lunes, 4 de enero de 2010

LOS EFECTOS DE LA ILP CONTRA LAS CORRIDAS DE TOROS: LOS TOROS Y LA ESCUELA




LOS EFECTOS DE LA INICIATIVA POPULAR CONTRA LAS CORRIDAS DE TOROS
Los toros y la escuela
Lluís Ferrer / Catedrático de medicina y cirugía animal de la UAB



No estoy seguro de que la iniciativa legislativa popular (ILP) acabe con las corridas de toros en Cataluña. Al contrario, estoy convencido que serán la educación y la escuela las que acabarán con este espectáculo. Pienso que es incompatible la educación que reciben nuestros niños en las escuelas con la afición a los toros. Ni España ni Cataluña han sido nunca países que se hayan distinguido por su respeto hacia los animales. Nuestras tradiciones están llenas de fiestas de marcada crueldad con los animales y es suficiente con recordar episodios de nuestra infancia para constatar esta realidad. Grupos de niños que se divertían apedreando gatos o disparando balines contra los perros no eran infrecuentes hace sólo unas décadas. Todavía ahora, en muchos lugares de España los cazadores cuelgan de un árbol los perros que han perdido la plenitud de facultades con el fin de ahorrarse un cartucho y disfrutar de su lento padecimiento. Esta falta de educación en el respeto hacia los animales era la que permitía y permite que una persona pueda apoyar la fiesta de los toros e incluso disfrutarla.

PERO TODO ESO, afortunadamente, lo está cambiando la escuela. Esta escuela que a menudo se critica, ha hecho una tarea encomiable en la educación de las nuevas generaciones en el respeto hacia los animales y el medio ambiente. Animales en las aulas, visitas a parques y granjas, y una correcta educación en el valor del respeto a la vida han cambiado la mirada y la forma de pensar de las nuevas generaciones. Y creo que eso, simplemente, tiene que ser motivo de orgullo y de reconocimiento a nuestros educadores. Eso es educar, en el buen sentido, y eso esperábamos muchos de la escuela surgida con la democracia. Ahora, la consecuencia de eso es que cuando las nuevas generaciones vean una corrida de toros verán directamente lo que es: la tortura hasta la muerte de un animal para la diversión de un grupo de personas.

SI EL GOBIERNO O ALGUNOS de los partidos del gobierno tienen tanto de interés en mantener las corridas de toros en Cataluña como manifestaron sus portavoces en el Parlamento, hace falta que urgentemente se cambie la educación de nuestras niñas y niños. Hace falta que el departamento de Educación ordene que se haga un entrenamiento de los jóvenes que les haga indiferentes al dolor de los animales. Que se les inculque que los animales no son más que cosas que se mueven, pensadas para el disfrute de los humanos. Que se les explique que esta tradición nuestra de las corridas de toros ha generado grandes obras de arte, como la guerra inspiró el Guernica. Que no está claro que los toros sufran en la plaza. Ya sé que alguien dirá que eso es faltar a la verdad científica pero, en ocasiones, para salvar tradiciones excepcionales, eso es necesario. En algunos países también se ignora la teoría de la evolución, y no pasa nada. Si este plan no se pone en marcha de forma urgente, ni siquiera los hijos, sobrinos o nietos de los firmantes del manifiesto protaurino irán a las carreras de toros.

AHORA BIEN, LA ILP NO HA SIDO INÚTIL. Un efecto colateral que ha tenido ha sido generar el triste espectáculo de ver y oír ilustres catedráticos, artistas, políticos, intelectuales, divagando sobre temas que desconocían. Argumentando a nivel ínfimo, intentando defender lo que no tiene defensa. Yo ya entiendo que no tienen por qué conocer la fisiología del dolor, ni los mecanismos de ansiedad de los animales, ni la legislación sobre los mataderos, ni los programas de preservación de la biodiversidad. Eso se entiende; lo que no queda claro es por qué insisten en hablar en público y desde una considerable ignorancia sobre todos estos temas. Y no dicen simplemente que, aceptando que las corridas de toros son crueles, los gustan.

LA PARTE POSITIVA ES que ha ayudado a algunos ciudadanos a conocer mejor a los partidos políticos y a recuperar un cierto interés por la política. En momentos de distanciamiento entre ciudadanía y políticos, el reciente debate del parlamento anima a ir votar y ayuda a decidir nuestro voto. Muchos ciudadanos de izquierdas, por ejemplo, nos sentimos decepcionados y no nos podemos ver identificados ni con las formas ni con el contenido del discurso que hizo al PSC en la sesión de debate. De eso sí que ha servido la ILP. El resto, ya lo harán la escuela y los maestros.

8 comentarios:

Lucy dijo...

Soy profesora de inglés, lucho cada día por desarrollar la conciencia social de los alumnos, soy ecologista convencida, trabajo como voluntaria en una ONG... y encuentro en los toros una escuela de ética y estética. ¿No estoy capacitada por ello para mi profesión? ¿Deberían cesarme?

José Enrique dijo...

No creo que el señor Ferrer haya querido decir lo que usted interpreta. Es la opinión de un veterinario que, como yo, sabiendo lo que le sucede a un toro durante la lidia, deja claro que ésta, es un acto cruel en el que se somete a un animal a veinte minutos de dolor y sufrimiento. Si para usted hay ética y estética en esto, y es la justificación que le encuentra a la lidia, usted tendrá sus argumentos y razones para verlo así.
El señor Ferrer se refiere al hecho de que las nuevas generaciones deben aprender que los animales no son cosas a las que podemos someter a nuestros caprichos, sino que son seres capaces de sentir.
Yo nunca he llegado a pensar en que sean capaces de desarrollar los mismos sentimientos que un ser humano, o por lo menos no con la misma intensidad, y me refiero a sentimientos como el amor, el odio, la venganza, la solidaridad, la crueldad, la caridad... Son éstos sentimientos complejos que nacen de la propia complejidad de las relaciones humanas, que no se dan en el resto del mundo animal. Pero hablo de sentimientos, y otra cosa son las sensaciones que nos llevan al bienestar, a sentir dolor, pena, alegria, o sufrimiento. De estos últimos, cualquier mamifero está dotado de la capacidad de sentirlos, y el toro de lidia no es un excepción.

Lucy dijo...

Si las nuevas generaciones deben aprender que los toros son algo "malo", pues sin duda se deduce que yo no estoy capacitada para enseñarles, o que la que debería ser "re-educada" sería yo.
Pero bueno, esto es una anécdota que no nos lleva a ninguna parte, más que a reafirmarme en los muchos valores que los toros me han enseñado.

Lo que sí me gustaría preguntarle, como veterinario, y puesto que usted mantiene un tono dialogante que propicia el debate, es si en su opinión (al margen de la consideración filosófica de quien inflinge el daño) el dolor que siente un toro en la plaza es distinto del que puede sentir en las múltiples peleas que protagoniza en el campo. O si podemos comparar el dolor del toro con el que sufren otros animales que combaten en la naturaleza. Muchas gracias.

José Enrique dijo...

Sobre si está usted capacitada para realizar el trabajo que hace, que por lo que dice es ser proferora de inglés, estoy seguro de que está usted capacitada para realizarlo.
En cuanto a si como veterinario puedo opinar sobre el dolor que siente el toro en una pelea con sus iguales, y el dolor que puede sentir en una lidia, pues ya que me pide usted su opinión, opino.
Lo primero es establecer un matiz que me parece muy importante:
¿Por qué lucha un toro contra otro? ¿Para que se establecen esas peleas? Estos enfrentamientos entran dentro de que lo naturaleza admite como natural. Un toro puede combatir con otro por la supremacia sobre la manada, con todo lo que esto supone: territorio y dominancia... Nada tiene que ver con la lidia, en la que el toro lucha contra un depredador de diferente especie en inferioridad de condiciones. La lucha de igual a igual en la lidia, lo siento, pero no la puedo admitir, entre otras cosas porque el animal, el toro, no está en su territorio. Pongámonos en el hipotético caso de un torero en el territorio del toro, que no podrá ser debilitado de ninguna manera, es decir en una dehesa a campo abierto, y sin posibilidad de que el torero puedo huir o refugiarse en algún lugar, ni ayudarse de ningún subalterno que esté al quite. Supongo que usted sabrá como acabaría dicho combate.
Los enfrentamientos entre animales de la misma especie, casi nunca acaban con la muerte de alguno de los que se enfrentan. Sobre esto hay mucho escrito. Otra cosa es cuando un animal se enfrenta a un depredador que busca alimento. El más débil es el que muere, aunque hay excepciones.
El toro no lucha contra otro para buscar alimento, que tiene garantizado como animal doméstico que es. No podemos decir que el toro de lidia sea un animal salvaje, puesto que ha sido creado por el hombre, y cuya crianza tiene unos fines muy determinados.
El dolor que puede sentir un toro que es corneado por otro, tiene un fin que viene determinado por la naturaleza del animal, el que sufre en una corrida, tiene un fin bastante diferente.
Y gracias por entender mi tono. Me interesa mucho el debate, a pesar de que algunos no lo entiendan así.
Gracias a usted por opinar, y lo más importante, por razonar.
En cuanto a grados de dolor: no creo que las lesiones que se le provocan a un toro durante la lidia tengan nada que ver con los que se puede provocar un toro a otro en una pelea en el campo, que en la mayoría de las ocasiones sólo suponen medir las fuerzas y establecer una dominancia.
Desconozco si usted conoce los daños que provocan las puyas, las banderillas, la estocada, el descabello y la puntilla, pero si los desconoce, en el blog (apartado de protección animal) tiene abundante información científica al respecto, obtenida de estudios post mortem. Si no la encuentra le facilitaré los enlaces.

Raúl dijo...

Jose Enrique, si hablásemos de "igualdad de condiciones" entre toro y hombre, y todos los hombres muurieran cada tarde, no estaríamos hablando de un rito, sino directamente del circo romano. Y por éso el toreo no es un circo.

Otra cosa, de la lectura de muchos antis (que jamás han visto un toro, y realmente no saben lo que es) uno deduce que el toro es un animalillo indefenso, que cualquiera podría darle muerte. Y no es así. El 98% de la población moriría en el caso de enfrentarse a un toro (en las mismas condiciones que en una plaza).

Cuando hablan de un animal indefenso,asustado...etc,etc; yo digo lo mismo, reto a cualquier antitaurino a que sea capaz de sacrificar a un toro. Ya no le digo, que lo toree bien, que lo toree despacio, que le pueda y lo sepa lidiar. Si no que con un trapo, sea capaz de quedarse quieto, que el toro le pase cerca, y después que entre a matar. Yo le auguro un mal final.

La diferencia está en que los taurinos ven el toreo cómo un sacrificio ético y estético. Fijaros si es ético, que en la muerte del toro, el hombre de forma (literal) le tiene que ofrecer su corazón para matarle. ¿Existe alguna muerte de animal que exiga del hombre mayor entrega y mayor exposición?.Un saludo.

José Enrique dijo...

Tu argumantación como taurino es perfecta.
En el circo romano también se le daba posibilidad al hombre (en algunas ocasiones) de ir armado para luchar contra el animal, y debo suponer (aunque no hay imágenes reales que así lo demuestren) que en alguna ocasión salía vivo.
Otra cosa sería cuando echaban los leones a los cristianos. Ahí seguro que no quedaba ni uno vivo.
Ya te lo he comentado en más ocasiones, pero voy a pecar de reiterativo: no encuentro que se pueda justificar en un rito, es decir en una costumbre o ceremonia, la lidia de un toro, es decir el maltrato y sufrimiento de un animal. Lo siento, pero no lo entiendo, no lo capto, y no lo puedo racionalizar.
Estoy seguro que el 98% de la población moriria frente a un toro en una plaza, siempre y cuando se dieran las circunstancias que se dan en una lidia. Estamos en lo de siempre: un animal fuera de su habitat natural, asustado (lo está) y al que se le cita, se le incita, y se le provoca dolor.
Evidentemente cualquiera no puede ser capaz de lidiar a un toro, como cualquiera no podría hacer lo que yo hago en mi trabajo, ni tú en el tuyo. No sé lo que quieres argumentar con eso. Entiendo que el torero está preparado para torear y entiende de lo que hace, y unos lo harán mejor y otros peor.
No puedo encontrar justificación en que un animal sea combativo o bravo para que tenga que ser sometido a una lidia con todo lo que ésta implica.
No debemos olvidar que la lidia está llena de engaños, y que el toro entra a ellos. ¿Podría un torero entrar a matar sin capote? Quiero decir: ¿Podría un torero clavar el estoque en un toro, sin echar al suelo el capote? Me temo que de no contar con la ayuda del engaño, su corazón sería atravesado por el asta del toro.
El toro tiene sus defensas, y lucha por sobrevivir ante una serie de provocaciones para los que los antis no encontraremos nunca justificación.
Tampoco encuentro sentido a que el hombre, torero, tenga que exponer su vida ante un animal para acabar herido o muerto, aunque afortunadamente esta circunstancia no se de en muchas ocasiones. De cualquier forma muchas profesiones tienen sus riesgos, y cada uno debe saber asumirlos.
Un saludo.

Anónimo dijo...
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Fin Maltrato Animal dijo...

Leo aquí argumentos que tratan de justificar la tauromaquia apoyándose en las luchas que mantiene el toro en libertad, en su posibilidad de defenderse en la arena, en su fiereza o en el riesgo que corre el torero.

Todos los días muere alguien atropellado, abrasado, ahogado o por precipitarse al vacío. Son accidentes impredecibles, el triste resultado de un azar funesto. Pero, esos sucesos tan terribles, ¿podrían disculpar que dejásemos a un hombre con sus tobillos atados en la mitad de una autovía, que lo rociáramos con gasolina y le prendiésemos fuego, que lo tirásemos a un lago con un bloque de cemento en sus pies o que lo arrojásemos desde un décimo piso?.

Cuando el destino decide entretenerse con el juego de la muerte es imposible burlar la partida y nadie puede evitar que se pierda una vida. Es una circunstancia que forma parte del ciclo vital y no existe un culpable al que recriminar la fatalidad. Pero cuando es el hombre el que se convierte de manera planeada y consciente en ejecutor de esa misma suerte tan siniestra, deja de ser un hecho imprevisible para convertirse simplemente en un crimen.

Buscar en la Naturaleza, en la casualidad o en la mala fortuna, la coartada para actos perpetrados por el hombre es cobarde, mezquino y un desprecio a la inteligencia. ¿Disculpa al que pone una bomba lapa bajo un vehículo el que haya accidentes de tráfico?, ¿exime de responsabilidad al pirómano que arrasa un bosque que caiga un rayo durante una tormenta y comience a arder la maleza?.

La tauromaquia, por más aditamentos que algunos se empeñen en ponerle, se reduce en esencia al martirio y muerte de un toro a manos de varios hombres. Ahí tendría que empezar y acabar el asunto, sobre todo acabar, pues el resto no es más que un alegato más o menos artificioso para enmascarar la tortura letal de un animal. Una realidad indiscutible que convierte el hecho en execrable y merecedor únicamente de su prohibición, so pena de que algunos digan que la gente que viajaba forzada en los “vuelos de la muerte” en Argentina, iba a morir de todos modos algún día, o que cada poco tiempo ocurren catástrofes aéreas.

No señores, a mí, como a todos los que me están leyendo, me “darán tierra” antes o después, y desde los tiempos del colegio hasta hoy me he peleado unas cuantas veces sin proponérmelo previamente, pero eso no quiere decir que nadie tenga derecho a encerrarme en una habitación y golpearme la cabeza con un bate de beisbol hasta esparcir mis sesos en el suelo, mientras unos cuantos que han pagado la entrada por verlo piden que me corten el rabo para dárselo como trofeo al Joe Dimaggio de turno.

Gracias y Salud José Enrique.