el reportaje se queda a medias. No parece haberse tomado realmente en serio la aportación que puede hacer la ciencia al debate sobre el dolor del toro. Sobre la fisiología del dolor en mamíferos, o el papel del tálamo, debe haber mucha más literatura científica. Y además de buscar respuestas en los antitaurinos, hubiera sido la situación ideal para preguntar la opinión de expertos completamente neutrales, que analizaran mejor los peculiares puntos que defiende Illera. El lector se queda bastante indiferente. Lo percibimos un poco como una oportunidad perdida de demostrar de qué es capaz el periodismo científico riguroso: Dejar un poco de lado las opiniones individuales, analizar en serio si el toro de lidia puede sentir menos dolor que otro rumiante, y criticar duramente el trabajo de Illera si en verdad es fraudulento. Aunque lo sospechamos, nos quedamos con la duda.

- Pere Estupinyà

domingo, 26 de julio de 2009

REFLEXIONES

Han pasado más de dos años desde que el profesor Illera lanzara su tesis mágica sobre el toro de lidia. Desde entonces, los medios taurinos la han dado todo el pábulo que les interesaba. Era lógico: el mundo taurino sabía que sus argumentos estaban caducos y que el movimiento antitaurino les estaba comiendo terreno. La sociedad empezaba a cuestionarse de forma seria, si en pleno siglo XXI, un país de la UE como es España, podía albergar un espectáculo como la lidia. Las leyes europeas de protección animal se hacen cada día más exigentes, las normativas sobre mataderos evolucionan a marchas forzadas para reducir al máximo el sufrimiento de los animales antes de su muerte, y ya hay sentencias en muchos juzgados contra los maltratadores de animales. El cerco se iba cerrando, y que mejor manera de escapar de él que intentar demostrar que el toro no sufre.

En España, las leyes prohiben maltratar animales, pero si se permite hacerlo con el toro de lidia, y había que justificar ésta excepción, pero ya no valía con hablar de tradición, arte o cultura.

Los lectores habituales de mi blog, y la mayoría de las personas que abogan por la abolición de la tauromaquia, tenéis conocimiento del trabajo que he ido desarrollando desde que se nos intentó convencer de que el toro es un animal perfectamente adaptado para la lidia. Sin la colaboración y el apoyo de un gran número de asociaciones animalistas no hubiera sido posible hacer llegar mis reflexiones a la gran cantidad de gente que han llegado. El que quiera conocerlas las puede encontrar con facilidad en internet.

A raíz de la aparición del estudio que hablaba de un "hormonamiento" mágico en el toro de lidia, un grupo de veterinarios decidimos crear AVAT. No podíamos tolerar que nuestra profesión viera pasar delante de sus ojos una teoría irracional vestida de ciencia; no podíamos dejar que nuestra profesión callara ante tan grande desvarío.

Hasta hoy, son muchos los colegios provinciales y facultades de veterinaria que han cedido sus tribunas al profesor Illera para que hiciera públicas sus conclusiones, y cómo no podía ser menos, ha encontrado todos los apoyos en el lobby taurino que le ha abierto las puertas de par en par.

Nada de esto nos ha hecho desfallecer, todo lo contrario, nos ha hecho crecer, nos ha hecho creer más en que somos indispensables en el camino hacía la abolición. Nosotros no hemos recibido premios, pero si hemos viajado. No hemos cruzado el charco todavía, pero se nos ha oído en Logroño, Barcelona, Santiago de Compostela, Bilbao, Valladolid, Madrid, Santander, Bruselas (Parlamento Europeo) y Ginebra. Pudimos estar en junio en Venezuela, pero al final no fue posible. Hemos apoyado denuncias, pusimos nuestro granito de arena para conseguir que Paterna no tuviera "toros en la calle", y nos hemos adherido a numerosos actos antitaurinos que se han celebrado en muchas ciudades de España. Lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo.

Ante el boicot de los organismos oficiales de nuestra profesión (colegios provinciales veterinarios, y Consejo General de Veterinarios de España) que nos han negado con su silencio la posibilidad de darnos a conocer con mayor facilidad entre nuestro colectivo, tan sólo podemos decir que, estamos convencidos que de que en el fondo se averguenzan de lucrarse con una actividad que es incompatible con los postulados de nuestra profesión, que debe velar por la salud y el bienestar animal. No nos van a silenciar.

Empezamos siendo tres y ya somos setenta. En los últimos días hemos recibido un aluvión de peticiones. La publicación en el diario Público de un par de noticias relacionadas con nuestra asociación, nos ha ayudado a crecer, cómo nos ayudó nuestra presencia en algunos programas de televisión (Tele 5, Antena 3, La Sexta).

El polémico estudio de Illera tuvo por fin publicidad en un medio que se ha alineado claramente contra la tauromaquia, pero el artículo de Javier Salas no deja en muy buen lugar al profesor. Ahora se añade al estudio la aparición de unos extraños chips, y yo leí unas declaraciones de Illera en las que hablaba de ellos. Javier me ha reconocido que no se ha inventado nada, que el mismo Juan Carlos le ha comentado que los chips han sido puestos en los toros analizados. Si ya sus conclusiones eran poco convincentes, esto es la gota que colma el vaso. No voy a profundizar más en el tema porque el tiempo es oro para perderlo, pero si lo voy a utilizar para puntualizar que algunas de las cosas que dice su autor sobre lo que yo he declarado no son ciertas: "los veterinarios de AVAT no estamos atemorizados por nadie", y "los veterinarios taurinos no se apoyan en los trabajos de Illera para justificar su trabajo". Esto no lo he dicho nunca; lo que si he comentado es que el lobby taurino se ha apoyado en el estudio para justificar su actividad, y también he afirmado que muchos veterinarios no se han unido a nuestra asociación por miedo a represalias de los organismos oficiales de nuestra profesión.

Que no sirva esto para pensar que critico el gran trabajo que Javier Salas y Público están haciendo, y que merece nuestro aplauso y nuestro apoyo.

viernes, 3 de julio de 2009

CARTA A LA ASOCIACIÓN TAURINA PARLAMENTARIA

Carta abierta a la Asociación Taurina Parlamentaria, ATP


Sres. Parlamentarios,


El que les escribe es un humilde concejal del ayuntamiento de un pueblecito de la comarca de Maresme de poco más de 3.000 habitantes. Concejal por el PSC en el ayuntamiento de Sant Cebrià de Vallalta.

No he hecho de la política mi profesión, simplemente una de mis vocaciones. Vocación de servicio a la comunidad donde resido. Algunos se dirigen a mí como político, aunque sinceramente, a tenor de cómo se comporta en determinados temas una parte de la clase política de nuestro país, casi me molesta y me humilla.

Otra de mis vocaciones es la de intentar paliar el sufrimiento animal, deseando que llegue el día en que ya no haya que dedicar muchos esfuerzos a tal tarea.

He leído la crónica de la asamblea general de la Asociación Taurina Parlamentaria celebrada el pasado 23 de junio. http://torosconretranca.blogspot.com/2009/06/la-asociacion-taurina-parlamentaria-atp.html

Lo primero que me ha sorprendido de forma desagradable es que hayan nombrado vocal de la asociación a un parlamentario catalán de mi propio partido, David Perez. Era de esperar dada su implicación en la defensa de la tauromaquia, pero me duele, me duele en el alma ver como un socialista catalán se une e implica con una asociación cuyo fin es el de perpetuar el maltrato ancestral hacia un mamífero.

Me duele porqué es catalán y en Catalunya hay un fortísimo movimiento que pretende culminar con la abolición en nuestra tierras del mal llamado arte del toreo. Porque Catalunya es uno de los más claros exponentes, al margen de Canarias, del rechazo hacia una tradición cruel, aberrante e incomprensible en pleno siglo XXI. Son ya 69 los municipios catalanes declarados antitaurinos, y la lista no ceja en su empeño de crecer a pasos agigantados.

No me dirigiría a ustedes simplemente por tal nombramiento, era lógico, en estos momentos, en que Catalunya puede abolir la tauromaquia, necesitaban de un catalán en sus filas, y si era socialista mejor que mejor, su asociación tiene un claro color azul.

Si les escribo es a raíz de mi perplejidad ante su pretensión, dentro de las actividades previstas para este año, de proponer la tauromaquia como candidata a Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

He leído con auténtico estupor el texto referido por Williams Cárdenas Rubio, el 23 de junio en el palacio del Senado, para salir en defensa de la tauromaquia y de su “canonización” como patrimonio de la humanidad. http://torosconretranca.blogspot.com/2009/06/la-tauromaquia-patrimonio-cultural.html

Es, evidentemente a mi entender, un verdadero ejemplo del egoísmo humano, del antropocentrismo más cerril, y de la más terrible cosificación de un mamífero. Para pretender optar a ser PCI de la Humanidad se esgrimen todos los argumentos positivos respecto a la “fiesta”, la artesanía de los trajes del torero, el forjado especial de la espada de matar, la liturgia taurina, los usos, los ritos, e incluso el hecho de que haya quien ha dejado su vida para preservar la tradición.

Increíble. Hasta tiene la desfachatez de decir que el reconocimiento se expresa cada año con la presencia de cientos de miles de turistas que asisten a las corridas.

Evidentemente lo que no dice es que muchos de esos turistas, y esto pasa muchos domingos en Barcelona, son puestos en autocares desde sus lugares de estío en las poblaciones costeras cercanas, en una especie de tour turístico, para dejarlos en la plaza ante un espectáculo del que casi nada conocen. Y que cuando ven de cerca el sufrimiento propinado al astado, cuando ven el rojo de su sangre por todo el lomo, maltrecho por las banderillas y por el tremendo castigo del picador, cuando lo ven vomitando sangre a borbotones, algunos abandonan la plaza, otros se tapan los ojos, e incluso los hay que hasta vomitan.

También obvia el texto leído en el senado, que aquellos que murieron para “preservar” la tradición, hicieron del toreo su modus vivendi, ganaron dinero a espuertas y sabían perfectamente a lo que se exponían. Todo por dinero. Todo por la fama y el reconocimiento. El arte, eso ya es más discutible.

Pero lo más dramático, aquello que une a todos cuantos se deleitan con una corrida de toros, es la facilidad con la que obvian el sufrimiento de un animal, de un mamífero. Sufrimiento que comienza mucho antes de su salida al ruedo y que culmina con su muerte, la mayoría de las veces larga y dolorosa.

El señor Cárdenas se recrea en la gran cantidad de artistas e intelectuales que han creado obras de arte alrededor de la “fiesta”. Evidentemente no menciona a todos aquellos artistas, filósofos, escritores, pintores, escultores, cantautores, cantantes, políticos y personas de a pié, que se sienten avergonzados de pertenecer a un país que es identificado y conocido por semejante salvajada.

Sirvan de ejemplo simplemente algunas citas literarias:

No falta razón, que esta fiesta bruta
sólo ha quedado en España,
y no hay nación que una cosa
tan bárbara e inhumana
si no es España consienta.

Lope de Vega Poeta, novelista y dramaturgo español

Me enorgullezco de no haber figurado nunca entre la clientela especial de las corridas de toros.

RAMÓN y Cajal. Histólogo, escritor, premio Nobel.

"La fiesta taurina, donde de forma precisa un mamífero superior, con un sistema nervioso semejante al nuestro, capaz por tanto de sentir dolor, agonía y muerte, es engañado, asaeteado, alanceado y muerto,generalmente de forma carnicera, para celebrar no se sabe que extraño festejo."

Miró i Ardévol. Ex-Conseller de la Generalitat de Catalunya.



"No me parece comprensible que una sociedad que pretende ser humanista y moderna siga regocijándose con un rito tan bárbaro"

Rosa MONTERO Periodista. En El País Semanal, el 5 de diciembre de 1999.

Llamar fiesta a un rito tan sangriento como una corrida de toros es lo contrario de llamar sacrificio al rito incruento de la misa.

Antonio Gala Dramaturgo, poeta y novelista español.

Fue precisamente Antonio Gala quien en el dominical de El País, 30 de julio de 1995, confiesa su "conversión" como antitaurino con estas emotivas y sinceras palabras :

"Y de repente [el toro] miró hacia mí. Con la inocencia de todos los animales reflejada en los ojos, pero también con una imploración. Era la querella contra la injusticia inexplicable, la súplica frente a la innecesaria crueldad".

La lista sería interminable y si además incluimos lo que intelectuales y artistas de fuera de nuestras fronteras opinan al respecto, seguramente más de uno acabaría enrojeciendo de vergüenza.

Pero volviendo al origen de este escrito, lo que me parece ya el colmo, es que se pretenda equiparar la salvajada de una corrida de toros con la dieta mediterránea, el tribunal de las aguas de Valencia, el Corpus Granadino o el silbo Gomero.

La tauromaquia tiene de cultura inmaterial lo mismo que un billete de 500 euros, a no ser, eso si, que consideremos al toro como algo inmaterial o simplemente inexistente, como a una cosa que ni siente, ni sufre.

Señores políticos pro taurinos, desconozco si su interés en preservar tal despropósito del ser humano, se debe a su convencimiento pleno de la bondad de tal espectáculo, o a oscuros intereses económicos. No se cual de las dos opciones sería la peor, pues pienso firmemente que quien disfruta con un espectáculo tan cruel tiene, sin lugar a dudas, alguna de sus funciones cognitivas algo alteradas, o como mínimo, una conciencia poco evolucionada.

Sepan que si tienen la osadía de presentar a la UNESCO la tauromaquia como candidata a PCI de la Humanidad vamos a ser muchos millones de Españoles los que nos sintamos avergonzados de nuestra clase política, de ustedes, por el tremendo ridículo internacional que vamos a escenificar. Que vergüenza!. Que osadía!. Pretender que la UNESCO de un espaldarazo a una “fiesta” que consiste en propinar sufrimiento y muerte a un ser vivo.

Si su propuesta prosperase, los Canadienses no tardarían en solicitar a la UNESCO idéntico tratamiento, por idénticos motivos de tradición, liturgia, transmisión de padres a hijos, etc, para las matanzas de focas. Dinamarca haría lo propio con la tradicional matanza anual de ballenas en las islas Feroes. Los japoneses con las matanzas de delfines en las islas Iki y Futo, entre otras.

En definitiva, si la UNESCO admite que cualquier tradición que se transmite de generación en generación, con determinada liturgia, considerada un hecho cultural, sea declarada PCI de la Humanidad, a pesar de que represente una crueldad y un sufrimiento inmerecido para un mamífero, finalmente el significado de las siglas PCI deberá ser revisado confiriéndole el significado de Patrimonio Cultural Inmoral de la Humanidad.

Por favor, señores diputados y senadores de la Asociación Taurina Parlamentaria, no nos avergüencen más a los españoles intentando defender a toda costa, y ante organismos internacionales, una tradición sangrienta y cruel, que beneficia económicamente a unos pocos, y atormenta y escandaliza a una gran mayoría de ciudadanos de España y del mundo entero.

Atentamente,

Carles Marco Morellón
Concejal del Ayuntamiento de Sant Cebrià de Vallalta